Puente Chico


Entrega del bastón de mando de Manuel Jiménez a José María Román.

Manuel Jiménez Barrios dio la espantada y se marchó a la Junta de Andalucía

José María Román, nuevo alcalde de Chiclana por la puerta de atrás

El PSOE vuelve a engañar a los chiclaneros por tercera vez, poniendo en la alcaldía a una persona que no se presentó como cabeza de lista

   Los rumores se confirmaron: Manuel Jiménez dejó la alcaldía y se fue a la Junta de Andalucía. Tres años tardó en tomar esta decisión, pero, al fin, se decidió a dar el paso y  sólo un año después de haber sido reelegido por segunda vez, cerró el petate y se marchó. No hubo sorpresa en el sustituto: José María Román. Los años de poner la cara para que todos los golpes fueran a él y no al alcalde, han tenido su justiprecio: la alcaldía.

   Manuel Jiménez se ha ido. De la alcaldía de Chiclana, claro, y a la Junta de Andalucía, como llevábamos años diciendo y él negándolo. Se ha marchado de tapadillo, sin dar la cara, suponemos que para que no se la afearan. No dio una conferencia de prensa para todos los medios de comunicación, sino que se lo filtró a un medio provincial, al que le filtran aquello que le interesa a su partido y a su equipo de gobierno. Su falta de respeto, elegancia y ética a los demás medios, clama al cielo, pero es algo que lleva haciéndolo muchos años y ya lo tienen asumido la prensa, radio y televisiones. Antes ya habían filtrado que podía ser consejero con Chaves, preparándonos para lo que se avecinaba sólo un mes más tarde.

   Aprovechó la Feria de San Antonio para hacerlo, fecha en la que los ciudadanos prestan poca o ninguna atención a la política municipal, ya que lo único que despierta su interés es la fiesta. Deja la alcaldía tras casi diez años y le han nombrado secretario general de Deportes, con rango de viceconsejero. Es un cargo para lucirse entregando premios y dando subvenciones a los ayuntamientos afines (los del PP lo llevan claro, como siempre). El consejero es el que parte el bacalao. Un trabajo tranquilo, sin agobios ni sobresaltos, el ideal para tener una jubilación política con buenos ingresos, manteniendo los beneficios y quitándose de encima los sinsabores y malos ratos que le daba la alcaldía de Chiclana.

MANUEL JIMÉNEZ, MENTIROSO

   PUENTE CHICO lleva más de ocho años llamándole mentiroso, con razón. Pero ahora pueden llamárselo todos aquellos que confiaron en su palabra antes de las elecciones, cuando les negó, como San Pedro, que fuese a abandonar el puesto en el Ayuntamiento. Manuel Jiménez es un mentiroso y sus palabras en los mítines, en actos públicos y entrevistas diversas así lo atestiguan. “Dicen que me iré –comentaba-, pero no hagáis caso porque nunca dejaré la alcaldía antes de acabar el mandato”. Mintió.

   Hace tres años, esta revista publicaba el resultado de una encuesta pedida por el PSOE, en la que se reflejaba que poner a José María Román de cabeza de lista podía llevarles a perder la alcaldía, que el hoy alcalde de tapadillo restaba votos en vez de sumar y que Jiménez debía seguir dos años más y presentarse a la reelección para evitar una catástrofe. Lo hizo, y desde esa fecha, Jiménez, siempre que tenía ocasión, lo refregaba, unas veces a la oposición y otras a este medio de comunicación, con esa sonrisa falsa tan característica.

José María Román disfrutando de su sillón. Tardó, pero ya es suyo.

ALCALDE EN LA SOMBRA

   Desde entonces, Manuel Jiménez pasó a un segundo plano y todo el protagonismo lo cogió Román. El alcalde estaba para lo bueno (no podía quemarse) y su hombre de confianza, para lo malo. Recordar lo de la tasa de bomberos y lo que sucedió con los fuegos artificiales, donde el primero se inhibió y todos los palos fueron para el segundo y Tere Varo. Jiménez, en estos tres últimos años, sólo se ha dedicado a sonreír mucho, y siempre para las fotos o la televisión. El trabajo, sobre todo el sucio, lo hacían los demás, especialmente Román.

   Tanta dedicación a una persona no podía pasar desapercibida para nadie. Si Román daba la cara para que se la partieran –como lo reconoció el día de la toma de posesión-, debía haber una buena compensación y ninguna mejor que el sillón de alcalde. Por eso se dejó criticar y que le dieran por todos lados. Era el escudo de Jiménez Barrios. Sabía que la recompensa lo merecía. Igual les daba a ellos y al PSOE mentir a los electores, a los militantes y a los ciudadanos en general. Lo único importante es la poltrona, y la forma de conservarla es lo de menos. Es la tercera ocasión en la que los socialistas chiclaneros engañan a su pueblo, que vota a una persona y después le ponen a otra.

NOS HAN DADO COBA

   Éste es el sentir de los chiclaneros. Desde que se supo que Jiménez se iba, muchas personas han mostrado su enfado por el engaño del ex–alcalde y de su partido. Esta forma de actuar no ha sido bien acogida por nadie (los socialistas no cuentan). No están conformes con la espantada de nuestro anterior regidor, y mucho menos aún con el sustituto, un hombre que no cuenta con las simpatías de nadie, pues en estos años que lleva de concejal se ha granjeado la enemistad y antipatía de casi todos. Hasta sus propios compañeros han padecido su irascibilidad y malos modos. Román, alcalde. ¡Qué peligro!

JIMÉNEZ Y ROMÁN, DOS PLAÑIDEROS CONSUMADOS

    El relevo político superó la película más melodramática. Manuel Jiménez, cuando estaba leyendo su despedida (curiosamente, calcada a la entrevista publicada el día antes en el diario al que le dan las primicias), se emocionó y comenzó a llorar. Casi no pudo articular palabra desde ese momento. Añoranza, cariño a su pueblo, lo mejor que le ha pasado en su vida, etc., etc., y lloro al canto. Si tanto quiere a Chiclana ¿por qué se va? Sobre todo de esta manera. Pero también lloró el hombre de hierro, el que no conoce la sonrisa, el déspota, el hombre de hielo: José María Román.

    Román también llora. No se sabe muy bien por qué, pero lloró, quizás para no ser menos que su alcalde, o por aquello de que “algo se muere en el alma, cuando un amigo se va”, aunque no se vaya lejos y se vean cada día, porque viven cerca y le tiene que rendir cuentas de lo que pasa en el pueblo. Pero nuestro nuevo y flamante regidor, además de deslumbrarnos con sus lagrimones, también fue capaz de esbozar tímidas sonrisas, aunque no le salían muy convincentes. Es algo que deberá aprender a marchas forzadas en los próximos meses. ¿Será eso a lo que se refiere cuando dice que “la gente va a conocer una faceta mía que creo le va a gustar”?
 

 

Manuel Jiménez, llorón en su despedida.

 

José María Román, llorón en su llegada.

DISCURSOS DEMAGÓGICOS

   La sesión de investidura fue tediosa y larga, con un calor insoportable. Los discursos no aportaron nada interesante. Todo lo que Manuel Jiménez había hecho desde 1994 fue bueno y lo que hará Román, todavía será mejor. Hubo una frase que sí llamó la atención. Echando la vista atrás, Jiménez aseguró que “sólo he tenido un momento amargo en estos años: las inundaciones de 1996”. Señaló que se sintió impotente, pero que actuaron rápido para solucionar ese grave problema. A la barriada del Carmen no se acercó hasta dos días después, y no les prestó la más mínima ayuda.

   Resulta curioso ese recuerdo, de hace ocho años, y que no fue culpa suya, pero se olvidó de otro mucho más reciente: los fuegos de 2002, donde cincuenta personas estuvieron a punto de perder la vida. Para ésas no tuvo recuerdo alguno. Ahí tenía mucha responsabilidad, o toda, por eso no se acordó de esos heridos, que la mayoría tendrán secuelas para el resto de sus días. Seguro que a pesar del olvido del ex–alcalde, los afectados se acordarán de él por los siglos de los siglos. Lo que les sucedió no se olvida fácilmente, aunque Manuel Jiménez y resto de concejales lo hayan borrado de sus mentes. ¡Vergonzoso!

ROMÁN, UNA GARANTÍA PARA EL FUTURO

   Como se esperaba, el cambio de alcalde no fue otra cosa que una sesión de autocomplacencia por ambas partes. Jiménez no tuvo rubor alguno en asegurar que “dejo un gobierno potente, estable y Román es una garantía para el futuro. Nadie mejor que yo sabe de su trabajo”. Ahí, en la última frase, lleva razón, porque el sustituto ha trabajado por los dos. “Chiclana –apostilló- queda en buenas manos”. Román no quiso ser menos y también se alabó: “Chiclana atraviesa el mejor momento de su historia”.

SER FELICES, DIÁLOGO Y TOLERANCIA

   Ésa es la pretensión del nuevo alcalde. Quiere que los chiclaneros seamos muy felices. Proclamó en su favor que era “una persona sincera, actuando desde la honestidad, de profundos sentimientos democráticos, uno más de la calle, cercano al ciudadano”, afirmando que “desde la alcaldía, ayudaré a los ciudadanos a que sean más felices”. Dijo también que llegaba con “voluntad de diálogo con la oposición” y que ofrecía “un gobierno prudente, tolerante, dialogante, para trabajar desde el más puro estilo chiclanero, es decir, desde la humildad, la constancia y la iniciativa emprendedora”.

   Y se quedó tan pancho. La persona más intolerante, menos humilde y menos dialogante que ha pasado por nuestro ayuntamiento en los últimos veinte años ofrece ahora, como alcalde, todo lo que no ha hecho en el tiempo que ha sido el que ha mandado en la Casa Consistorial. Arduo trabajo le espera a quienes tienen que cambiar su imagen en estos tres años que quedan hasta las próximas municipales. En los actos en los que ha tomado parte ya como alcalde, se le ha visto inseguro, como si aún no se lo creyera, fuera de lugar. Mucho tendrá que cambiar, e interpretar, para que el ciudadano le crea. Pasar de antipático a simpático, de intolerante a lo contrario, no es tarea fácil. Veremos un Román lobo con piel de cordero. Sonriendo siempre, amable... No le queda más remedio, por mucho que le cueste.

VISITAS CASERAS

   El ya alcalde nos sorprendió con otra de las perlas de su nuevo talante: “Que nadie se sorprenda que el alcalde le visite en su casa, para llevarles publicidad electoral o para saber qué piensan”. Ahora, de repente, se ha dado cuenta de que necesita hablar con los ciudadanos, de patear esas calles que nunca pisa (sólo en elecciones, y poco), de saber qué piensan y si le demuestran que está equivocado, cambiar. Esto es sospechoso, porque su amigo Chiqui nunca lo ha hecho –y él tampoco- en todos estos años que ha estado al frente del municipio.

    Suena a palabrería, que deja claro que ese cambio que pregona, no será tal, y que son palabras que se llevará, como tantas veces, el viento que tanto nos visita. De todas formas, yo estoy muy interesado en que me visite, que charlemos en torno a una taza de café o un refresquito (ambos somos deportistas y el alcohol no es bueno), que cambiemos impresiones, que nos explique por qué nos ha tenido vetados todos estos años y por qué ahora parece que está dispuesto a quitarnos el veto, siendo los mismos. Sólo un ruego: cuando venga, que lo haga solo, sin prensa ni asesores. Lo mismo cuando visite a otra gente. Si de verdad quiere saber lo que pensamos, debe prescindir de la parafernalia que le acompaña. El ciudadano de a pie se corta con las cámaras.

Algunas promesas incumplidas de Manuel Jiménez desde 1995.

LO QUE JIMÉNEZ NO DIJO, NI HIZO

   Manuel Jiménez se auto alabó en el discurso de despedida. Enumeró todo lo bueno que había hecho, citando logros que no son suyos, entre éstos la bajada del paro, que le compete a los empresarios, comerciantes y hosteleros, y que pese a todas las trabas que les ponen, siguen dando el cayo cada día. En las municipales del 95, hace nueve años, prometió en carteles que colocó en todas las farolas de la ciudad, numerosas actuaciones, que incumplió casi en su totalidad. Les ponemos un ejemplo. ¡Lo Vamos a Hacer!, pregonaban, y debajo reflejaba lo siguiente: Concluir la Plaza Mayor. Gran Plaza sobre el Iro. Nuevos aparcamientos. Relanzar el comercio. Estación de Autobuses. Ninguna de ellas, salvo el aparcamiento en solares como el de la Plaza Mayor, se han cumplido. Nueve años después seguimos sin nada de lo prometido por el PSOE y faltan unos años para que algo se termine.

   Tampoco habló Jiménez de las demandas judiciales que ha perdido por actuaciones ilegales en materia de urbanismo (Pinar de los Franceses), medio ambiente (dos veces dio licencias ilegales a los de las famosas carpas de Costa Sancti-Petri, según sentencia del TSJA), ni del deterioro de éste bajo su mando, ni de las ganadas por el anterior Jefe de la Policía... Sólo habló de lo bueno, buenísimo de la muerte, que es.


DECÁLOGO DE CONSEJOS AL NUEVO ALCALDE

   Para que luego no digan los socialistas que PUENTE CHICO sólo critica, pero no aporta soluciones, le vamos a dar diez consejos, para no cansarle, a José María Román, para que los ponga en práctica. Son realizables.

   1º: Deje la prepotencia a un lado.

    2º: Sea humilde y acepte las opiniones de los demás porque, aunque no sean de su casta política, también quieren a Chiclana y desean lo mejor para ésta. Ni usted, señor alcalde, (ni su partido) es el único que está en posesión de la verdad absoluta.

    3º: Visite a los ciudadanos en sus casas y barriadas, lleve papel y lápiz y tome nota de todo lo que le digan y vea, para solucionarlo.

    4º: Ponga remedio a esos problemas con la mayor rapidez posible.

    5º: No permita que sus concejales se comporten como lo hizo usted, porque deben servir y atender al ciudadano, que es el que les vota y, sobre todo, el que les paga.

    6º: Acabe con tantas barreras arquitectónicas como existen en nuestra localidad, empezando por el propio Ayuntamiento. Y ya.

    7º: No lleve adelante la impopular construcción del hotel de la Plaza Mayor. No engañe una vez más a los que expropió, y amenazó para que le vendieran, porque ese establecimiento no mejorará nuestro centro ni esa plaza. Frene la especulación urbanística.

    8º: Cuide el medio ambiente, no permita que se destroce más. Dicte medidas efectivas para acabar con los vertidos de escombros, en el Parque Natural de la Bahía, sobre todo.

    9º: Vaya por delante en las necesidades de la ciudad sobre educación, sanidad, infraestructuras..., nunca a remolque, como hasta ahora. Prevea el futuro, realmente, no en discursos que no llevan a nada.

    10º: No coloque a tanto amigos en puestos de confianza, con sueldazos por casi nada. Sea austero e invierta el dinero en necesidades sociales. Comer y vivir decentemente es más importante, y en Chiclana, señor alcalde, hay miles de personas pasando fatiguitas. No despilfarre millones en cosas banales. Ése no es el estilo chiclanero que pregona.

   Si cumple esto, estamos a su disposición para lo que necesite, y le apoyaremos cuantas veces haga falta. De lo contrario, nos tendrá enfrente, recordándole sus palabras de investidura y denunciando que no cumple con ese gobierno “al estilo chiclanero” que nos prometió el pasado 17 de junio. De usted, señor alcalde, depende.

PACO LÓPEZ


Recomienda este
artículo a un amigo

volver