Amancio Prada, cantante: “La poesía religiosa nace movida por lo divino, pero no tiene por qué tener a Dios por objeto”

   En abril tuvimos la dicha de disfrutar durante tres días de la presencia del berciano Amancio Prada. Fueron tres jornadas intensas, de poesía, de música, de arte, de conocimiento de una obra musical y poética de uno de los cantantes con la voz más bella que ha dado este país. Teatro Moderno y las iglesias Mayor y Jesús Nazareno fue el recorrido que hizo y Jesús Romero pasó a su lado esos intensos momentos, donde hubo largas conversaciones entre ambos. De éstas, y del coloquio que nos regaló en las Agustinas Recoletas, les ofrecemos esta interesantísima muestra de ideas y reflexiones, que nos acerca al alma del cantante leonés.

   -Hace unos años, ni muchos ni pocos, alguien directamente vinculado a políticas culturales municipales y, en su caso, también espesas, como decía el otro, afirmaba sin rubor, contra la posibilidad de una conferencia conmemorativa (no recuerdo de qué hacía exactamente cien años) acerca de San Juan de La Cruz, que esto era cosa de curas. Y tan fresco. Y uno pensaba en las vidrieras de la catedral de León, en el Pantocrátor de San Clemente de Taull, en el Cristo de Velázquez (el de San Plácido) que se encuentra en el Prado o en el que, más o menos el mismo, yace casi vivo en las páginas de Unamuno. ¿Es de verdad San Juan de la Cruz cosa de curas?

-San Juan de la Cruz es un místico, un enamorado de Dios, y a la hora de expresar ese amor a Dios no tiene otras palabras, como recurso, que nuestras palabras de cada día, nuestras palabras humanas que cantaron y cantan los amores más humanos. En consecuencia, el resultado es palabra de amor que puede cada cual entender a su manera.

    -¿A su capricho?

-Según su necesidad. Y con esta apropiación a la medida del receptor de sus versos ya contaba el santo. Porque San Juan de la Cruz, en su prólogo al Cántico, aseguraba que los dichos de amor mejor conviene dejarlos en toda su anchura, sin restringirlos con interpretación única, para que cada cual lo entienda desde sí.

    -Lo que no es obstáculo para que él mismo, en comentario en prosa a pie (pie de número enorme, por cierto) de verso, indique el sentido, no sé si suyo con exclusividad o si transferible, del Cántico Espiritual.

-Sí, resulta en apariencia paradójico. Pero, comentarios al margen (y también incluidos, por qué no), San Juan de la Cruz es el poeta que ha llegado más alto escribiendo tan poco. Setenta líneas y pico, quince o veinte páginas que contienen toda su producción poética. Y en ellas te encuentras con unas canciones (en estos términos habló siempre él de sus composiciones) entre el alma y el esposo. No conozco versos de amor más amorosos y bellos en lengua castellana que estos versos. Yo sabía que era un santo, sí, y acaso por eso, cuando me topé con él en el Bachillerato apenas si le hice caso, el mínimo y justo para pasar el examen. Y luego, claro, lo olvidas. No fue entonces cuando conocí a San Juan de la Cruz, sino años después en París a través del Cántico, ese poema de amor sin más, de amor humano o divino.

    -Y comenzó la música.
-Sí, casi desde el principio. Qué cosa más natural, me dije, que ponerle música al canto; qué cosa más natural que cantar las canciones del santo, sus Canciones del alma y el esposo  como él mismo las llamó. Toda la obra poética de San Juan de la Cruz tiene como referencia constante la música, se nota que fueron concebidos sus versos para ser cantados.

CÁNTICO ESPIRITUAL, UNA ODISEA PARA COMPONERLO

    Nos habla luego Amancio Prada de cómo los versos le llevaron a la vida del santo de Fontiveros, en la introducción de su obra completa publicada por la BAC primero, y luego, y sobre todo, a través de la obra que a San Juan dedicó Gerald Brenan, una vida, según Prada, más azarosa y aventurera de lo que pudiese pensarse al entrar en contacto con el sosiego de sus versos. Como muestra, nos contó la vida del santo durante la época en que redactó el Cántico, las circunstancias tan adversas en las que lo hizo.

    -O sea, que eso de malos tiempos para la lírica....
-¿Malos? Cuanto peores, mejores. O eso parece. Encarcelado y sin útiles de escritura, tenía que retenerlo todo en la memoria. Por lo menos al principio, hasta que un carcelero con más corazón que los anteriores se apiadó del fraile y le pasó recado para escribir. Así, cuando consigue escapar, lleva consigo parte del poema. Parte, digo, porque acabará de componerlo estando ya en Granada como prior del Carmen de los Mártires, enamorado finalmente de este sur donde vivió acaso los años más felices de su vida.

    -Y a ese poema, ya completo, te atreviste con tu música.

-Con esas canciones -matiza- me atreví. Descubrí los versos con sólo veinte años, y ya en 1973 había compuesto la música de casi todo, cantándolo entonces en un teatro para programa de radio, tipo Radio 2, no sé si me explico. Pero fue más tarde, y ya en Segovia, donde terminé la composición del Cántico, composición más o menos definitiva que estrené el Sábado de Gloria de 1977 en San Juan de los Caballeros, una iglesia preciosa.

    De hecho, suele comentar Amancio Prada que, entre otras alegrías, debe al Cántico la de haber conocido, gracias a él, los más bellos escenarios: templos, claustros, etc... En esta ocasión, en Chiclana, los versos del santo abulense le han llevado al neoclásico de la Iglesia Mayor y al Barroco del templo de Jesús Nazareno. Los versos del santo que ya no se limitan, en su trabajo de 2003 Canciones del alma, a sólo los versos del Cántico Espiritual.

POESÍA RELIGIOSA Y PROFANA

    Un asistente al coloquio que con el músico tuvimos en Jesús Nazareno, le pregunta que si, habiendo cantado tantas veces la lírica galaico-portuguesa, no le atrae la poesía religiosa gallega, y cita las Cantigas.

-No se puede cantar de todo, ni, mucho menos, todo. Además, en el caso concreto de las Cantigas no hablaría yo de música religiosa. Se conservan unas melodías que se interpretan como, más o menos suponemos, debían de sonar allá por la época. Y esto ya hay quien lo hace y lo canta muy bien.

    Ante la insistencia de quienes le piden oír las Cantigas en su voz, responde entre risas que sí, que lo hará, que cantará algunas de ellas pero más adelante, cuidando, eso sí, que quien escuche esta versión pueda entender lo que dicen las Cantigas, lo que cuentan, que con frecuencia se pierde en algunas de las versiones que se han llevado a cabo.

-Porque los retablos no se hacían con la finalidad exclusiva, ni primera, de hacer arte, sino para formar religiosamente al pueblo, para canalizar el conocimiento que las gentes en lo que a Historia sagrada se refiere, o a la vida de los santos y todo eso. Así, de la misma manera, las Cantigas tendrían seguramente esa función primordial en su origen, y conviene, para ser fieles al espíritu de la época, no perderla de vista.

    -Poesía religiosa y poesía profana, ¿así de nítidos los límites o hay porosidad?

-La poesía religiosa nace movida por lo divino, pero no tiene por qué tener a Dios por objeto. Por ejemplo: si eres creyente, cantar a la naturaleza es también cantar religiosamente. Y otro ejemplo sobre esa porosidad que decíamos: el conocidísimo verso  "muero porque no muero", que lo mismo utilizaron San Juan que Santa Teresa de Jesús, procedía de una canción popular, y fue desde esta procedencia que los santos la llevaron luego a su terreno.

    -Al cabo se trata de lectura y relectura, de dónde se encuentra uno situado ante la obra, de qué perspectiva en consecuencia participa.

-Sí, eso es, más o menos.

HACER LO QUE MÁS NOS SATISFACE

    -Y aunque sea así, que también lo será, serviría también esto, supongo, para cubrir las espaldas de un cantautor allá por la transición, cuando todos hacían tan otra cosa, salta por los cerros de Úbeda, y nunca mejor dicho, con los versos de un santo. Aun así, por mucho que indicaras la posible lectura en clave humana esos amores del alma y el esposo, alguna que otra voz en contra encontrarías.

-Crítica no hubo apenas, pero supuso, eso sí, una cierta sorpresa. Los amigos no lo entendían, ni siquiera los más cercanos. Como se trataba, además de un poeta, de un santo, muchos no se acercaban a sus textos. Más o menos, ya lo dije, como me pasó a mí en su momento. Otros, por el contrario, se acercaban a él precisamente porque se trataba de un santo y esto eclipsaba para ellos al poeta.

    -Decía Cela que este país es tan pobre que no da para dos ideas de una misma persona: si alguien es buen narrador no puede ser buen poeta. Y claro, como Juan de la Cruz es un santo...

   -El día que lo estrené fue, por cierto, el mismo día en el que se legalizó aquí el PCE: el 13 de abril. Y un dato contra las incompatibilidades absurdas que nos inventamos y nos limitan: el libro sobre San Juan de la Cruz de Brenan estaba editado precisamente por una editorial afín al Partido Comunista.

    Alguien, con poco tacto, le preguntó, con escaso camuflaje, si era creyente.

 -Un manzano da manzana y no sabe lo que da. Si algo puedo dar es mi afición a cantar que tengo desde niño. Poder hacer aquello que más nos satisface... ¡soy tan afortunado! Porque es lo mejor que uno puede hacer lo mejor que uno puede dar. Y si estos versos de San Juan me han traído hoy aquí, hasta vosotros, entonces le doy gracias a Dios y a todos los santos.

    Pues eso: que los versos del santo le trajeron a nosotros, y la Delegación de Cultura también, que dio manzanas los tres días que anduvo entre nosotros y que nosotros las gustamos más abriendo el apetito que saciándolo.

JESÚS ROMERO

 

  

 

 

volver