Políticos y literatos en la
Chiclana del siglo XIX
Frasquita Larrea, Cecilia Böhl de
Faber, Pío Baroja, Mendizábal o Alcalá Galiano fueron algunos de los
que visitaron nuestra localidad
Cuenta el mítico Lord Byron (1788-1824), hablando de aquella época
en que Cádiz era una ciudad universal, que, en ella, la única
mujer virgen era
la Inmaculada del cuadro.
Como se sabe, los ingleses eran muy mal hablados tratando cosas de
los españoles, véase sino lo dicho por el viajero Richard Ford sobre
Chiclana y el caldo de culebra de La Barrosa. Lo cierto es que también algunos sevillanos miraban a Cádiz con canónica
repulsión y hasta llegaron a nominarla como
la Nueva
Babilonia. En ella, la Inquisición y sus hogueras no eran muy bien vistas que digamos, de hecho apenas
hacían actos públicos. A la sombra de ese Manhattan andaluz se
enriqueció material y culturalmente Chiclana; su vergel, su
balneario, su Lanjarón.
Lógicamente hay que empezar hablando del matrimonio formado por
Frasquita Larrea y el alemán Juan Nicolás Böhl de
Faber. Parece ser que llegaron a Chiclana a fines del siglo
XVIII. Frasquita, mirando hacia la ermita de Santa Ana, narró los
días en que se bañaba en el Iro a la falda de su castillo viendo,
entre truenos y relámpagos, el cementerio. Soportó como pudo la
invasión francesa en su casa chiclanera dejándonos descripciones
llenas de rabia y de recuerdos de otros tiempos en libertad, de sus
paseos con el Magistral Cabrera en donde lo mismo se hablaba
de Kant que de botánica.
Pero sería en 1813, cuando vuelve el matrimonio procedente de
Görslow e inician la primera gran polémica de tinte romántico
publicada en castellano. Cecilia, su hija, -que firmaba como
Fernán Caballero- también pasó largas temporadas en nuestro
pueblo y en él escribiría algunas de sus famosas novelas. Y sí su
madre se codeó con los románticos alemanes, ella lo hizo con
Hartzenbusch y Washington Irving, llegando a tener a
Luis Coloma por pupilo. Cecilia Böhl de Faber dejaría en
su obra, No transige la conciencia, una magnífica y cuidada
descripción nuestro pueblo y del interior de su casa chiclanera.
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Ignacio Mª de
Álava |
MENDIZÁBAL ERA
GADITANO
Habían pasado los años en que García Gutiérrez
triunfara con El Trovador -de D. Antonio, el literato
chiclanero más universal, no vamos a hablar porque merece capítulo
aparte- y los del Gobierno de Mendizábal. Éste último,
gaditano, hijo de financieros judíos de ascendencia portuguesa,
también vivió en Chiclana, hasta el punto de que en ella nacieron
algunos de sus hermanos y hasta un primo, bautizado en
la Parroquia de San
Sebastián, de igual nombre y apellidos que él. Razón por la cual se
produjo el difundido error oficial al pensar nuestro Ayuntamiento
que el artífice de la desamortización nació aquí. Su magnífica
biografía realizada recientemente por M. Rabina prueba
lo dicho y yo mismo he podido corroborarlo viendo su partida de
bautismo en la Parroquia del Rosario de Cádiz, donde consta que el ritual fue oficiado por el
párroco de San Sebastián. Fue otro de los gaditanos, como Alcalá
Galiano o los referidos Böhl y tantos más, que disfrutaron
largas estancias en sus casas de Chiclana.
PÍO BAROJA Y VAN
HALLEN
Por
nuestro pueblo pasó gente importante: infantas, comerciantes,
religiosos, militares... Alexander von Humboldt cita, por
ejemplo, al Capitán General de la Armada, Ignacio Mª de Álava y
Sáenz de Navarrete (1750-1817) que falleció en Chiclana. D.
Pío Baroja recuerda a otro militar por él biografiado, Juan
van Hallen y Sartí (1788-1864) -libertador de
Bélgica- que también pasó alguna que otra temporada por nuestro
pueblo “en estrecha vigilancia”. Baroja comenta: Estuve en
Chiclana, en San Fernando, en Puerto Real; mejor dicho pasé por
estos pueblos grandes, blancos inundados de sol, de calles largas,
hermosas, achabacanadas por unos nombres vulgares escritos en
azulejos en letras descomunales... Me gustaría saber si queda aquí
algún recuerdo del general don Juan de van Hallen que vivió en
Chiclana en su vejez... En estos campos de Chiclana se libró una
batalla muy importante en la guerra de
la Independencia.
LUGARÓN SOLO Y
GROSERO
Volviendo a Cecilia Böhl de Faber, es digno mencionar su narración
corta Una paz hecha sin preliminares, sin conferencias y sin
notas diplomáticas, ambientada en la Alameda del Río. En ella se
recoge el mote de atajaprimos dado a los chiclaneros, una
riña con los franceses y la visita que la Duquesa de Medina Sidonia
realizó a su castillo del Liro. La tal señora terminó estampando
todas las brevas con que le habían agasajado contra el alcalde y
munícipes. No podemos tampoco dejar atrás su carta escrita el 14 de
junio de 1855 -en plena Feria de San Antonio- apiadándose del
toro de cuerda que soltaban por las calles de nuestra ciudad.
Fue un año de penuria para la literata, llegó a sentir a
Chiclana como un lugarón solo y grosero; un año triste en su
vida. Por eso, cuando leyó en una revista que un “agente polaco”
citaba a nuestro pueblo entre capitales de Europa, se extrañó y
expuso lo que sigue en otra carta: Es dicha villa un pueblo única
y solamente de campo, con lindas casas que tienen en ella los
gaditanos; por consiguiente no penetra mucho la política en ella,
pero muy mucho los malhadados partidos personales, por quién ha de
ser alcalde y quién ha de ser alguacil. Ni más ni menos. Hay, eso
si, unos cuantos jóvenes bien plantados de ideas liberales honestos
y pacíficos, que aun cuando no lo fuesen, no tendrían contra quien
enconarse ni trocar los vivas en mueras. No hay empleados, no hay
ricos, sino alguno de fuera extraño a la política; no hay retirados
ni en activo servicio, y no hay más escritor que su servidor.
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Portada de un
libro de Fernán Caballero |
AUTRÁN
Uno de esos jóvenes, Guillermo Autrán, adquiría
algunos años antes, en 1851, el teatro de la calle Arroyuelo, un
chiclanero cuya faceta literaria nos es prácticamente desconocida.
Es de obligado cumplimiento reseñar su traducción, publicada entre
1877 y 1879, de la obra del francés Federico Soulié -el autor
de la novela Memorias del diablo- titulada Las cuatro
épocas. Se trata de una historia novelada hecha sobre un friso
de las cuatro civilizaciones más antiguas de los franceses: Los
celtas, los galos, los romanos y los cristianos.
Son esos precisamente los subtítulos de dicha obra. La
traducción será publicada en Madrid dentro de la colección
Biblioteca Universal, distribuida por tanto en todo el
territorio español. Resultan de interés las eruditas notas que
inserta el chiclanero y que atestiguan un serio dominio de las
fuentes documentales con las que realizó su trabajo por lo demás
dedicado a D. Práxedes Mateo Sagasta, jefe del Partido
Liberal, y que es presentado por el editor como una traducción
severamente vertida al castellano por la correcta dicción del
conocido literato D. Guillermo Autrán. Una buena y merecida
crítica.
¡ABAJO LOS BORBONES!
Su hijo, el también chiclanero José Guillermo Autrán,
debe ser recordado en este breve trabajo por la publicación en Cádiz
en junio de 1899 -cerrando el siglo- de la obra Páginas
revolucionarias: ¡Abajo los Borbones! (Ensayo de Novela política).
Como se puede apreciar al leer sus páginas hace de émulo de Pérez
Galdós -Valle Inclán aún no había publicado La corte
de los milagros- y usa por título el conocido grito que puso
García Gutiérrez en su poema sobre la revolución de 1868 -La
Gloriosa-
fin del reinado de Isabel II, la tatarabuela de
Juan Carlos I.
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Portada de
Las cuatro épocas. |
MORET Y LA
CANASTILLA
Empezamos con una gaditana literata -Frasquita Larrea- y lo
vamos a finalizar con la visita a Chiclana de otro gaditano,
Presidente del Gobierno: Segismundo Moret, quien ese mismo
año de 1899 pasó por aquí y, sorprendido por el almuerzo que le
sirvieron, quiso agradecerlo con un gesto cortés al regalarle a la
cocinera, que estaba encinta, una canastilla completa para el niño
que le fuera a nacer: mi abuelo Nicolás Ballesteros,
futuro concejal del Frente Popular. Ella era
La Mónica,
pero esta ya es otra historia de la que algún día hablaré. Estamos
en Chiclana y termino este artículo, para quien me entienda, con
chicharrones y manteca colorá.
JUAN RODRÍGUEZ
BALLESTEROS