Cargos de confianza, polémica evitable 

            La elección de cargos de confianza siempre suele acarrear críticas. Sucedió con el PSOE cuando nombró a tres personas para el gabinete de Prensa, cuando puso al frente de Emsisa y de la gerencia de Urbanismo a Milleras y Alfonso López Almagro, así como otros cargos designados digitalmente por los regidores de turno. Sus sueldos suelen superar en mucho al del propio alcalde, lo que no deja de ser una paradoja que la persona con más responsabilidad en la ciudad y el que más poder tiene gane menos que el director de una empresa municipal, que no ha tenido además que pasar unas oposiciones y que en algunos casos su nombramiento es por puro amiguismo. 

            El nuevo equipo de gobierno ha tenido hasta el momento más tacto con esos nombramientos, aunque algunos de ellos siembren serias dudas por su desconocimiento del área para la que les han contratado, aunque debemos darles un margen de confianza. El nombramiento de la nueva gerente de Urbanismo, Arancha Montero, que ejerce su cargo en San Roque, puede traer la polémica por el sueldo que cobrará, que superará con creces el de su antecesor. No sabemos si ese sueldo se verá recompensado por el trabajo que realice, pero que duplique el del alcalde suena exagerado, o el de los funcionarios mejor pagados. Estas cuestiones hay que mirarlas con lupa, aunque no dudamos de su valía ni de que se merezca o no esos más de cien mil euros al año. 

 

Manolo Guerrero, un edil en la encrucijada 

            Manolo Guerrero, concejal del Partido Andalucista y candidato a la alcaldía por esta formación, ha sido imputado por el juez por presuntos malos tratos a su hermana, aunque ésta también ha sufrido la misma imputación ya que el edil la denunció la misma causa tras un discusión que tuvieron ante el mercado de abastos hace casi un año. Guerrero ya ha sido juzgado, y condenado, por ciertos políticos de la oposición, sin esperar el fallo judicial. 

            Un incidente particular, familiar, le ha puesto en la picota. Si todos somos inocentes hasta que se demuestre lo contrario, Guerrero es inocente de lo que se le acusa hasta que el juez no lo condene por ello. Si así fuera, suponemos que presentaría su dimisión, pues no sería ético que continuara al frente de sus delegaciones. Pero surge la duda. ¿Debería presentar la dimisión al estar implicado aunque no haya sido juzgado todavía o debería esperar al fallo? ¿Y si después de hacerlo es declarado inocente? ¿Se le restituye en el cargo, se quita a su sustituto…? Un lío.  

Por otra parte, el código ético del PA contempla que si uno de sus miembros es imputado en un asunto judicial debe presentar su dimisión. De nuevo la duda. ¿Y si después es inocente? ¿Cómo se le restituye el agravio cometido? Lamadrid, primer presidente de la Junta de Castilla-León, fue imputado, le obligaron a dimitir y años después se demostró su inocencia. El daño político y personal causado no se paga con nada. Habrá que actuar con mucho cuidado. El dilema de Guerrero es morrocotudo.

 

 


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