Después de veintidós años
volvió a celebrarse la Fiesta
de la Parpuja
El éxito de público confirmó la
añoranza de este evento, en el que tomaron parte algunos de los
mejores cantaores flamencos
La
Fiesta de
la Parpuja resucitó después de algo más de dos décadas sin celebrarse, lo hizo en
la Caseta
Municipal y actuaron algunos de los mejores cantaores y tocaores flamencos, aunque
se echó de menos al chiclanero Silverio Heredia. Lleno y aficionados
de toda España, entre ellos el ministro del Interior, José Antonio
Alonso. En vez de parpujas se degustaron pejerreyes. Presentó Pepe
Marín.
En el
año 1983 y debido al fuerte aumento del caché de los artistas,
finalizaba, tras diez años consecutivos, la popular Fiesta de
la
Parpuja,
que la iniciaría y registraría como propia, ya que él fue su
creador, Juan Izquierdo Morales, Chiona. El pasado 13
de agosto volvió a resurgir en su undécima edición, pero esta vez
corría con los gastos nuestro Ayuntamiento y el inventor se hacía
cargo de la cantina.
Abrió
telón El Rubio de Cádiz que, como siempre, le acompañó
a la guitarra José Parra. Fue una actuación muy completa
(tangos, alegrías, farrucas y bulerías). Continuaré por el orden del
cartel, que no fue el del escenario. José Mercé, como era de
esperar, se entregó de lleno, pero quizás debido a que llegó a las
cinco de la mañana tras hacer doblete en Málaga, se le notó un poco
cogido de la garganta. A Chiquetete se le vio
muy ilusionado por haber vuelto a cantar en uno de los festivales
más populares que existían en España.
Aurora Vargas, con su cante y baile puro y jondo, fue junto con
Mercé, de las que levantó al público. La voz más optimista y
esperanzadora de los jóvenes flamencos, la expresión más novedosa en
los últimos tiempos y en el que afición tiene depositadas sus
esperanzas, Arcángel, demostró poseer una buena voz flamenca
y cantó de todo, incluido un poema de Rafael de León, Los
tres puñales, por tangos.
El
Cabrero fue el que cerró el espectáculo. El
público le esperaba impaciente porque llegó el rumor de que no
aparecería. Con su mascota, botas camperas y su pañuelo al cuello
que lo caracteriza, consiguió que los aficionaos que aún quedaban en
sus sillas lo escucharan atentamente. Finalizó con sus letras
críticas de fandangos: “Dale alas y volará al pueblo de
Andalucía…”.
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Rancapino
se vio afectado por el cambio constante de orden de
actuación |
Pansequito no lo hizo mal, pero se excedió en sus cantes sin
haber puesto de pie a los asistentes. A nuestro paisano
Rancapino le debieron caer mal los cambios de orden para
subir al escenario y actuar que pasó, por desgracia, desapercibido.
Otro chiclanero, Antonio Reyes, con su terno blanco, lo hizo
muy bien. Chano Lobato, un gaditano de setenta y ocho
años, con mucho arte y gracia interpretando los cantes de Cádiz.
Mariana Cornejo, cantaora que, aunque no fue su noche grande,
hizo los cantes de Cádiz muy graciosos.
Juana la del Revuelo cumplió con su cometido. Su marido estuvo
muy simpático cantando en varias lenguas españolas y su hijo,
tocando la guitarra, estuvo a la altura de los más grandes de la
noche como Moraito Chico, Fernando Moreno y el
tocaor de Arcángel. El Purga no lo hace nada mal. Por
ponerle un pero: se levantaba de la silla antes de rematar los
cantes.
TIMONEL