Puente Chico


Milagros Rivas leyendo Romeo y Julieta

Sueños que no volverán 

A ella, sí, a ella, le amputaron a la fuerza la oportunidad de navegar en otras vidas, en un mar de tablas y telón, mecidas por el cálido oleaje de los aplausos o las críticas. Le extirparon la ilusión de vestirse con pieles ficticias cada vez y la rigidez de un uniforme la fue alejando de sentirse libre. No llegó a ver la hermosa oscuridad del patio de butacas y el silencio del espectador, fue el cansino tarareo de aquellos extraños infantiles con la interminable lista de un reinado Godo. Los únicos admiradores sólo esperarían de su voz el sermón de la enseñanza.           

             Para ella, la soledad, fue un examen aprobado con la estricta caligrafía de la prioridad en su momento, la obligación de un trabajo. Los sueños, la esperanza, el griterío feliz del corazón, la noche del estreno…, se convirtieron en sonidos de una lengua muerta. 

Un momento de Los cuentos de los días pasados

PASIÓN 

             Todo ese cuento de actriz ya pasó a golpes de frustración. Su Julieta del pasado no murió de amor, la mató la espera y Romeo, es ahora una foto en blanco y negro que le habla. 

             Ella, Milagros Rivas, el pasado 23 de marzo, en el Teatro Moderno, zarandeó al personaje con la pasión de todos sus sentidos. Con pinceladas de poesía hizo suyo el escenario. Nos bailó con risas histriónicas y lágrimas hundidas en la cruel delicadeza de El cuento de los días pasados, del escritor Jesús Romero. La dirección de Gari León y la escenografía de Antonio Aragón del Cerro, dieron un magnífico reflejo de vacío con un contradictorio rosado.  La música de Albert Plá, con una letra de toques tétricos, completó una veterana puesta en escena.

 

A. M. EUMENIA


Recomienda este
artículo a un amigo

volver