El PSOE vuelve a reírse de los chiclaneros 

            Lo sucedido el pasado 28 de septiembre no se debe volver a repetir. Quince años lleva PUENTE CHICO en la calle y nunca habíamos visto semejante desvergüenza por parte del equipo de gobierno socialista. En este tiempo, miles de personas se han concentrado a las puertas del Ayuntamiento reivindicando diversas cuestiones. Las más numerosas fueron contra las incineradoras que el PSOE nos quería instalar en Miramundo. Hubo gritos, pitos, silbidos y abucheos cada vez que Pedro Quiñones, defensor de esos aparatos, tomaba la palabra. Había megafonía, por primera vez y también al exterior, pero el bombero lorero no fue capaz de apagar el fuego de los silbidos que llegaban desde la calle.

Ese día dijeron no a las incineradoras los socialistas tras muchos meses defendiendo lo contrario. Ése fue un gran triunfo de la democracia y de la lucha del pueblo chiclanero contra los desmanes de sus políticos, en este caso los socialistas, que son casi los únicos que hemos padecido desde que llegó la democracia, que a este paso van a durar tanto como Franco. Un pleno anterior se tuvo que suspender al invadir el salón los manifestantes con pancartas y lemas varios. Los portavoces de los partidos políticos acordaron con el alcalde la celebración de un pleno extraordinario y monográfico sobre el asunto. Tras esto, los manifestantes se marcharon y la sesión continuó como estaba previsto.

DERECHO A PROTESTAR

Ha habido muchas más protestas, pero jamás se han cerrado las puertas a los vecinos como ha hecho el PSOE bajo el mando de José María Román, aunque éste estuviera en Sevilla en ese momento. Las órdenes las da él. Los ciudadanos tenemos el derecho a protestar y ha hacerlo ruidosamente si así lo estimamos oportuno. Los mismos que cierran las puertas a los chiclaneros, en la oposición gritaban y hacían otras cosas contra el partido gobernante. Parece que ya se les ha olvidado.

Por otra parte, entrar por la puerta de atrás, por la gatera, como la calificó María Ángeles Polanco, portavoz del PSA, es una falta de respeto a los manifestantes, que están allí por su culpa, por no ayudarles en sus problemas. Es una cobardía entrar a escondidas. Y una chulería salir por delante al finalizar el pleno, para provocar a los congregados. ¿Por qué no hicieron lo mismo al llegar? Los políticos tienen que dar la cara cuando pintan bastos, no escaparse por otra puerta como suelen hacer a menudo.

Acusar a Polanco y a Teresa Ruiz Sillero, portavoz esa tarde del PP, de no querer asistir al pleno por negarse a entrar como ellos, a gatas, es de un cinismo propio de las mayorías absolutistas. Igual que Sebastián Verdugo fue por la puerta principal “porque es por donde tengo que entrar ya que voy a trabajar”, los demás ediles también están en el mismo derecho.

No es de recibo que empiecen un pleno con dos de los tres portavoces de la oposición en la calle. Tampoco es sano para la democracia que no permitan a los ciudadanos asistir a la sesión a pesar de habérselo prometido. Fue una burla cerrar la puerta y hacer un pleno con sólo los ediles socialistas. Esa pantomima es indigna de una democracia. Pero así son las mayorías. Así gobierna Román el sonriente. La democracia en Chiclana está en su momento más bajo por culpa de unos políticos que sólo se preocupan de no perder el sillón y seguir chupando del bote. Ni José Mier en sus peores tiempos hizo algo parecido, y eso que era de derechas. O a lo peor no hay tanta diferencia entre él y Román.


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