Puente Chico



Lugar donde se encontraron los restos arqueológicos.

Aparecen restos arqueológicos fenicios en la zona de El Castillo, donde estaba la discoteca J.J., de hace más tres mil años 

Del VII Centenario al VII antes de Cristo y más 

La gran mentira histórica socialista al descubierto en el mismo lugar donde afirmaban que se fundó Chiclana hace sólo 700 años  

Algunos vivíamos con la esperanza de que algún día la zona de El Castillo de Chiclana nos mostrara los restos de su pasado y al fin ha sucedido: han aparecido importantes hallazgos arqueológicos que abarcan desde la edad del Bronce final (1200 años antes de Cristo) hasta la República romana, sin olvidar lo referente al Cementerio viejo. Desapareció la torre de El Castillo, el antiguo cementerio y por poco casi el cerro en el que se hallaba. Hoy nos sorprende la fachada que nos presenta el lugar fundacional de Chiclana: las paredes de la peña, pintada de un uniforme amarillo-plástico, casi parecen un decorado de Isla Mágica. 

Hace algún tiempo decíamos respecto de la futura estación de autobuses lo que sigue: El corte practicado se podría ajardinar y, alejando construcciones, colocar uno de esos puntos mágicos, el más romántico de todos, con un monolito que recuerde el lugar donde se fundó y reposaron los primeros vecinos del pueblo. Al fin ha llegado el momento en que el promontorio del Iro ocupe el lugar central y de honor que tiene en el urbanismo chiclanero, es su acrópolis. Así lo veníamos defendiendo desde hace algunas décadas.  

No hacía falta ser una lumbrera para prestarle oídos a Enrique Romero de Torres (1870-1957). En su Catálogo Monumental de la provincia de Cádiz (1908-1909) afirmaba lo que sigue refiriéndose a Chiclana: “…es cierto que en esta ciudad existen vestigios de construcciones romanas en lo alto de la colina del Castillo, y siempre se encontraron objetos romanos e inscripciones, como el magnífico Cipo…”. 

De antaño, La Banda, menos urbanizada que El Lugar, era conocida como Chiclana la vieja en razón de la evidente pervivencia de numerosos restos romanos.  

RESTOS ROMANOS POR DOQUIER 

Antonio L. A. Fée (1789-1874) que pasó por Chiclana entre 1810 y 1811 como farmacéutico de los ejércitos invasores de Napoleón refirió al respecto lo que sigue: “En la rivera izquierda -La Banda- de un pequeño arroyo casi siempre seco, que divide al pueblo en dos mitades desiguales, se encuentran algunos vestigios de muros y edificaciones romanas que señalan el lugar de un asentamiento del todo perdido, incluido su  nombre”. 

            Hoy sabemos que desde el Puente Chico hasta el Fontanal, toda la terraza del Iro de La Banda, era un gran complejo industrial alfarero romano. Aún hoy hallamos restos de ánforas sin tener ni que escarbar. Y enfrente, en El Lugar, ¿nada? El profesor Beltrán realizó en la calle La Fuente, en el local que hoy ocupa Muebles Vela, a varios metros de profundidad la excavación del primer alfar romano descrito en el centro urbano de Chiclana. Pero también hay vestigios en El Fontanal, en La Boyá (en la subida al Pago del Humo), en el Mayorazgo y en algunos otros puntos del término municipal. 

Más de tres mil años tienen los restos encontrados

ASENTAMIENTO FENICIO MUY IMPORTANTE 

Nuestros orígenes no se remontan a 1303, tal y como la historia oficial de Chiclana nos quiso hacer creer. En El Lugar ya existía un emplazamiento deshabitado, yermo de habitantes, pero, como hoy sabemos, no del recuerdo material y urbano de las civilizaciones que por nuestro suelo pasaron antes de integrarse en la Frontera que durante 300 años tuvieron el reino de Castilla y el de Granada. Los hallazgos recientes han venido a corroborar que tan sólo fue una repoblación y en absoluto de “nueva planta” contra la pretensión de una historiografía chatamente medievalista que defendía lo contrario. 

            Ya hay algo importante que preservar, el segundo asentamiento fenicio más importante de Andalucía tras el yacimiento de Doña Blanca (El Puerto de Sta. Mª). Ya nada puede ser por tanto igual para el urbanismo chiclanero y es de esperar que los silenciosos atentados urbanísticos y arquitectónicos finalicen. Hay que dejar atrás esta etapa de desarrollismo vandálico, a la misma altura y tan nefasto como la destrucción que los franceses le infringieron a la Chiclana medieval. A la torre de El Castillo le llegó su turno y, ya medio destruida por los invasores, fue echada abajo con el pretexto de que era una ruina. ¡Ruinosa una ruina! exclamaba indignada la escritora Cecilia Böhl de Faber. 

TRATO ESPECIAL PARA LA CALLE CONVENTO 

La calle Convento, que fue en su día el primer eje vertebrador de dicha Chiclana, precisaría de un trato especial y que constase el honor que le tocó en suerte. Respetándola y que no le suceda como a la Casa del Coto San José, drásticamente remozada. Lo que era un edificio histórico de singular arquitectura con sabor local ¡se parece ahora a la Oficina de Turismo del Novo Sancti-Petri! El cuidado de los chiclaneros por su patrimonio no es precisamente ejemplar.  

Recientemente nos hemos quedado sin la casa de Paquiro. De la plaza del Santo Cristo también desapareció la bodega del torero. Por cierto, ¿contemplaremos también la demolición de la casa natal de Antonio García Gutiérrez? Todo en Chiclana se hace Novo,  crece royendo lo que queda del legado de nuestros antepasados, como si de un queso gruyere se tratase. Una arquitectura única y singular es sustituida por otra con escaso valor ni identidad, un mundo del revés: El Novo invade Chiclana. 

PRESERVAR NUESTRO PATRIMONIO 

            El yacimiento encontrado se ha salvado milagrosamente, pues un  milagro ha sido que el aplanamiento de las excavadoras no dañara irremediablemente los restos arqueológicos de la finca donde se ubicaron las antiguas bodegas de la calle Convento. Grande ha sido el descalabro sufrido por la trama urbana de la Chiclana moderna con la pérdida de la manzana de la Plaza Mayor, pero recordamos que aún quedan en pie la mitad de los edificios y portadas de los siglos XVII y XVIII de hace dos décadas. 

Urge la necesidad de que todas las fuerzas vivas de nuestra localidad despierten de este letargo consentidor con la desaparición del patrimonio histórico.  

Hay que asegurar un exquisito control del organismo público que nos gobierna porque los gestos del poder están cargados de efectismo faraónico electoralista, que mueve mucho dinero con cortas miras y desastroso impacto. Es de esperar que tras el reciente hallazgo no sólo cambie la historiografía local y se rellene de piezas el Museo, es preciso que también cambie la sensibilidad de los chiclaneros hacia la singularidad del asentamiento urbano que habitamos. Tenemos el deber de preservarlo mejor de lo que hasta ahora lo hemos hecho. Verdaderamente los restos que hoy contemplamos se han salvado de milagro. 

JUAN RODRÍGUEZ BALLESTEROS


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