José María Román, un año de autobombo y de cambio de imagen

   Este mes se cumple un año desde que José María Román se hizo con la Alcaldía tras la espantada de Manuel Jiménez Barrios a su dorado exilio en la Junta de Andalucía. Poco ha cambiado el estilo de gobernar, ese estilo chiclanero que tanto pregonó no se ha visto por ningún lado, y mucho menos aún ha solucionado alguno de los graves problemas que acucian nuestra ciudad desde hace muchos años. Sólo hay un cambio visible: el alcalde sonríe a todas horas y no hay acto que se celebre en el que no esté presente y nos suelte el discurso mitinero (monótono y plomizo) de que Chiclana va bien y que estamos en el mejor momento de nuestra historia. Claro que los hechos y los acontecimientos le quitan la razón. El tráfico es cada vez más caótico. Las colas son las mismas y no hay solución según parece; nos ha puesto la zona azul con la tarjeta a los residentes más alta de la zona y de las más caras de España.

   El conflicto con la Policía está cada vez más enconado y Román, en vez de dialogar, sigue vendiendo al ciudadano que lo único que quieren es trabajar menos y ganar más. No es así de simple, pero de tanto repetirlo ya hay gente que se lo ha creído. Seguimos con un jefe policial elegido ilegalmente por su antecesor. Los agentes se manifestaron el mes pasado ante el Hotel Valentín exigiendo más efectivos.

   La sanidad sigue igual de mal que hace un año, quizás peor, han aumentado de forma escandalosa los cargos de confianza, volvemos a deber muchos millones, 400 de las antiguas pesetas, pues la época de vacas gordas ya se ha terminado,  el Novo ya no aporta tanto y la Loma del Puerco está casi finiquitada. Los colegios están más masificados si cabe. La Plaza Mayor sigue parada aunque con la intención socialista de ponernos un hotel de lujo donde iría un espacio abierto para el ocio de los chiclaneros, que están en contra de este establecimiento, pero que el PSOE quiere edificar a pesar de ello.

    La Gran Plaza sobre el Iro ya no se sabe qué es ni cuándo se acabará, el cuarto puente sobre el río tampoco tiene visos de que se haga pronto. A Román se le fue Juan Jesús Jiménez, edil de Urbanismo, sin una explicación clara, se le han sublevado algunos de sus concejales y militantes por el poder adquirido y se nos fue Dionisio Montero, un pilar cultural que deja un gran vacío y de lo único que no tiene culpa.

   El medio ambiente, a pesar de los premios oficiales, sigue degradándose, con proliferación de escombros y tala de árboles con muchos años; la promesa que hizo de visitar a los ciudadanos en sus casas tampoco la cumplió. Ni una sola casa ha visitado en este tiempo. Igual lo deja para unos meses antes de las elecciones municipales. Muchas ruedas de prensa y visitas a cualquier lugar con tal de aparecer en los medios de comunicación por muy pueril que sea el motivo, todo vale. Hay que salir muchas veces para que parezca que hace mucho, cuando en realidad no es así. Marketing puro y duro.

    En resumen, ha sido un año de autobombo y de intento de cambiar la imagen que el ciudadano tiene de él, pero no lo ha conseguido. Sigue cayendo mal y sus discursos cansan al más paciente, incluidos sus concejales. Práctico ha hecho muy poco. Un bagaje muy pobre tras un año de alcalde.


Recomienda este
artículo a un amigo

volver