Lluis Llach


 

Lluis Llach, cantautor: “Mis letras siguen vigentes porque el mundo está cada vez peor en derechos fundamentales

   El cantautor catalán Lluis Llach vino a Chiclana el pasado 9 de noviembre a presentar su último trabajo discográfico, Jocs (Juegos). Tuvo que irse dos veces a París tras prohibirle el franquismo dar conciertos y ser encarcelado por subversivo y defender el catalanismo, es antimilitarista y ha sido nombrado por la UNESCO Artista por la Paz. Sus canciones fueron himnos a la libertad y la paz en los años 70, siendo L’estaca su canción más emblemática. Ha publicado 29 discos y cantado en todo el mundo, siempre contra el fascismo y defendiendo los derechos humanos.

    Hablamos con él de su trabajo, del mundo al que él cantó y al que le canta ahora, que aunque pueda parecer que ha cambiado mucho, las letras de entonces siguen estando vivas y tan reivindicativas como antaño. A sus 54 años, sigue en plena forma de voz y de rebeldía, y su concierto fue una delicia para el oído y los sentimientos.

           

   -Lluis, siempre has sido muy crítico con los políticos y lo sigues siendo. Una de tus canciones va dedicada a un político de los años 70, y con Rodolfo Martín Villa tuviste serios problemas cuando era gobernador de Barcelona.

-Hubo varios políticos que me persiguieron, pero Martín Villa ocupó un sitio especial. Fraga también. Este último, cuando pasó lo de Vitoria, hice Campanades a morts y no le gustó demasiado. Son cosas del pasado. A veces viene gente joven a los recitales y los abuelos deben explicarles las batallitas para hacer memoria, y a mí me gusta eso.

    -En 1970 actuaste por vez primera en Madrid, en el Teatro Español. Te vetaron durante cuatro años porque decían que revolucionabas al público con la mirada. ¿Eso cómo se puede hacer?

-Nunca me han echado un piropo tan guapo. Lástima que me lo estaba leyendo un policía no muy guapo, precisamente. Me dijo una frase con una palabra que es preciosa: Que con la mirada soliviantaba al público. Y pensé que estaba muy bien. Le dije que si quería y no me lo prohibía, podía cantar con gafas oscuras, pero no estaban los tiempos para bromas.

   -Ésa fue la primera ocasión en que te fuiste exiliado a París.

-La palabra exiliado no la acepto porque los exiliados de verdad son los de hace treinta años. Allí me encontré con gente de todo el mundo, desde Argentina o Grecia a países asiáticos o americanos. Hice amistad con cantantes que se encontraban en esta ciudad, como Paco Ibáñez, Mercedes Sosa, Inti Illimani o Atahualpa Yupanqui  y los monstruos de la canción francesa, que nos ayudaron bastante. Los desgraciados del mundo unidos estábamos allí. París era una especie de universidad, de casos muy distintos aunque con la referencia del fascismo.

    Eran casos distintos de culturas distintas, que intercambiábamos y nos admirábamos mutuamente. Colaborábamos muchísimo. Francia, a pesar de todas las críticas que se le hacen, es una sociedad muy solidaria, a menos con los problemas de los demás. No sé si son capaces de ver los suyos. Organizaban festivales a favor de la libertad en Grecia, y todos para allá. Lo hacían a favor de España, y lo mismo. Al final éramos como una familia y nos preguntábamos que cuándo volveríamos a nuestros países. Poco a poco fuimos volviendo y ahora nos vemos de vez en cuando. Fue un buen aprendizaje.

MONOPOLIO DE LA FUERZA

    -¿Han cambiado mucho los políticos de entonces respecto a los de ahora?

-No. Lo que ha cambiado es la formulación política. Antes había dictaduras y ahora existen democracias, pero los problemas fundamentales del ser humano están ahí, con la misma intensidad. La miseria, la pobreza, la desigualdad, la injusticia social, la falta de derechos humanos esta aún peor, sobre todo después de la subida de Bush al poder. Este señor, en menos de un año, con la excusa de las Torres Gemelas, que fue una animalada, después de lo que está haciendo, deberían hacerle un monumento a Bin Laden o que la CIA le pagara a éste, porque el presidente de Estados Unidos ha instaurado una especie de monopolio de la fuerza internacional. Se ha cargado el derecho internacional, lo que es gravísimo y eso poca gente se lo comenta.

   La situación actual en el mundo es gravísima. Aunque nosotros tengamos el sentimiento de que estamos mejor que nunca, en realidad, en derechos individuales no es así, estamos peor. El periodo de guerra está en pleno apogeo, aparte de las programadas ya, como la de Irak, que se está preparando desde hace unos meses, y que estamos asistiendo todos como si fuese un circo romano, a un espectáculo que es una guerra, que nos dicen que será limpia y que es necesaria. Qué vergüenza. Y que es justa. Qué vergüenza. De que la ganaremos. Qué vergüenza.

    En esta tesitura, los ciudadanos que imaginamos y deseamos un mundo mejor, nos hemos de movilizar lo máximo posible para que se note que hay alguien que dice ¡no!. Hay también un vacío de intelectualidad increíble, intelectual como referencia y como crítica al poder. Los intelectuales de hoy en día están comprados normalmente por el poder mediático, que ya no es el cuarto poder, sino el primero o el segundo, y ya no hay referencias para la gente. Ésta se organiza de forma despistada y es curioso, porque nunca ha habido tanta militancia como ahora. No es verdad que en los 70 o los 80 hubiese más militancia. Nunca tanta gente se ha organizado como ahora.

NEOFASCISMO Y VOTOS PATRIOTEROS

   -Tenemos el ejemplo de hoy, día 9 de noviembre, en Florencia.

-Exactamente. Medio millón en Florencia hoy y hay millones de personas movilizadas en cosas muy diversas. No se ha encontrado aún una fórmula que ataque directamente al sistema, que ponga en cuarentena al poder y, sobre todo, a los que gobiernan, a los poderosos. Al mismo tiempo, la derecha en el poder lo que hace es maximalizar el terror, el miedo, porque eso es lo que le da votos. Eso pasa en todos lados.

    Bush magnifica el terrorismo internacional porque le da muchos votos. Ahora hay una crisis económica en Estados Unidos que es un reflejo del fracaso de su gestión, por lo que está organizando una guerra para que le den votos patrioteros, y la va a hacer antes de dos años, y es fantástico. Los políticos europeos tendrán que asistir a eso, a una campaña electoral a través de una guerra en Irak, si este país no sabe zafarse de todo esto. Irak está mandado por un dictador, como muchos de los que Estados Unidos ha apoyado. Es un panorama muy triste.

    -Y los políticos occidentales le apoyan.

-Es que en este apartado te encuentras con personajes de una mediocridad extrema, como Berlusconi, que están en el poder por obligación, porque huyen de la Justicia. Y Chirac lo mismo, que no puede salir de la presidencia del gobierno francés, porque si sale le esperan los jueces por sus desfalcos, presuntos, en París. Y Bush campeando a sus anchas.

    Y aquí tenemos ese neofascismo del Partido Popular, los Píos Cabanillas, los Aznares, los Trillos..., que hacen estas cosas y dicen frases como una misma sangre, una misma bandera... Desde los tiempos de Carrero Blanco no se habían escuchado. Tienen una mayoría absoluta que les permite hacer lo que les da la gana, promulgando leyes para la educación sin consensuar, parando los procesos autonómicos maximalizando, aquí como en EE.UU., el terrorismo en Euskadi, para poder frenar dicho proceso, etc., etc.

LETRAS TODAVÍA VIGENTES

    -En el año 1976, en el concierto que diste en Barcelona, las letras de las canciones que interpretaste hablaban casi todas de recuperar la libertad (dos meses antes había muerto Franco) y de no a las guerras. Esas letras, por lo que estás diciendo y lo que está pasando, hoy están más vigentes que nunca.

-En profundidad, los problemas de los seres humanos no se han arreglado, ni mucho menos. Algunos, incluso, se han deteriorado. Por ejemplo, el derecho internacional, que a pesar de la hipocresía que muchas veces encerraba, tenía unas reglas del juego y dónde estar entre los países poderosos y los pequeños. La desaparición de este derecho es abrir la caja de Pandora, y, encima, nadie dice nada. Los alemanes de vez en cuando. Dentro de diez años, aunque ya es actual, Europa se convertirá en el mayor enemigo económico, porque en el militar no lo hay, de EE.UU.

    Pero ellos ya lo saben, y aquí estamos encantados de la vida. No es la India, Rusia o China ese enemigo, lo es Europa, que es la única que puede competir con ellos. La formación de ésta, si es exitosa, traerá unas consecuencias que los europeos no sabremos afrontar. Ahora vamos con una gran inocencia. El que lo tiene más claro es Blair, con esas lamidas de culo que hace, porque sabe que empezamos a ser los enemigos de EE.UU. y él quiere demostrarle que no, que somos serviles. El panorama mundial está muy raro. El capitalismo, desde la caída del muro de Berlín, lo único que ha hecho es demostrar su fracaso. Era la contraposición al socialismo tecnócrata y estalinista, pero ahora campa a sus anchas y los márgenes de miseria han aumentado considerablemente también. Según informes de la FAO y la UNESCO, el 90% de la población mundial es pobre de necesidad y gana menos de un euro al día. Es dantesco.

    -Acabas de cantar en el Liceo, ante mucha gente. Para un cantautor de la talla de Lluis Llach ¿qué supone venir a cantar a un teatro de cuatrocientas butacas, cuando lo has hecho, por ejemplo, para cien mil personas en el Nou Camp?.

-Yo tendré la cabeza pervertida, pero como soy un niño rural, no es sólo una obligación sino nuestro placer, llevar un espectáculo de una cierta dignidad a sitios que están fuera de los grandes circuitos. A mí me encanta y tengo la filosofía de que además de hacer Liceos intento siempre que me den pueblecitos y fiestas mayores, que es donde tenemos que estar.

ÉTICA, ESTÉTICA  Y COSMÉTICA

   -Vienes con una discografía íntegra en catalán y la gente lo entiende perfectamente.¿Por qué un pueblo de castellano parlantes te entiende?

-La música tiene ese raro privilegio, es un lenguaje lleno de sensualidad que traspasa la racionalidad, y ésta es su gran suerte. Es lo que nos permite ir a cantar a París, aquí en Chiclana y mañana donde vayamos. Cuando componemos música lo hacemos a partir de fantasmas interiores. La gente tiene unos puntos de referencia que son los vocales, por qué una voz gusta o no gusta es un misterio, o por qué una melodía que se hace con doce notas, las siete y las variantes, sobrecoge a la gente, la hace volar, etc. Cuando yo empezaba sólo quería hacer dadada dadada. Yo oía cantar a Mahalia Jackson y Jacques Brel y me emocionaba escuchándoles.

   -Se dice que tu voz es una de las menos castigadas por el tiempo. Sigues cantando perfectamente, con una belleza de registros muy variados, que en muchos cantautores suele ser normal y escuchado uno, escuchados todos. Tu voz siempre sorprende, incluso dentro de una misma canción hay secuencias distintas de una pieza. ¿Requieren las verdades terribles la belleza y eso las suaviza para poder escucharlas o las subraya? ¿Qué papel juega la belleza en todo esto?

-La voz es un instrumento magnífico del que soy admirador y practicante tanto como pueda. Estudié muchos años canto clásico, más de veinte, por curiosidad, por placer. La dicotomía estética-ética no existe. Cuando a mí algo me conmueve es cuando la estética está al servicio de la ética y la ética es la manera de hacer estética, pero de ideas. Con mi trabajo pretendo eso, no sé si lo consigo. Los que nos llaman cantantes de protesta, que yo asumo con orgullosa resignación, en realidad no hacemos más que canciones de amor. Cuando uno lucha por la igualdad es por amor, cuando lo hace por el tercer mundo también es por amor. Siempre cantamos canciones de amor, amor a la humanidad.

   -Dicen que ya no se pueden cantar canciones de amor éticas-estéticas sino cosméticas canciones de pseudoamor frívolo. Tus canciones tocan todo. La soledad es uno de los grandes problemas del ser humano, el amor y el desamor. También has citado el problema de los ancianos.

-Cuando un compositor hace melodías merece ponerlas al servicio de los viejecitos y de los ancianos. Entonces coge una dimensión rara. Es como si volases, pero con unas alas muy seguras porque estás tocando material de una sensibilidad y labor social increíbles, y al mismo tiempo debes intentar poetizar y conseguir que la gente, incluso los que no están de acuerdo, que es a los que más me dirijo, a través de la belleza y del tema tratado se conciencien de lo que pasa. Quizás esos que se escandalizan por ver a sus abuelos besándose, algo que es muy habitual, desgraciadamente, cambien su forma de pensar al oír una canción mía que habla precisamente de eso. Ése es mi gran triunfo.

UTOPÍA

   -Citabas también en una canción el sida, que se ha convertido en una enfermedad crónica en occidente y que está pasando al olvido. ¿La aparición de medicamentos que lo controlan puede haber ayudado a que comprendan que es una enfermedad y ha empezado a perderse parte de esa vergüenza y ese rechazo que había?

-El motivo es que ya no estamos a prueba. Ya no nos sentimos en peligro de muerte. Cuando nos sentíamos así no éramos capaces de comprender, de acompañar. Es una enfermedad peligrosa, pero ya no es mortal. El ser humano es así y debemos asumirlo, jugando con este material imperfecto que somos.

   -En otra de tus canciones, de un poema de Kavafis, hablas de la homosexualidad. En televisión se nos sigue enseñando ese mariquita gracioso que se permitía hasta en la época de Franco en el cine y los espectáculos. ¿Qué ha cambiado en todo esto?

-Vamos muy despacio y hay mucha hipocresía en decir que se asumen las cosas. Por ejemplo, ese chico guardia civil, que ha reivindicado el derecho a vivir con su novio en el cuartel, no quiero ni imaginar cómo lo van a tratar. Habrá recochineo. La sociedad y el ser humano ha de ser consciente de que todo es perceptible. Esto no nos debe llevar al desánimo. Digo en una canción que nosotros somos la utopía realizable de nuestros bisabuelos, que nunca habían soñado con que las mujeres trabajaran o que tendrían libertad de expresión, aunque vigilada, que tendrían una cierta libertad sexual...

   -La utopía, entonces, no es ensoñación...

-Utopía es trabajar mucho. Es la gasolina que te hace mover. Lo utópico es un ejercicio de realismo pero con futuro.

   -¿Una verdad tempranera, con futuro, a lo mejor?

-Pues sí. Vosotros aquí sois más poéticos (risas). Os viene de lejos.

FIDELIDAD A UNA LENGUA

   -En 1986 iniciaste un proceso judicial contra Felipe González, entonces presidente del Gobierno, por violación de promesas electorales por la entrada en la OTAN. ¿En qué quedó la cuestión?

-El juez aceptó la demanda y hubo juicio. Felipe González no se presentó y envió al abogado del Estado. El juez hizo una sentencia diciendo que no podía sentenciar a favor mía porque ni en el derecho español ni en el comparativo europeo había encontrado una ley que me pudiese dar la razón. Era un escrito muy majo. Decía que tenía razón social, pero que a muchas razones sociales no les correspondía una razón jurídica, que me agradecía mi demanda porque de alguna manera así participaría en crear un ambiente de que a toda razón social le correspondiese una razón jurídica, y me hizo pagar las costas del juicio a medias con Felipe, incomprensible porque todo lo tenía que haber pagado yo, ya que no pudo sentenciar a favor mía. La gente, aquí, se lo tomó a cachondeo y, sin embargo, ha estado siete años estudiándose en la Universidad de la Sorbona, en París.

   -Cuando empezabas, rechazaste un contrato de la CBS porque te obligaban a cantar en castellano.

-Rechacé dos millones de pesetas de entonces (año 68. Después firmaría por un pequeño sello que tenía como objetivo mantener viva la lengua catalana frente a la dictadura franquista).

   -Esa fidelidad a una lengua recorta un público potencial y la parte de negocio. ¿Cómo se vive y se asume esta circunstancia?

-A mí eso siempre me importó un pito. Lo que sí me sabe mal es no poder comunicar directamente con infinidad de gente que está abierta a escucharme en catalán, y que yo, por correspondencia, cuando alguien me hable en catalán, inmediatamente me ponga a hablar en castellano. Me ha dolido siempre mucho que personas de una gran educación cultural, como las que han estado hoy aquí en el teatro, que han comprendido que cantaba en una lengua que ellos no entendían, hayan tenido la generosidad cultural de permitírmelo y me gustaría corresponderles. Yo pertenezco a una cultura muy pequeña y ésta no tiene sitio para sobrevivir, y si yo puedo aportar un patrimonio musical y de letras para que la gente de mi país pueda cantar y tenga un punto de referencia, me doy por satisfecho.

   Nosotros también. Ha sido un placer.

JESÚS ROMERO Y PACO LÓPEZ