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Llamadas
perdidas. |
Octavo Certamen de Teatro
Mínimo, éxito de público y de buenas obras
TAETRO
escenificó cinco de las seis obras premiadas, con las que mostró la
variada riqueza del teatro
No sé si se propuso
TAETRO hacer, a conciencia, del Teatro Mínimo un referente
que traspasara fronteras. A mí me da que TAETRO ha querido
sobre todo hacer y ofrecer teatro, tomándose la cosa en serio,
tomándonos en serio a nosotros (el público) y tomándose, sobre todo,
en serio, a sí mismo. Y ya sobre esto, todo el humor que se quiera.
Así, haciendo bien aquello que aman -y que no disfrutarían
haciéndolo menos bien-, han conseguido aquilatar, año tras año, este
Teatro Mínimo que, desde hace ya varios, muestra no sólo la pasión
por el teatro, sino saber hacer de quienes, haciendo, aprenden y
saben. Y como en la pasada edición alcanzaron cotas de notable
altura ante un público también notable, las expectativas estaban
despiertas para la edición de este año y el público, en
consecuencia, acudió en gran número. Con el Teatro Moderno
prácticamente lleno, pusieron en escena cinco piezas bien distintas
que, dirigidas también por manos diferentes, nos mostraron, una vez
más, ver la variada riqueza del teatro, su riqueza de temas, de
lenguajes, etc...
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Cuando
lleguen los alemanes. |
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Sonata para
violín solo |
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Carne fresca. |
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Anabella |
CIVISMO Y
MORALIDAD
Arrancó el espectáculo -teatro que no vuelve la cara a otro
lado cuando de deber cívico y moral así lo exige- con Llamadas
perdidas. Obra polifónica y poliédrica donde, con la presencia
de casi todo el plantel de actores y actrices de TAETRO, se
recala en la vida de varias personas concretas para encarnar una
tragedia como la del 11-M, cuya magnitud a veces nos la deshumaniza.
Terrible, en su desgarradora verosimilitud, el llanto de Juani
Sánchez.
Cuando lleguen los
alemanes
acercó de nuevo a las tablas del Moderno a Briquette
Rodríguez, sus formas, sus fondos. Una vez más el nazismo y su
expansión, la indagación en sus causas, la comprensión de sus
herramientas. Volvimos a ver a Paco López, de nuevo
solvente, en este contexto, y a un estupendo Eufrasio Jiménez,
la otra parte del diálogo terrible.
PASIÓN, VENGANZA
A este diálogo le siguió otro, donde las intérpretes supieron
sacar provecho de la conflictividad emocional presentes en la pieza
para brindarnos momentos de auténtica fuerza interpretativa. La
pasión, la obsesión, la opresión,... y la salida en falso de
Sonata para violín solo.
En la cuarta minipieza, Carne fresca, encontramos otra
de las buenísimas interpretaciones de la noche: la de Almudena
Ruiz, crecida Caperucita que teje, en horas de soledad y rencor,
su roja y fluorescente venganza. Su objeto, claro, el cazador. Que a
estas alturas, a pocos se les escapan ya las lecturas
psicoanalíticas de ciertos cuentos infantiles.
ANA RODRÍGUEZ, UN
DESCUBRIMIENTO
Para concluir, con Anabella, todo un descubrimiento:
la interpretación de Ana I. Rodríguez. Porque del buen
hacer de Gari León (director de la pieza) ya teníamos
constancia de sobra. Sobre el autor, tres cuartos de lo mismo por lo
menos. Pero, asumiendo el reto, con las garantías del texto de
Javier García Teba y del director, Ana. Ana en su primer papel.
Ana capaz de registros variados. Ana capaz de esto y de aquello. Ana
estupenda, siendo ya y prometiendo más aún. Ana a solas más de
cuarenta minutos. Casi a solas, porque en este casi monólogo, hay
que mencionar la breve pero contundente aparición, casi
almodovariana, de Paca Moreno, una vez más sorprendente.
Variado, pues, el teatro. Variado, también, el público.
¿Quién no salió satisfecho de esto o de aquello? Yo, y
muchos/muchísimos, encantados con el conjunto. El público disfrutó
de lo grande. Esta meta es el camino. Y a seguir.
JESÚS ROMERO
Elenco
Llamadas perdidas
(César López): Ana Eumenia,
Milagros Rivas, Mónica Morales, Paco
Téllez, Carlos Bueno, Juani Sánchez,
Antonio Romero, Rocío Martín y
Laura Hurtado. José Luis Sánchez,
Johnny (dirección), Gari León
(ayudante de dirección). Cuando lleguen los
alemanes (Briquette Rodríguez): Paco
López y Eufrasio Jiménez, este último
también director. Sonata para violín solo (Pedro
Montalbán): Juani Sánchez y Carmen
Cabeza de Vaca. Ana Eumenia (dirección).
Carne fresca (Ana Eumenia Martín):
Almudena Ruiz, Paco López, Eufrasio
Jiménez y Cayetano Ortiz. La
dirección fue de Eufrasio Jiménez. Anabella (Javier
García Teba): Ana I. Rodríguez y Paca
Moreno. Gari León (dirección), José
Luis Sánchez (ayudante dirección). ANT
y Antonio Aragón del Cerro (escenografía).
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