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Documento del
consejo de guerra |
Ya es hora de
recordar a las víctimas republicanas y
rehabilitarlas
Parte de la ciudadanía y el Gobierno que la
representa han decidido que ya es hora de aclarar
cosas sobre nuestro tumultuoso siglo XX. Corren
otros tiempos. Setenta años después de que sucediese
la más bárbara de nuestras guerras civiles ha
empezado, al fin, el reconocimiento al que asistimos
hacia las víctimas del bando republicano en
numerosos pueblos y ciudades de nuestra geografía
peninsular.
Al levantamiento militar
contra el gobierno legítimo de la II República
Española siguieron años de ejemplarizante
destrucción física y moral de cuantos, con una
justicia invertida, fueron considerados en rebeldía
por no cooperar con el golpe de estado de 1936.
También hubo, aunque menos, numerosas bajas en el
bando contrario a consecuencia de la espiral que se
puso en marcha. En el exterior, las democracias
occidentales practicaron una ignominiosa neutralidad
que propició que gobiernos totalitarios (nazis
alemanes y fascistas italianos) apoyaran
abiertamente a los sediciosos primero y finalmente,
como contrapunto, a la moribunda República también
(comunistas de la URSS).
Resulta sobrado decir que
en nuestro pueblo la violencia sanguinaria fue
ejercida exclusivamente por los nacionales
golpistas: asesinatos extrajudiciales, justicia sin
garantías de defensa, detenciones ilegales,
apropiación de bienes, prisión, trabajos forzados,
campos de concentración, vejaciones públicas,
amenazas y chantajes a familiares, obligación de
acatar el nuevo orden, exaltar sus símbolos y
obedecer a sus jerarquías…
HUÍDA A TÁNGER
Al respecto recordar que
nuestro concejal de Cultura, Dionisio Montero,
fue de los primeros que desde el poder refirió
hechos relativos a la represión de la posguerra en
Chiclana, aun en un contexto de decir las cosas con
la boca chica y con el prurito de no provocar, lo
que le llevó a pintar la huída en patera a Tánger de
parte del Ayuntamiento democrático de Chiclana
(escondidos durante un año) como si de una aventura
se tratase. Los aventureros del Joven Juan
fue el título elegido para esa primera reseña
periodística relativa al tema.
Ciertamente, una vez leído
el artículo se apreciaba con claridad la simpatía
hacia los que fueron concejales como él en época más
peligrosa. Años más tarde la concejalía de Cultura
de nuestro Ayuntamiento publicaría el primer estudio
serio sobre la represión en Chiclana, realizado por
el historiador del anarquismo José Luís Gutiérrez
Molina sobre la figura del obrero y escritor
Diego Rodríguez Barbosa, asesinado en 1936.
REHABILITAR ANTIGUOS EDILES
En cuanto a la
rehabilitación oficial de los demócratas perseguidos
hay que señalar la existencia de una plaza con el
nombre del médico Javier de la Cruz, alcalde
de nuestra localidad en aquellos momentos.
Recientemente y ante peticiones de explicación,
fueron retirados el lema y las placas que en el
Santo Cristo recordaban a los caídos en la guerra
por el bando de los vencedores; durante años
presidieron y fueron recordados en ese rincón del
pórtico de dicha iglesia. Los muertos del otro
bando: unos, fusilados a pie de cuneta y enterrados
sabe dios dónde; otros, igualmente fusilados en el
paredón del cementerio de la localidad y, al fin,
algunos más desaparecidos durante la guerra y
posguerra.
¿Sería mucho pedir que el
Ayuntamiento de Chiclana rehabilitase a sus antiguos
ediles, representantes democráticos que ocuparon sus
mismos asientos y solicitase la anulación de todos
los juicios aberrantes en que se vieron involucrados
a consecuencia del golpe de estado franquista? De
veras que sería más apreciado que el mural
recientemente dedicado a mujeres fusiladas en otros
lares, o ¿es que la oscuridad instalada desde la
sublevación militar de 1936 va a seguir dominando
nuestros recuerdos colectivos, más allá del 2006,
emblemático año de la recuperación de la memoria
histórica, sin saberse dónde están enterrados los
muertos chiclaneros de la represión franquista ni
haber noticia escrita siquiera de cuántos eran?
MIEDO Y SILENCIO
El manoseado dicho que
postula que quien se desmemoria corre el riesgo de
repetir sus errores no parece haber calado mucho
durante los últimos lustros en nuestra sociedad,
hasta ahora ha prevalecido el miedo y el silencio.
¿Es que este Novo-Chiclana, tan borracho de ladrillo
y asfalto, es incapaz de reconocerse en lo que un
día fue? Eso sí, vamos a tener una casa de acogida
para periodistas perseguidos de todo el mundo ¡Qué
magnanimidad con los de fuera!
Es hora de respuestas
adecuadas y acordes al ordenamiento jurídico; para
ello es necesario que el imperio de la justicia
ilumine nuestro sombrío pasado y deje atrás para
siempre el silencio, la vergüenza y la venganza.
JUAN RODRÍGUEZ BALLESTEROS