Puente Chico


10D, un día sin identidad o la ironía de los derechos humanos

   Las puertas del Campo de Refugiados Gorincani en Bosnia  están siempre abiertas, aunque son pocas las personas que las atraviesan. Presenta la apariencia fantasmagórica de un coche abandonado al borde de la carretera. Pero en su interior hay vida. Quien se atreva a traspasar la ilusoria frontera entre el mundo real y la realidad de un mundo paralelo encontrará, bien seguro, un caluroso  recibimiento por parte de sus habitantes.

En este campo de refugiados hay muchas personas sin identidad

   Resultaría algo excepcional que no se abalanzara sobre el visitante un niño o una niña ofreciendo un caluroso abrazo, una amplia sonrisa y una mirada llena de vida. Pero también encontrará en su viaje visual ropa roída y sucia, pies descalzos, un cuerpo mal abrigado, heridas mal curadas, e incluso puede que algún caprichoso piojo decida cambiar de cabeza. Ahora nuestro visitante tiene una impresión más acertada del lugar en el que se encuentra. Lo que no sabe es que ese niño, aparte de lo poco que lleva encima, no tiene nada más. No piense que al niño lo único que le falta es ropa, calzado, juguetes, bicicleta y la play-station. Nada más lejos de la realidad. Lo que le falta a ese niño es algo tan simple como la identidad. Sí, sí, identidad, han leído bien.

    Hagan un pequeño ejercicio. Abran sus carteras y busquen el DNI. Observen los datos que en él aparecen: nombre, apellidos, fecha y lugar de nacimiento ¿Se reconoce usted?, seguro que sí. Enhorabuena, tiene usted una identidad. Aunque vigile, puede estar caducada. Una identidad caducada es un problema, aunque sólo menor, se soluciona con una simple visita a la comisaría de policía.

UN DÍA SIN IDENTIDAD

    Permítanme unos segundos más de su atención. A este ejercicio le vamos a llamar un día sin identidad. Imagínense que mañana salen de sus respectivos hogares y se dirigen a hacer la compra semanal. Llenan los carros de cualquier artículo que necesiten. Una vez ha pasado todo por la máquina registradora, usted saca de su cartera la tarjeta de crédito y el DNI. Se lo entrega a la cajera, pero ésta, con cara de reprobación, le pide su identidad. Usted no la tiene, recuerde, hoy es el día sin identidad. La amable cajera le amenaza con llamar al cuerpo de seguridad. Sin identidad no hay comida.

    Sale usted afuera  ¿Se acuerda de ese curso de inglés que tanto deseaba hacer?. Vamos, no perdamos tiempo, cierran a las 12. Una vez ha rellenado la hoja de inscripción, el secretario le pide la identidad. Usted le explica que la ha perdido. El secretario, cortésmente, le niega la posibilidad de mejorar su inglés. Sin identidad no hay futuro. Del malhumor acumulado sale a la calle y le propina un puntapié al primer árbol que encuentra, con tan mala suerte que se rompe el dedo gordo. Acude rápidamente al hospital, pero antes de atenderle le vuelven a pedir su identidad. Sin identidad no hay alivio para su dolor. Deprimido sale y se dirige a la comisaría de policía, quiere denunciar la perdida de su documento. El comandante en jefe de la unidad le mira con cara de horror y estupefacción. No tiene usted identidad, pues al calabozo.

DURA REALIDAD

    Dejemos aquí el ejercicio, ya hemos tenido suficiente por hoy.

    Veamos, ha acabado usted en el calabozo, con un dedo roto y sin curar, sin hablar un mejor inglés y sin comida que llevarse a la boca. ¡Y todo eso por no tener identidad¡.

    Ahora dejemos la imaginación aparcada y retomemos la perspectiva del hombre que sujeta al niño en brazos. Recordemos que ese niño no tiene identidad, es la dura realidad de los niños en el  campo de refugiados. No poseen partida de nacimiento, ni documento de identidad alguno, oficialmente no existen, no tiene un lugar de pertenencia, ni nombre ni apellidos oficiales. No tiene posibilidad de viajar ni de estudiar. No tiene derechos. No existe. No tiene identidad. No tienen futuro.

    Si en algún momento se han sentido agobiados pensando lo que les podría suceder si un día, un sólo día de sus vidas, perdieran la identidad, imagínese, por última vez, lo que significaría no haberla tenido nunca.

SERGIO TORRES-VOLUNTARIO EN BOSNIA-CARAVANA POR LA PAZ


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