Puente Chico


Manoli González colocando unas gafas a un interno

El Centro Óptico Ruiz Tizón entregó treinta y cinco pares de gafas a los internos de Gerasa

La optometría me da satisfacciones a diario y si haces que vean mejor estas personas y encima gratis, doble satisfacción

Cuba, Ecuador, Reto y Nueva vida también han recibido su ayuda desinteresada en estos últimos años

   El Centro Óptico Ruiz Tizón entregó a finales del pasado año treinta y cinco pares de gafas graduadas a internos de Gerasa, centro que acoge a personas afectadas por el virus del sida. Anteriormente lo habían hecho en otros lugares como Ecuador o en los centros de Reto y Nueva vida.

   A finales de noviembre, el personal del Centro Óptico Ruiz Tizón se personó en Gerasa para hacer entrega de las gafas graduadas a los internos que habían analizado visualmente meses antes. De las cincuenta personas revisadas treinta y cinco necesitaban utilizarlas. Francisco Javier Ruiz Tizón, Pedro Barroso, Juan Ruiz, Manoli González y Juan Antonio Ruiz Tizón fueron haciendo entrega a cada una de ellas, comprobando si veían bien y si tenían algún problema al colocárselas. Todo fueron atenciones a unas personas que necesitan toda la ayuda posible.

   Anteriormente ya había hecho lo mismo en los centros de Reto y Nueva vida: “Hacer este tipo de cosas siempre te deja una gran satisfacción pues ayudas a personas que necesitan gafas para poder leer o ver y no pueden tenerlas”, afirma Juan Antonio Ruiz Tizón, que lleva seis o siete años analizando gratuitamente la vista miles de personas, proporcionándoles posteriormente a la mayoría de ellas las gafas que necesitaban, en muchos casos unas para leer y otras para lejos. Primero les hacen un completo análisis visual y le miran la presión intraocular: “Estas personas, por sus circunstancias, tienen la vista cansada antes de los cuarenta años, por eso las gafas les vendrán bien para leer, ver la televisión o trabajos manuales”.

Pedro Barroso ajustando las lentes a una interna de Gerasa.

CUBA Y ECUADOR

   La primera vez que Juan Antonio hizo una donación fue en 1997: “Me enteré que el alcalde de Puerto Real iba a mandar en un barco ayuda a Cuba y envié cincuenta pares de gafas, de cerca, a mujeres de ese país”. Haciendo un curso conoció a un óptico ecuatoriano que le habló de su país. Colaboraban habitualmente, ya que Ruiz Tizón le enviaba material que allí no podía conseguir y que necesitaba para su trabajo. Finalmente, a finales de 1999 decidió embarcarse en su mayor aventura: “Me fui a Ecuador, concretamente a los suburbios de Guayaquil, donde había miles de personas necesitadas de mis servicios”.

   Se presentó en dicho lugar solo, sin protección alguna, corriendo un gran riesgo porque podían haberle secuestrado o robado: “En ese momento no pensé en esas cuestiones. Después me lo comentaron y el propio gobernador me puso unas personas para que me acompañasen a todos lados”. En esa ciudad ecuatoriana revisó la vista de seis mil personas, entregando alrededor de tres mil gafas: “La optometría me da satisfacciones a diario y si haces que vean mejor estas personas y encima gratis, doble satisfacción”.

GRATA EXPERIENCIA

   Juan Antonio Ruiz no quiere olvidar a su madre y el papel que desempeñó en esta historia: “Mi madre siempre me apoyó en todos los proyectos que he hecho cuando vivía y en el primero, el de Ecuador, ella es la responsable de que me decidiera tras escucharla. Me animó mucho y finalmente tomé la determinación de cruzar el Atlántico”. Las dudas le venían por su negocio: “Hay que desatender la tienda para poder desarrollar este tipo de ayudas humanitarias y no es fácil decidirse, ya que vivimos de nuestro trabajo y tres meses fuera es mucho tiempo, aunque tenía a mi familia y a los empleados, en los que confío plenamente, como así me lo demostraron”.

   Ecuador es un país con muchos contrastes, “con recursos mal repartidos”, por eso la gente que atendió se lo agradeció: “Fueron muy amables conmigo y me trataron muy bien. Es gente encantadora a pesar de ser una ciudad peligrosa, con mucha delincuencia, por eso el gobernador de Guayas me prestó ayuda en seguridad  y logística para visitar los arrabales”. “Fue –afirma- una experiencia muy grata a pesar del gran trabajo que tuve que realizar, ya que atendía una media de doscientas cincuenta personas cada día”. Lo hacía en la casa mejor acondicionada de la zona.

Personal del Centro Óptico Ruiz Tizón con personas que recibieron gafas.

   En dicha ciudad contó con la ayuda de Susan Valverde, que trabajaba para Gobernación, que poco después se convertiría en su compañera sentimental, con la que convive felizmente desde hace tres o cuatro años, habiendo formado una familia. Ecuador le ha dado algo más que las gracias de los habitantes que atendió.

CAMPAÑAS ENGAÑOSAS

    Algo que quiere resaltar es que los modelos que entrega son nuevos, no de segunda mano como hacen algunas empresas en ocasiones: “Las gafas de una persona no le sirven a otras, porque la vista de cada una es distinta y las dioptrías no coinciden, y además no es de recibo hacer campañas diciendo que si compras unas gafas nuevas te recogen las viejas y se las mandan al tercer mundo. Si quieres hacer un proyecto de este tipo hay que mojarse y regalarlas nuevas”.

    Ruiz Tizón cuenta en sus campañas con la inestimable colaboración de la empresa Signet Armorlite Ibérica S.A., un laboratorio de lentes oftálmicas: “Siempre que les he pedido ayuda me la han prestado de inmediato. Sus lentes son de primera calidad. Cuando se hace una labor humanitaria hay que hacerla bien o no llevarla a cabo”. Juan Antonio manifestó a PUENTE CHICO que estas campañas seguirá realizándolas, una por año. Muchas personas necesitadas de lentes en condiciones se lo agradecerán.

PACO LÓPEZ


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