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Toma
de posesión del Intendente Mayor Jefe de la Policía Local |
La Policía
Local disconforme con las normas introducidas por el nuevo jefe
Casi toda la plantilla aportará una parte de sus pagas a Manuel
Domínguez tras serle retenido por el alcalde el 25% de su sueldo
Los
sindicatos policiales ya han mostrado sus quejas por el proceder del
mando elegido a dedo por Manuel Jiménez
La polémica suscitada tras la
controvertida designación de un miembro de la Guardia Civil, en
situación de no activo, para Jefe de la Policía Local de
nuestra ciudad, no ha hecho más que empezar. En la toma de
credenciales, el alcalde dio la magnificencia de la que le gusta
rodearse para resaltar sus actos más deslumbrantes, invitando a la
ceremonia a multitud de componentes de cuerpos de seguridad, Guardia
Civil, fuerzas vivas de la localidad, representantes políticos y
entidades vecinales, rodeándolo de un exagerado boato digno de otras
épocas, coincidente en el tiempo con la oscura decisión de separar del
servicio al anterior funcionario que ostentaba la Jefatura.
Lejos de olvidar todos los aspectos que
rodean estas cuestiones como es intención del equipo de gobierno, las
mantienen vivas y cobran especial interés hasta el punto que la
insistencia en detalles desconocidos podrán ser esclarecedores de cómo
van sucediendo los hechos.
Representantes de asociaciones
profesionales, sindicatos y otros entes han llamado la atención sobre
la existencia de manifiesta irregularidades en el comportamiento del
alcalde y miembros de su equipo de gobierno. Se ha señalado un
comportamiento dilatado en el tiempo, obedeciendo a unos parámetros
marcados, a un camino a seguir en una trama orquestada para retirar a
Manuel Domínguez al frente de la policía y propiciar que no se
cuestione el hecho de que un alcalde se pueda comportar de manera
caprichosa, al elegir al jefe de policía. Pero los sucesos parece ser
que se vuelven cada vez más en su contra. Todo Cuerpo, todo
funcionario policial engranado en la maquinaria de un colectivo al
servicio de la sociedad no puede sufrir ni estar sujeto a formas de
proceder que le consideren un inútil o un vago.
Tampoco que le den a entender que
desconoce sus obligaciones o es un indisciplinado por sistema. Pasado
los parabienes del aterrizaje del nuevo jefe policial han salido a la
luz las primeras quejas en la prensa. Pero la mayoría permanecen
escondidas. Estas lamentaciones marcan un síntoma evidente: el
malestar, el miedo, la incomprensión y la amargura de casi la
totalidad de la plantilla de la Policía Local ante la imposición,
contra natura, de un figura ajena al Cuerpo, a su
idiosincrasia, a sus valores y formas de entender el servicio, hasta
el punto que en los Carnavales ha trascendido que la denominación del
nuevo directivo (político, por supuesto, pues su nombramiento es a
dedo y está sujeto a cese cuando el alcalde lo crea oportuno ) tiene
que ver con el nombre de una bebida cuyo eslogan es Piensa en verde.
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Manuel Romero firmando tras la toma de posesión |
TEMOR DE LA PLANTILLA
Los policías locales son agentes de la
autoridad y su quehacer diario está en base a lo que esa autoridad
quiere de ellos en un momento determinado. En el periodo actual todo
conduce a pensar que esa autoridad elegida por el pueblo quiere que
sus funcionarios policiales no actúen con plena libertad, sino
coaccionados por el pavor a sufrir represalias si no hacen lo que el
mando nombrado les ordena, esté bien o mal, sea lo más adecuado para
la prestación del servicio, tenga lógica o no.
Cuando el miedo se instala como soporte de
una labor, se inhiben los comportamientos, se cercenan las ideas, se
frenan las iniciativas y se antepone el cuidarse de que puedan ser
castigados a buscar el bienestar de la ciudadanía y la consecución de
objetivos comunes. Eso está ocurriendo con la Policía Local. Sus
componentes están molestos, claman por el regreso de Domínguez y dicen
en privado que el alcalde, una vez más, se ha equivocado. No porque
haya hecho su santa voluntad, saltándose a la torera la Ley, sino
porque todo funcionario requiere un cuidado, un respeto, una
consideración a su trabajo y a su persona.
MALESTAR POR ALGUNAS MEDIDAS IMPUESTAS
Pero al alcalde le da igual que a un
agente de los más mayores se le mande a hacer su labor a un lugar
distante 8 kilómetros andando o en autobús cuando le pide a su nuevo
jefe un coche para desplazarse. De nada vale que luego, sabedor de que
ha actuado mal, rectifique y ponga ese medio a su alcance. El daño ya
está hecho. Pero al regidor le da igual que se impida que los policías
puedan acudir a la Jefatura para nada durante su jornada laboral, ni
tan siquiera para tomarse el bocadillo. Si quieren reponer las
energías, cosa que es necesaria cuando se tratan de ocho horas
continuadas de servicio, que se haga en el interior de un coche o en
un bar.
Olvida que en las propias normas de la
Benemérita se ha de facilitar tomar un refrigerio a los guardias como
obligación de todo mando. Pero a Don Manuel (Jiménez) se
la trae al pairo que se ordene que los policías no puedan abandonar el
sector que se les haya asignado para nada. ¿Y si ocurre algo que
necesite de su intervención en otro lugar que no estuviese cubierto?
¿Podrá acudir el policía o temerá que le puedan expedientar como a
Domínguez?. No es admisible que se les niegue a los policías en
prácticas que cobren por festivos y nocturnos, pues tienen derecho a
ello.
NINGUNEO A LOS SINDICATOS
Es absurdo que se les prohíba entrar en la
sala de transmisiones como si fueran apestados, ni que no se respeten
los métodos de toma de decisiones sujetas en la Policía Local a
negociaciones pues no se trata de un cuerpo militar, ni que no se
tenga la consideración debida a los miembros de éste. Le da igual que
la Ley diga que en los asuntos que afecten a las condiciones de
trabajo de los policías es obligado contactar con los representantes
sindicales y que no todo vale porque haya dicho que el nuevo jefe
tiene el respaldo del alcalde y del equipo de gobierno porque, a la
postre, está descubriendo que la razón principal de buscar a otra
persona es porque no querían respaldar la actuación de Manuel
Domínguez.
Y todo lo anterior contrasta con otra
situación que parece estar en las antípodas. La situación de respeto,
admiración y aprecio, mutuo por otra parte, que existe entre el
colectivo de la Policía Local hacia el Intendente Jefe Manuel
Domínguez, suspendido por el alcalde y sujeto a expediente
disciplinario por unos hechos de los que, como mínimo, hay que
reconocer que entran dentro del principio constitucional de presunción
de inocencia hacia el afectado y de los que, incomprensiblemente, el
Regidor tenía constancia hace muchísimo tiempo y no hizo nada.
APOYO ECONÓMICO DE LOS AGENTES A DOMÍNGUEZ
Por eso, fruto de la simbiosis y de la
comunión profesional entre la Policía y los que la inmensa mayoría de
la misma consideran todavía su Jefe ha surgido una iniciativa que,
lejos de mostrarse corporativista, muestra el lado humano de los
policías locales, quienes en ocasiones y en otros tiempos no muy
lejanos (aún hoy a veces) ponían dinero de sus propios bolsillos para
atender a necesitados. Es esa fuerza interna y cohesión la que la
mantiene activa y dispuesta aunque políticos interesados hayan querido
desvirtuar la buena labor de todos sus componentes y la que ha
propiciado que la práctica totalidad de la plantilla, en asamblea, se
vuelque para destinar parte de sus pagas a mitigar el sufrimiento de
Domínguez y su familia y a aportarle una cantidad de dinero que le
ayude a sobrellevar este otro trance por el que está pasando.
Es hermoso que de los 115 funcionaros de
policía que dice el Ayuntamiento que hay, únicamente diez no se han
sumado a esta iniciativa. La grandeza de la Policía Local de Chiclana,
no valorada suficientemente en su esfuerzo en los últimos años porque
los intereses del alcalde iban en la línea de desvirtuar el trabajo de
Domínguez, obstaculizándolo e impidiéndoselo, para finalizar la
corrida con una triste faena de aliño, está no solamente en que
buscan la mejora profesional, personal y mayor formación sino en
mostrarse solidaria, al margen de cada forma de pensar, de hacer o de
sentir, cuando existe un compañero, aunque sea el Jefe, al que les
consta que se le ha tratado injustamente y se quiere mostrar a la
ciudad como lo contrario de lo que es.
Por cierto, en marzo está previsto que el
Intendente Mayor, Manuel Romero, y el subinspector Agustín
Lucena, asistan a un curso en Madrid. A Domínguez, el PSOE le
denegó todos los que solicitó. Saquen conclusiones. En abril se darán
datos, fechas y detalles precisos y concretos sobre la trama urdida
para expedientar y suspender a Manuel Domínguez.
J. ARAGÓN |