Puente Chico


Albertina en cinco tiempos, de la Compañía Nacional de Teatro de Méjico.

 

Centvinticinc, de Sémola Teatre.

 

El compromiso, de Axioma Teatro.

 

El retablo de las maravillas, de Els Joglars.

 

La originalísima historia del justicieron enmascarado, con Rubén Pagura

 

Mudéjar, de la Compañía Miguel Ángel Berna.

 

Nayra, del Teatro de la Candelaria.

 

En un sol amarillo, por el Teatro de los Andes.

La XIX edición del FIT consolida su oferta teatral con numerosas obras de calidad

La mirada del avestruz (L´Explose), En un sol amarillo (Teatro de los Andes),  El compromiso (Axioma) y El Kosmos (Puja), lo mejor de las propuestas presentadas

El precio de las entradas y la falta de espacios escénicos adecuados, lo más negativo

   El Festival Iberoamericano de Teatro de Cádiz ha ofrecido este año numerosos espectáculos de calidad, destacando los de calle, así como otros de los que les hablaremos a continuación. Hubo un homenaje a Albert Boadella y su compañía, Els Joglars, y numerosas actividades paralelas. Sobre lo que suele ser habitual, en esta ocasión abundaron las compañías teatrales españolas, así como las colombianas. Buena cosecha de obras y alguna decepción.

    Ahora que termina el FIT, ahora que recién ha bajado el telón y los focos todavía están calientes, ahora que cada compañía ha recogido sus bártulos después de cosechar éxitos o fracasos, ahora es el momento de hacer el balance de esta XIX edición.

    Entre los aciertos de la presente edición hay que constatar la consolidación de una programación de calidad de unos años a esta parte, con propuestas estéticas muy variadas, extraídas con criterio del panorama teatral hispanoamericano. Tenemos la oportunidad de seguir la evolución de grupos como la Compañía Nacional de México o el Teatro de los Andes; o dejarnos sorprender por la frescura de actores como el costarricense Rubén Pagura; o disfrutar con maestros de la talla de Tato Pavlovsky y Arístides Vargas.

   Entre lo negativo está, un año más, la infraestructura. Cádiz carece de salas mínimamente adecuadas, salvo el Falla, para albergar un evento como el FIT. Sedes permanentes como La Lechera o La Tía Norica son cajas de cerillas, donde apenas caben cien personas y además son extremadamente incómodas. Se hace insufrible asistir a espectáculos como los de Patrón Vázquez, de tres horas y veinte minutos de duración. Éste parece un mal endémico del Festival Iberoamericano. Para más inri, las entradas son caras. Todo esto nos lleva a otra triste realidad: el público suele estar compuesto, en su mayoría, por profesionales, programadores, participantes de ambas orillas o locos aficionados como nosotros, pero no por el público gaditano, que sólo asiste en masa a espectáculos de compañías bandera como Els Joglars, y esto porque cuentan con el plus social del reconocimiento mayoritario (eso de estar para ver y ser visto), y se considera de buen tono kurturero aplaudir el espectáculo a rabiar aunque sea flojito como este Retablo de las Maravillas.

BREVE ANÁLISIS DE LO MÁS INTERESANTE

   Mudéjar: Sorprendente y lleno de energía el espectáculo de Miguel Ángel Berna que inauguró el festival. Ritmo de frontera, música de encuentro entre el flamenco y la jota aragonesa. Éxito a pesar de la espantada Aída Gómez, que con la excusa de que se estaba recuperando de un esguince, faltó a la cita.

   Donde el viento hace buñuelos: Otro magnífico texto de Arístides Vargas, que ya nos sorprendió hace unos años con Nuestra Señora de las Nubes. Extraordinaria interpretación de Rosa Luisa Márquez  y Charo Francés (del grupo ecuatoriano Malayerba). Aparte también nos regaló un curso de interpretación en el Centro Cultural El Palillero.

   El compromiso: Portentoso espectáculo de títeres a cargo de Axioma que cuenta con nostalgia y dolor una historia de tres generaciones de una misma familia que arranca en la guerra civil. La voz narrativa lo pone María Galiana y la extraordinaria dramaturgia la firma Carlos Góngora.

   La historia de Ronald, el payaso de McDonald: Defraudó el montaje de La Carnicería Teatro a pesar de la aureola que precedía a la compañía y el predicamento que tiene su director, el hispano argentino Rodrigo García. Teatro de la provocación directa, con insultos al público incluidos, y acumulación de montañas de detritus en el escenario, que manaban un pestazo insoportable. Propuesta muy vieja y burda, a mi parecer. En muchos momentos parecían querer emular los primeros espectáculos de La Fura dels Baus.

   Yo manifiesto: Son tres monólogos sobre el exilio, con distintos espacios y tiempos a cargo de maestros como Roberto Cossa, Silvia Dietrich y Eduardo Pavlovsky.

   Centivinticinc: Teatro de imágenes y acción con una fuerte dosis de violencia de parejas. Obra visual cargada de símbolos de nuestra cultura occidental, especialmente religiosos.  Escenografía muy barroca como es costumbre en Sémola Teatre.

   Albertina en cinco tiempos: Cinco actrices representan cinco periodos de Albertina, su protagonista. Tratan de conciliarse, convocadas por la mayor de ellas. Su director, Alberto Lomnitz, reivindica la vuelta  al teatro de texto con este trabajo.

   La mirada del avestruz: Pelotazo de la compañía L´Explose. Montaje de teatro-danza lleno de fuerza sobre la violencia cotidiana que sufre el pueblo colombiano. Recibió la mayor ovación del festival. Sin embargo, una entusiasmada alemana del público comentó: "En España no se aplaude: esto en Alemania habrían sido cuarenta minutos de aplausos".

   La originalísima historia del justiciero enmascarado: Versión tex-mex del Quijote de un juglar llamado Rubén Pagura. Propuesta del Quijote transubstanciado en figura de cómic, estilo Coyote, cabalgando por el desierto de Texas con su fiel amigo mejicano el indocumentado Sánchez.

   Mundo perfumado: Esta propuesta de danza de Primeiro Ato, brasileño, ha defraudado pese a la calidad que atesora y las expectativas creadas. Danza heterogénea, con un punto voyeur, donde eran más los actores que miraban que los que bailaban, alrededor de quince.

   Quijote: Una de tantas compañías que se han montado en carro de Cervantes en el cuarto aniversario de la publicación de la primera parte del Quijote. Esta versión de L´om-imprebís escrita por Margallo y S. Sánchez, es una correcta síntesis y casi fiel al texto de Cervantes, con dos horas y media de duración, dividida en dos partes. Estilo realista y trajes de época. En abril estarán en el Teatro Moderno de Chiclana. Cervantes sigue siendo hoy un cohete.

   La modestia y La estupidez: Dos espectáculos de la compañía argentina Patrón Vázquez, cuya duración respectiva es de 2,10 h. y 3,20. A pesar de ello, el ritmo es trepidante y no se hacen largas. Ha llegado a Cádiz con la garantía de su autor, Rafael Spregelburd, que es el último Premio Tirso de Molina.

   En un sol amarillo: Cumplió con creces las grandes expectativas que había levantado el Teatro de los Andes con representaciones anteriores como Ubú Rey y La Iliada. Es increíble como cuatro actores y unos pocos cachivaches que cabrían en el maletero de un coche pueden hacer el milagro de crear todo un universo. Por supuesto, con mucha imaginación y una técnica depuradísima. Esto es un signo de creatividad y genialidad al alcance de muy pocos.

   Nayra: Del Teatro de la Candelaria. La Candelaria es uno de los barrios más pobres de Bogotá, de allí se extraen los personajes protagonistas de esta obra. Teatro ritual, lleno de olores y exvotos, donde se mezclan chamanes y santones con móvil, la liturgia católica y el vudú... Muy bueno.

   El kosmos: De la compañía hispano-argentina Puja. Espectacular teatro de calle a cuarenta metros de altura. Acrobático en torno a una estructura cilíndrica que representa al mundo. Música en directo y cuarenta minutos de alucine en una hermosa y casi llena plaza de la Catedral, con un final de fuegos artificiales que dieron más relumbrón a las figuras que hicieron en el aire estos portentosos acróbatas. De lo mejor que se ha visto en mucho tiempo.

   El retablo de las maravillas: Quiso ser el broche de oro al festival, pero no pasó de cumplir el expediente esta nueva producción de Els Joglars, a pesar de que Cervantes sigue siendo genial como autor en estos tiempos y de que Boadella haya sabido interpretarlo con agudeza. Cervantes nos habló de unos pícaros que vendían humo y aire a la gente con su retablo y Boadella lo adaptó a nuestros días contándonos del camelo existente en el arte moderno, la religión, la cocina y la política. A pesar de los siglos, nada ha cambiado. Los pícaros de ahora utilizan otros métodos, pero nos venden lo mismo, humo.

   Hubo otros espectáculos, pero su falta de interés, o mi falta de espacio, hacen que pasen a un discreto segundo plano. Esto ha dado de sí la XIX edición del FIT. Veremos cómo viene el XX, número redondo. Aunque ésta es otra historia de la que hablaremos dentro de un año. Veremos...

EL ESPECTADOR ENMASCARADO


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