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Mejías,
Bejarano, Guerrero y Estafanía Benítez antes de las
elecciones. Eran otros tiempos
El Partido Andalucista vuelve a entrar en una grave crisis
tras destituir el comité nacional -a petición del
provincial- a los dirigentes del chiclanero, presidido por
Javier Bejarano, creando una gestora y poniendo al frente al
secretario comarcal, Antonio Jesús Ruiz. El motivo alegado,
tan pueril como falso, es “para cohesionar el partido”, tras
haberse desvinculado el comité local de los dos concejales,
Manolo Guerrero y Estefanía Benítez, por no estar de acuerdo
con su forma de actuar desde que se celebraron las
elecciones municipales, habiendo ido por libre en todo lo
realizado por éstos hasta ahora. |
El Partido Andalucista agudiza su
crisis tras la disolución del comité local por parte del provincial,
que apoya a los concejales díscolos
Los
cesados siempre cumplieron los estatutos del partido y las órdenes
del secretario provincial, Alfonso Andrades, al contrario que los
ediles
Una gestora de seis personas, con
cuatro de los cesados en ella, dirigirá esta formación en los
próximos meses, estando al frente el secretario comarcal
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Alfonso
Andrades (secreatrio provincial y Manolo Guerrero se
cargaron el comité local |
El
Partido Andalucista llevaba ocho años sin estar en el Ayuntamiento,
pero tras las pasadas elecciones municipales consiguió dos
concejales, Manolo Guerrero y Estefanía Benítez. La situación creada
tras la pérdida de la mayoría absoluta por parte del PSOE motivó que
los cuatro partidos restantes entraran en conversaciones para formar
un grupo de gobierno entre todos y desbancar del mismo a los
socialistas tras 28 años en el poder.
Desde el principio, los ediles andalucistas dejaron
al margen al comité local y a su secretario, Javier Bejarano,
alegando que era una petición de IU y PP cuando fueron ellos los que
así lo quisieron. Para no torpedear un posible acuerdo, dejaron que
fueran Guerrero y Benítez quienes llevaran las riendas. Craso error.
Ya no volvieron a saber nada de lo que se cocía y cuatro meses
después aún desconocen los acuerdos firmados entre el cuatripartito.
De hecho, el Partido Andalucista no ha firmado dicho pacto, siendo
sus concejales los que se han encargado de ello.
CARGOS DE CONFIANZA
Guerrero y Benítez tampoco contaron con el partido para designar los
cargos de confianza ni para decidir la política que harían en las
delegaciones que les asignaron. Bejarano y su comité, en el que
estaban los dos ediles, intentaron por todos los medios que ambos
desistieran de actuar al margen, pero no lo lograron. Todos estos
intentos y las actuaciones de los concejales fueron trasladados al
secretario provincial, Alfonso Andrades, que estuvo en desacuerdo
con este proceder.
CUOTAS Y GRUPO MUNICIPAL
No obstante, en ningún momento hizo ademán de llamar
al orden a los díscolos; al contrario, intentó suavizar la situación
aunque les comunicó que debían comportarse de acuerdo a los
estatutos del partido. En varias reuniones mantenidas entre las tres
partes (comité local, ediles y secretario provincial), Andrades les
comunicó que debían abonar al PA el 5% de sus sueldos como hacen
todos los cargos andalucistas, concejales o de confianza, así como
la asignación del grupo municipal, a lo que Guerrero y Benítez se
negaron.
Días antes de ser disuelto el comité local el primero
abonó, según él mismo manifestó a PUENTE CHICO, la citada cantidad,
mientras que Benítez aseguró a este medio que se había enterado de
ello tras recibir un escrito del partido comunicándoselo. El comité
local también se lo había transmitido meses atrás, pero lo niega.
Sobre si va a entregar esa cantidad no dijo nada,
aunque suponemos que ahora lo hará para no desairar al provincial
tras echar a los anteriores responsables locales. En cuanto al
dinero del grupo municipal, según han declarado ambos, no ha sido
entregado al partido porque todavía no han recibido cantidad alguna,
ya que aún se está abonando lo de la legislatura anterior y ellos no
estaban en la Corporación.
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Andrades, Bejarano y
Guerrero cuando se inauguró la sede, ahora sin luz por falta
de pago |
RUPTURA DEL COMITÉ CON LOS EDILES
A principios de octubre el comité local del Partido
Andalucista se desvinculó de sus dos concejales, Manolo Guerrero y
Estefanía Benítez, y de todo lo que éstos habían llevado a cabo
desde que se celebraron las municipales, pacto incluido. Publicó una
nota en la que confirmaban lo publicado por esta revista en
septiembre pasado. Tras la reunión celebrada, “y con el voto
unánime” de los asistentes a la misma, acordaron “deshacer el
vínculo que hasta la fecha unía a esta organización política con el
grupo municipal que dice representarla en el Ayuntamiento de
Chiclana”.
Decía el escrito que “la
actitud de las personas que actualmente gozan de la condición de
concejales (Manolo Guerrero y Estefanía Benítez) –gracias
a los votos conseguidos por presentarse a las elecciones municipales
dentro de la candidatura del Partido Andalucista, con sus medios
técnicos y humanos y comprometiéndose a cumplir un programa
electoral concreto- está totalmente de espaldas a la realidad social
y política propugnada por nuestra partido”.
CHICLANA, PRIORITARIO SOBRE LOS INTERESES PERSONALES
La política seguida por el
citado grupo municipal motivó esta decisión, “ya que los
proyectos colectivos y el trabajo hacia la sociedad que representan
deben tener prioridad sobre los intereses personales”. Esta
denuncia la hace extensiva al gobierno municipal, ya que, “al no
compartir como partido la política municipal que han diseñado, hemos
sido apartados de toda negociación para el acuerdo de gobierno, no
interviniendo ni en la designación de cargos municipales, ni en la
elaboración del programa de gobierno”.
“Lamentamos
profundamente esta situación –finaliza diciendo la nota-,
pudiendo asegurar a nuestros afiliados, votantes y simpatizantes
nuestra firme voluntad de continuar ejerciendo la política municipal
en la que creemos, poniendo todo nuestro empeño para conseguir hacer
realidad el programa municipal con el que nos hemos presentado a las
elecciones”.
TRAS LA NOTA, DESTITUIDOS
La publicación de esta
nota de prensa no sentó muy bien en el comité provincial, en
concreto a su secretario Alfonso Andrades, que conociendo lo que
pasaba desde el principio, no le gustó que se hiciera público cuando
todo el mundo sabía lo que ocurría. Los mismos militantes
interrogaban a menudo a Bejarano y a sus hombres del comité sobre
qué pasaba con los ediles y con lo que éstos hacían, interesándose
así mismo por el pacto firmado y los acuerdos a los que habían
llegado, información que no podían darles al desconocerla.
Andrades, que hasta ese
momento había apoyado a Bejarano y criticado en las reuniones
mantenidas la actitud de los ediles, empezó a cambiar de opinión y a
poner en la diana al comité local. “Hay que esperar, tenemos que
cargarnos de razones para quitarlo de en medio (a Guerrero)”,
fueron algunas de las palabras pronunciadas para calmar al
secretario local y a su comité. Al parecer, todo lo hecho por los
dos ediles en estos meses no era suficiente para abrirles un
expediente y echarlos del partido, Andrades quería más tiempo y
razones, pero en realidad lo que ocurrió es que empezó a fraguar el
cese del comité local y de su secretario. Eso sí, a ellos les apoyó
cuantas veces hablaron, con miembros del provincial presentes, como
Manuel Prado, por ejemplo.
A LA CALLE
El pasado 15 de octubre hubo una reunión en la sede del Partido
Andalucista en la calle La Fuente. Fue a la luz de una linterna
porque les han cortado el suministro por no pagar. Días antes habían
enviado desde el comité provincial una carta a los afiliados
notificándoles la disolución del comité local y el nombramiento del
secretario comarcal como responsable de la gestora que iba a
sustituir a los anteriores mandatarios “con el encargo de
gestionar la vida de la agrupación estableciendo las dinámicas
precisas que garanticen su buen funcionamiento y el retorno, en el
menor espacio temporal posible, a la normalidad orgánica, que se
concretará en el momento que proceda con la elección de su nuevo
comité local por la asamblea andalucista de Chiclana”. O sea,
que todo seguirá igual, pero mandando en Chiclana un concejal del
Puerto de Santa María.
En la carta se dice también que “durante este tiempo
hemos mantenido diversas reuniones con todas las partes implicadas
para que, desde el diálogo, buscar puntos de encuentro que faciliten
el funcionamiento adecuado de nuestro partido”, intentando que
el respeto “de todos hacia todos”, las dinámicas “de
diálogo y consenso, el seguimiento de nuestras normas de
funcionamiento y el compromiso adquirido con los chiclaneros, fueran
el patrón por el que se guiase la vida del partido”. Los ediles
no han seguido ni cumplido las normas, el comité local, sí, pero a
quien se quita de en medio es a los que han cumplido.
DESAZON
En la misiva enviada a los afiliados aseguran que han
intentado llegar a puntos de acuerdo entre las partes del conflicto,
pero “hemos observado con desazón que la situación, lejos de
reconducirse se situaba en límites intolerables, nada edificante
para la ciudadanía, dañando la imagen del partido en Chiclana y
alcanzando puntos de difícil retorno en las relaciones
interpersonales de lo que debe ser un grupo plural pero cohesionado”.
RESPONSABILIDAD
Ante esto, Andrades, en
vez de abrir expediente sancionador a los ediles, y a los que él
había criticado con dureza en diversas ocasiones, que son dos, se
cargó a todo un comité, que lo único que había hecho era respetar
los estatutos del partido y seguir sus propias indicaciones.
Lo curioso es que en otro
párrafo dice que “esto no supone tomar partido por ninguna parte,
sólo tomamos partido por el futuro de nuestra agrupación”, ya
que la responsabilidad de esta situación “es de todos los
implicados”. Entre esos todos suponemos que él no se
incluye, porque entonces debería dimitir por no haber sido capaz de
arreglar una situación que ha consentido y que se ha enquistado por
no poner remedio a tiempo como era su obligación.
GESTORA
Andrades no dio una explicación razonable para disolver
el comité local. Tampoco lo hizo el que presidirá la gestora creada,
Antonio Jesús Ruiz, cuando anunció quiénes formarían parte de
ésta (a PUENTE CHICO no lo invitaron a la rueda de prensa que
dieron). Si cesar al comité ha sido una cacicada del secretario
provincial, la creación de dicha gestora es una pantomima, impropia
de un partido que se autodenomina demócrata.
¿Cómo se puede cesar a un comité y pedirle a su
secretario, Bejarano, que forme parte de esa gestora, cuando le
acaban de dar la patada? Si no vale, no vale, y si vale, ¿por qué lo
cesan? Tampoco es de recibo que de las seis personas que conforman
la gestora cuatro sean de ese comité cesado, Manolo Guerrero,
culpable de lo sucedido, Pepe Mejías, Antonio Gómez y
Antonia Ruiz, afines a Bejarano y contrarios al concejal y a
las cacicadas del secretario provincial.
TODO ATADO
No se entiende que estas
personas estén en esa gestora, y menos aún los tres que estaban con
Bejarano, porque su presencia es una patada en plena cara al
ex-secretario local, aparte de que no servirá para nada porque todo
está ya atado y en caso de empate a tres (los dos restantes son el
citado secretario comarcal y José María Soto, secretario de
Organización) el voto de Antonio Jesús Ruiz vale doble.
Dijo Ruiz que Chiclana era
muy importante para el PA, “tenemos que cumplir las obligaciones
que nos da el ser cogobernantes”. Resulta que los ediles que
firmaron el pacto no informaron al comité de ello, por tanto,
¿cuáles son esas obligaciones? ¿O ellos las saben y no informaron al
comité local? La actuación del provincial ha sido poco clara y no se
entiende que haya cargado contra los que han cumplido las normas en
vez de hacerlo contra los que han creado el problema. El secretario
comarcal y responsable de la gestora comentó también que en esta
historia no había vencedores ni vencidos. Que le pregunte a Guerrero
y Bejarano a ver si opinan lo mismo.
Manolo
Guerrero, el listo ambicioso
Manolo Guerrero,
concejal-portavoz del PA, es el culpable del cisma
creado en el partido. No es la primera vez que hace
algo parecido, pues en el PSA actuó de la misma
manera, siendo expulsado. Ante la llamada de
Carlos Cana y tras entrevistarse con Andrades,
acordó presentarse con los andalucistas a la
alcaldía. Durante dos años contó con la ayuda de
miembros del PA, que le preparaban los plenos, le
redactaban los textos que mal leía en ellos y le
prestaban toda la ayuda posible.
Durante la campaña, igual. Pero eso no
es suficiente para Guerrero. Desde el primer momento
tenía claro que él debía ser el que mandara en el
partido, por lo que se enfrentó al secretario local
y a su comité. Y les dio la puñalada. Su fuerza ha
sido la concejalía y como eso es lo único que le
importa al provincial, la balanza se ha inclinado a
su favor. Si el PA tiene concejales, Andrades puede
negociar apoyos y cargos con los demás partidos, su
puesto y sueldo dependen de Guerrero y de otros como
él.
Por cierto, siendo
Guerrero ya candidato del PA, se entrevistó en Jerez
con María José García-Pelayo, entonces
mandamás provincial del Partido Popular. ¿A qué fue?
¿Llegó con ésta a algún acuerdo? El tiempo lo dirá.
¡Ah! Jactarse por la calle de haberse cargado al
comité no es de recibo.
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Javier
Bejarano, el engañado
Poco antes de entrar en el PA me dijo
que le habían tirado los tejos para que
entrara en este partido. Conociendo la historia de
esta formación política en Chiclana, le aconsejé que
no aceptara. Le advertí lo que le pasaría. No me
hizo caso, entró, se hizo cargo de la dirección, se
tuvo que tragar el candidato que había, regeneró el
partido, metió a numerosos militantes, empezó a
trabajar con vistas a las municipales de este año,
formó un buen equipo de trabajo y dos años después
el Partido Andalucista volvía al Ayuntamiento tras
estar dos legislaturas fuera de él. El mérito hay
que compartirlo con el equipo que formó, y con
Guerrero, que nos guste o no, tiene su tirón.
Andrades hizo de serpiente y le
dijo al oído, bajito: “Te necesitamos, eres el
hombre idóneo, tendrás todo nuestro apoyo, incluso
si hay que cargarse a Carlos Cana te
ayudaremos…”. Bejarano, mocito en
política, bien pensado, creyó a este avezado
prestidigitador, curtido en mil batallas (mentiras)
como ésta.
Cogió la manzana, se la
comió, gastó cientos de horas y de euros de su
bolsillo –su cargo no es remunerado como el de
Andrades-, se dedicó en cuerpo y alma al partido,
aguantó carros y carretas y un día se levantó siendo
secretario local del PA y se acostó destituido. Todo
su trabajo no había servido de nada, y las promesas
que le hicieron, tampoco. Ahora sólo le queda
recurrir al comité de garantías para que éste le
restituya el honor perdido.
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