Puente Chico


Zona quemada en el pinar.

Espectacular incendio en el Pinar de los Guisos que obligó a vecinos de Las Mogarizas a abandonar sus viviendas 

El lamentable estado de conservación de las zonas de pinares pone en peligro la vida de miles de personas que viven al lado 

Nuestro término municipal es uno de los más proclives al fuego al existir miles de árboles y chalés entremezclados 

            El mes pasado se produjo en nuestra localidad un espectacular incendio que afectó a alrededor de sesenta hectáreas, entre el Pinar de los Guisos, el camping La Barrosa y Las Mogarizas, que obligó a desalojar a un gran número de vecinos a causa de la humareda y en previsión de que las llamas alcanzasen las numerosas viviendas que hay en la zona. Tuvieron que movilizarse los efectivos de bomberos de la Bahía, dos helicópteros, Policía Local, Protección Civil, Guardia Civil, Cruz Roja,  Chiclana Natural y Obras. En agosto de 2005 ya advertimos del peligro, sin que el Ayuntamiento tomase medida alguna. Por suerte no hubo que lamentar daños personales. Uno de los afectados nos lo cuenta desde dentro. 

Hacía calor y soplaba con fuerza el Levante, A las dos de la tarde comenzó a arder una parcela abandonada del Pinar de los Guisos, propagándose a otras dos cercanas. El almacén de Lucas Parrado estuvo a punto de sufrir las consecuencias. La carretera del Coto La Campa sirvió de cortafuegos, por fortuna para los residentes de Las Mogarizas, que vieron sus viviendas en peligro a medida que pasaba el tiempo, aunque la intervención de los helicópteros ayudó a que nada sucediera.  

Como un vecino nos narra lo que pasó no vamos a repetirnos, pero sí incidiremos en lo que publicamos en agosto de 2005 sobre el estado de abandono de los pinares, artículo que sigue teniendo vigencia un año después, porque lo denunciado entonces se ha confirmado, desgraciadamente, y puede que este verano de nuevo tengamos que sufrir algo similar si no se limpian las parcelas, no se podan los miles de árboles, no se separan las copas de éstos y los cables de alta tensión siguen pasando por encima de los pinos y chalés, rozándose con ellos. 

Muchos vecinos tuvieron que abandonar sus casas

NULA CONSERVACIÓN 

Decíamos que el estado de nuestras zonas forestales era preocupante por su mala conservación, con basuras y restos de árboles, plásticos y vidrios, que podían prender fuego con las altas temperaturas que estaban haciendo. Alertábamos del peligro existente (el fuego de junio lo ha corroborado) ya que alrededor de la mayoría de estas áreas arbóreas hay cientos de viviendas. Lo más preocupante está en las zonas donde hay pinares y miles de viviendas, pegados unos al lado de las otras. La Rana Verde y limítrofes son las que presentan un mayor peligro por los árboles y chalés existentes. No se han podado hace años, ni se han limpiado, lo que ha hecho crecer la maleza, seca por el calor, una mecha en caso de incendio. 

Este incendio ha sido un aviso

PINAR DE LOS GUISOS 

            En el Pinar de los Guisos la situación era grave y lo sigue siendo. En la confluencia de la carretera de la Rana Verde y la del Coto La Campa es aún peor. Edificaciones y árboles se mezclan de forma natural y masiva. Un incendio en ese lugar traería gravísimas consecuencias –comentábamos en agosto de 2005-, lo mismo que en toda el área del camping La Barrosa, con proliferación de pinos. Diez meses después se ha podido ver que no íbamos desencaminados y se demuestra que nuestras denuncias sólo persiguen que las cosas funcionen como deben y no como lo hace el PSOE. De nuevo, y lo sentimos, volvemos a dar en la diana. Los hechos están ahí, aunque los socialistas nos demonicen continuamente. 

            El Pinar de Claverán, Pinar de los Franceses, Las Mogarizas, Coto San José o Costa Sancti Petri son otros lugares en peligro. El abandono es general. El Ayuntamiento debería inspeccionar todos los pinares, públicos y privados, e instar a que se limpien y poden.  

PACO LÓPEZ 

 

Crónica desde dentro: Tuvimos suerte 

Ni tan siquiera pudimos tomar el postre. Un amigo de mi hijo nos avisó. Cuando salí a la calle, desde una ambulancia de Cruz Roja se nos instaba a salir rápido de allí. La entidad que fundó Henri Dunant en 1864 hacía así el trabajo de las autoridades (me cuentan –aunque yo no lo vi- que, en otras calles de la urbanización, la tarea la llevó a cabo la Guardia Civil y Protección Civil). Serían como las tres y media de la tarde. Desde poco antes de las dos empezó el olor a quemado y el humo. Fue poco a poco a más, pero desde dentro de la casa, con las ventanas cerradas, no se podía adivinar su causa. 

Batimos el record mundial de salida para familia de cinco personas y perro grande. Cogimos lo que estaba realmente a mano y prescindimos de casi todo lo que tenía valor en ese momento (ropa o documentos) y de lo que no tenía tanto, pero que hubiese sido irremplazable (me acuerdo ahora de las fotos familiares o alguna colección personal). En tres minutos –y casi irreflexivamente, porque sólo veíamos humo- fuimos obedientes y ya estábamos en la carretera de La Barrosa camino del pueblo, mientras algún vecino –por decisión propia- se quedó en casa.

 FUEGO CERCA DE LAS VIVIENDAS 

Dejamos los niños y al pastor alemán en casa de mi hermano, al que llamé desde la misma carretera (la autoridad no estaba ni para bromas, ni para quitarme puntos del carné). En menos de media hora nos aventuramos mi mujer y yo para volver. El tránsito por la parte de la carretera a Sancti Petri estaba abierto de par en par. Entramos de nuevo y cogimos algunas cosas más –con más cabeza que antes, pero de muy relativo valor-. Los helicópteros que tiraban agua no paraban de pasar por encima y a baja altura ya. Por su trayectoria al tirar el agua, adivinamos que el frente del fuego no estaría más de 600 metros retirado de allí. Pero no vi el fuego en ningún momento, aunque el humo ya era intenso a la vista y más aún al olfato. 

En mi misma calle, pero en el otro extremo, sí lo vieron. Y de cerca. Incluso, algún vecino de dos calles más allá en dirección a la playa, me cuenta que lo tuvieron casi al alcance de la mano (y están indignados porque dicen que no hubo lo que se dice una atención rápida). A la salida de esa segunda vuelta por mi casa, tomé la carretera nueva de la playa y vi el final de los trabajos de extinción. Recogiendo el material, los bomberos dejaron retenes por si aquello se llegaba a reavivar. 

ASPECTO DESOLADOR  

El puñetero viento de levante seguía porculizando lo suyo y no había que confiarse. El aspecto era desolador. Tierra quemada a ambos lados de la carretera. Pero, con todo, no pude reprimir una sensación de alivio. No sé si hubo o no previsión suficiente. Desconozco si la actuación fue la más rápida y eficiente posible en la extinción. Pero afortunadamente la masa central de pinares de Las Mogarizas no fue alcanzada por el fuego. No estuvo tan lejos de que ocurriera. Lo que hubiese sido una tragedia de imprevisibles dimensiones. Por la noche, con todas las ventanas abiertas -para mitigar el olor a quemado que se quedó entre las paredes de casa- lo volví a pensar y me dije: “Tuvimos suerte”.

  FERNANDO PEREA-periodista

 

 

 


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