Un
incendio en la vivienda que ocupaban deja a seis familias gitanas
sin casa
Acudieron al
Ayuntamiento en busca de ayuda y tras varias propuestas, al final
los mandaron a un centro de drogodependientes
Un
incendio en los albores del día en la casa donde vivían desde hace
cinco años seis familias gitanas, Salsipuedes, 11, provocó que éstas
fueran al Ayuntamiento en busca de ayuda, ya que perdieron todo lo
que tenían y se quedaron en la calle. Son alrededor de veinte
personas, nueve de ellas niños. Se entrevistaron con la alcaldesa en
funciones, Manuela Moreno, y varios concejales socialistas, que les
ofrecieron varias alternativas, siendo rechazadas por los afectados,
aunque finalmente fueron al centro Nueva Vida, un lugar para
rehabilitación de drogodependientes
Llevaban cinco años viviendo como okupas en una vivienda
abandonada de la calle Salsipuedes. Seis familias, dieciocho
personas, nueve niños entre ellas malviviendo entre ratas, suciedad
y basuras. En este tiempo han solicitado casa al Ayuntamiento,
concediéndoselas a dos de estas familias, que más tarde las
vendieron y volvieron al lugar donde habitaban. Un fuego a las 6,30
de la mañana destruyó lo poco que quedaba en pie del sitio donde
residían, sin agua y con luz conseguida a través de un enganche.
Estos vecinos, gitanos, se dirigieron a los servicios sociales en
busca de ayuda. Allí les dijeron que los niños no podían estar en la
calle y que lo mejor sería ingresarlos en un centro público,
logrando que los padres se soliviantaran todavía más. Padres e hijos
siempre juntos, nada de separaciones. Con los ánimos algo más
encendidos fueron a ver al alcalde. En el edificio consistorial se
encontraron con siete policías locales y un vigilante de seguridad y
la puerta cerrada, impidiéndoles el paso. Más enfado porque veían
que en la casa que dicen que es de todos a ellos no les permitían la
entrada, mientras el resto de ciudadanos podían entrar y salir
libremente.
ENTREVISTA CON
LA ALCALDESA
La
alcaldesa en funciones, Manuela Moreno, accede a recibirles.
Les ofrece que los hombres vayan al albergue de San Fernando y las
mujeres a uno de Chiclana, a lo que se niegan. La familia siempre
junta. Finalmente los alojan en el hotel Alborán. Al día
siguiente vuelta al Ayuntamiento, esta vez con pancartas alusivas al
dineral que se han gastado en los conciertos de verano y en la
Fiesta
de la Parpuja,
diciendo que menos dinero para esto y más para viviendas.
Cuatro ediles
les atienden, les hacen diversas propuestas, pero terminan
enviándolos al centro Nueva Vida, un lugar para rehabilitar
drogodependientes. El Ayuntamiento correrá con todos los gastos de
alojamiento y manutención. Las familias acceden a regañadientes,
pero hasta septiembre deberán estar allí. A partir de esa fecha se
les ayudará a buscar un piso de alquiler y en el pago de una parte,
como se hace con cualquier familia con recursos económicos
limitados. “En anteriores ocasiones, a algunas de estas familias
ya se las abonado ayudas para el alquiler, e incluso algunas han
disfrutado de viviendas sociales, que posteriormente han llegado a
vender”, según ha manifestado el equipo de gobierno socialista
Es lamentable
que una ciudad como la nuestra no disponga de viviendas para alojar
provisionalmente a gente con problemas y quieran mandarlas a San
Fernando. Ahora son estas familias y dentro de poco serán otras. Una
situación que se repite con demasiada frecuencia. Y seguimos sin un
centro de acogida en la ciudad más mejón der
mundo mundial.
RAMÓN F. MERAYO