Inscripciones romanas y lápidas encontradas en la Huerta Alta
atestiguan esa posibilidad
El cipo funerario
del médico oculista romano aparecido en Chiclana, hace pensar que
hubo una necrópolis aquí
Renombrados autores hablan en sus libros y cartas de la existencia
en diversos lugares de estos restos
Entre los objetos
artísticos de la antigüedad más nombrados por su relación con
Chiclana -no con el Templo o islote de Sancti-Petri, que en
definitiva es una isla gaditana- es el cipo funerario que podemos
admirar en el Museo de Cádiz. Una especie de pedestal de mármol con
inscripciones relativas a un difunto que dice lo que sigue a falta
de las primeras líneas por deterioro: MEDICVS // OCVLARIVS // ANN
XXXXVI // K.S.H.S.E. // S.T.T.L., o lo que es lo mismo “Médico
oculista de 46 [o 47] años, querido de los suyos, aquí yace. Que
la
Tierra te sea leve”.
Una
buena muestra de que en el entorno gaditano se practicaba ya una
especialidad médica concreta, la de oculista, lo que le confiere a
la pieza un alto interés histórico para la ciencia médica hispana.
Además, hay otras inscripciones latinas de letra más pequeña,
mandadas labrar en 1612 por Esteban Alonso Molina que lo usó
tras su hallazgo como soporte para una cruz. Refiriéndose al citado
cipo, cuenta el historiador chiclanero Autrán en la página 47
de su Monografía de Chiclana de
la Frontera
que “Hallábase, hasta hace poco, adosado al muro exterior de una
casa próxima al arco del reloj y hoy se conserva en el Museo
Provincial de Cádiz, por donación que hizo de él D. Cristóbal
Parra, cuya era la propiedad de aquella casa”.
EMPOTRADO EN EL
MURO
Sobre el asunto
hemos encontrado una carta dirigida al Director de la Real Academia
de Historia de Madrid, fechada el 20 de octubre de 1893 desde la
Comisión Provincial de Monumentos Históricos y Artísticos de Cádiz
diciendo:
“Otra de las
inscripciones que remito es la perteneciente a un Cipo funerario que
hacía tiempo se encontraba empotrado en el muro de la pared de una
casa de la calle de las Huertas de
la Villa de
Chiclana, de la propiedad de D. Cristóbal Parra, el conservador del
Museo se ha trasladado a dicha residencia y se incautó y trasladó al
Museo tan Bello ejemplar. El referido Cipo mide 1 metro y 28
centímetros de altura por 0’60 de ancho y 0’44 de grueso a tan bello
ejemplar le faltan algunos pedazos... Fuimos a Cádiz y confirmamos
por las medidas que efectivamente era el mismo que se exhibe en su
Museo”.
Así que estaba en
una casa la calle de las Huertas: hoy Jesús Nazareno, que
posiblemente llegaría hasta la Huerta Alta. De la casa de esta
última huerta es de donde dicen se lo llevaron. En el Catálogo
Monumental de España. Provincia de Cádiz aparece fotografiado
por el arqueólogo Enrique Romero de Torres, hermano del
conocido pintor cordobés, tal como se muestra en la foto más antigua
junto a otras muchas pequeñas lápidas mortuorias que fueron
estudiadas por el epigrafista español F. Fita y por E.
Hübner (1834-1901) de la Academia de Berlín.
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Los hallazgos
apuntan a que pudo haber una necrópolis |
LÁPIDAS EN LA
HUERTA ALTA
Según él todas las
lápidas pequeñas fueron llevadas a la Huerta Alta procedentes de
Cádiz, menos una encontrada en la misma Huerta Alta y el cipo del
que no refiere la parte de Chiclana en que apareció. Dejémosle
hablar de Chiclana a este fiable profesional de la arqueología: “Pero
es cierto que en esta ciudad existen vestigios de construcciones
romanas en lo alto de la colina del Castillo, y siempre se
encontraron objetos romanos e inscripciones, como el magnífico Cipo...”
Encontraremos al
respecto en el libro del oftalmólogo gaditano Rodolfo del
Castillo y Quartiellers publicado en 1905 con el título La
oftalmología en tiempo de los romanos este interesante
comentario:
“No es
necesario ser muy ducho en materias epigráficas para comprender,
fijándose un poco, que el fragmento en que está inscrito el nombre
de [Albanus] Artemidorus, no pertenece á la inscripción principal,
pues las líneas ó marco en que se encierra el nombre, no ajustan ni
con mucho á las labradas en el cipo. El profesor Hübner, al
transcribirla, subraya los dos primeros renglones, indicando con
ello que no los vio en su sitio... hoy deberán suprimirse de dicho
epígrafe”.
INSCRIPCIONES
O sea,
que en la parte superior y deteriorada del cipo chiclanero, tal como
se aprecia en la foto actual, fue añadida una inscripción -también
romana- de un tal ALBANVS ARTEMIDORVS; vamos, que le pusieron
nombre. Y ¿a qué otro difunto perteneció esa nueva lápida y de dónde
vino? Un siglo antes, Antonio Ponz [1725-1792], hablando de
Chiclana dice, en la página 45 del tomo 18 de su famosa obra
Viaje de España publicado en 1794, lo que sigue:
“... es muy
otra cosa la [casa] de mi amigo Don Antonio Mosti, quien se
valió para ella de la pericia del Marqués de Ureña. Como persona de
mucho gusto que es el Señor Mosti ha colocado algunas inscripciones
antiguas en una pared de la misma, y me dio esas copias, sacadas con
exactitud: [1ª] DIS MAN. M. PVBLICIS // VICTOR.
CIPPIANVS // ANN. XLIIX. C.S.H.S.E. // S .T .T .L .
[2ª] ALBANIUS
ARTEMIDOR // MEDICVS // OCCULARIVS // K.S.H.S.E. //
S.T.T.L.”.
Antes que nada hay
que señalar que el jesuita Juan Francisco Masdeu (1741-1820)
llamó “insigne anticuario” a D. Antonio Mosti (1730-1814) y
que las colecciones de este vecino de Chiclana pasaron a manos del
hijo de Carlos III, el infante D. Gabriel (1752-1788).
Volviendo al tema, obsérvese que la inscripción 2ª nombra al mismo
Albanius Artemidor añadido al Cipo funerario del que antes
hablamos. Ateniéndonos a la exactitud de Antonio Ponz, que
era ni más ni menos que Secretario de Su Majestad, comprobaremos que
la inscripción 1ª le asigna 48 años al primer difunto y sin embargo
de Albanius sólo habla de su profesión, que coincide con la del Cipo
funerario, pero por el contrario el médico oculista del cipo sí que
tiene la edad consignada: 46 años.
NECRÓPOLIS ROMANA
¿Por qué hemos de
admitir, como algún historiador local refleja en su obra, que sólo
apareció una inscripción de oculista en Chiclana? Algo así como
decir que Antonio Ponz no copió bien la 2ª lápida y que esa sería el
cipo funerario, sin tener en cuenta la evidencia del añadido ya
señalado desde que se encontró. ¿Por qué hemos de admitir que
algunas lápidas no pudieron, junto al cipo, ser encontradas en
Chiclana? ¿Puede probarse acaso que Antonio Mosti se lo trajo todo
de Cádiz?
Imposible de
afirmar, menos aún cuando en 1690, un siglo antes, Fray Jerónimo
de
la Concepción,
en el tomo 2º del libro 7º de su libro titulado Emporio del Orbe,
Cádiz ilustrada, Investigación de sus antiguas Grandezas...,
también refiere haber visto esta vez en las casas chiclaneras de D.
Juan de Molina la inscripción del oculista Albano
Artemidoro y la recoge tal cual fue transcrita por Ponz, o sea
sin años para el difunto. Personas que conocieron la casa de la
Huerta Alta antes de ser derribada, coinciden en señalar que tenía
inscripciones de mármol incrustadas en las paredes. Toda una
tradición de los gaditanos ilustrados ésa de colocar lápidas con
inscripciones romanas en las paredes de sus casas.
¿Hubo una
necrópolis romana en Chiclana? Muchos autores así lo afirman y
produce extrañeza el que se afirme categóricamente la hipótesis que
lo descarta con argumentos regulares; el ritmo de nuestro progreso
va empobreciendo los posibles resultados de un hipotético estudio
sistemático de lo que fue Chiclana en la antigüedad. Pueblo
descuidado y torpe aquel que borra, destruye o se apropia para uso
privado de las huellas del pasado.
JUAN RODRÍGUEZ
BALLESTEROS