Román por Jiménez, más de lo mismo

   ¡Habemus nuevo alcalde! Bueno, nuevo, nuevo, no, porque aunque el oficial era Manuel Jiménez, desde hace tres años el que mandaba era José María Román. Cuando quedaban dos años de mandato de la anterior legislatura ya se planteó el PSOE el cambio de regidor, pero aquella encuesta que encargaron les metió el miedo en el cuerpo al ver que si dejaban a Román al frente podían perder la mayoría en 2003, y ese lujo no se lo podían permitir.

   Así que nuestro sonriente alcalde tuvo que continuar muy a su pesar hasta finalizar los dos años que quedaban y, encima, presentarse a la reelección. Cuando dijimos en este medio que Jiménez se iba antes de acabar su mandato, no desaprovechó la ocasión para regodearse cada vez que tenía ocasión y, sobre todo, cuando estábamos nosotros presentes. “Dicen por ahí –comentaba sarcástico- que me voy a ir a la Junta y no terminaré mi mandato, pero eso no ocurrirá porque yo lo que quiero es ser alcalde de mi pueblo, que es lo mejor”. Los pelotilleros que le acompañaban empezaban entonces con sus bravos, olés y aplausos y el resto les seguía.

POR LA PUERTA DE ATRÁS Y A ESCONDIDAS

   Terminó ese mandato, se presentó otra vez y antes de las elecciones, dijo, muy alto y muy claro, en Fuente Amarga nos parece recordar: “No creáis a los que os digan que me iré a la Junta, que no acabaré mi mandato, porque es mentira”. Un año y dos meses después, Manuel Jiménez, el honrado, el que siempre dice la verdad, el que nunca dejaría la alcaldía para irse a la Junta, el que arengaba a los suyos para que repitieran lo mismo en todos los mentideros de la ciudad, se ha quitado de en medio sólo un año después de coger el bastón de mando por tercera vez. No ha esperado como Mier a que faltasen unos pocos meses para colocarse de por vida política en un puesto con buena paga y pocos quebraderos de cabeza, no, lo ha hecho doce meses después de tomar la vara.

   Desde hace tres años, Jiménez sólo estaba para las fotos y las inauguraciones y Román para que le partieran la cara. Las broncas para él y los aplausos para el alcalde. Tanta resignación y hacer de muro para que los problemas y escándalos no salpicaran al regidor ha tenido su recompensa y Román ya está donde aspiraba: en la alcaldía. Ahora deberá cambiar sus hábitos, sonreír continuamente, ser amable con los ciudadanos (dura tarea la suya) y buscar a uno que se preste a que le partan la cara en su nombre para no desgastarse. Por lo visto, ese puesto será para otro Jiménez, Juan Jesús, hombre de confianza del nuevo alcalde, al que trajeron para acá tras los líos de EGMASA y con la intención de que se olviden de él por un tiempo.

   Mier, Jiménez Barrios y Román han entrado por la puerta de atrás y han salido los dos primeros a escondidas, forma poco elegante teniendo en cuenta el cargo que ostentaban. El cambio no se notará porque siguen los mismos y harán lo mismo. Decíamos en otras ocasiones que si Román llegaba a la alcaldía, que Dios nos cogiera confesados. Recemos. La penitencia será larga.


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