Aquí quieren hacer un nuevo campo de golf

Campos de golf: Verde que te quiero verde

   Cualquiera que lea semejante titular, pudiera aventurar que una se refiere a la especulación inmobiliaria, pura y dura, que va asociada a la nueva moda andaluza de  los campos de golf. Verde, no por el  color del césped sino por los antiguos billetes de mil pesetas. Me trae aquí un artículo publicado en Chiclana Información, el pasado 23 de febrero con, más o menos, el mismo título cuya autora es una tal Anate Rivera.

   Aún sigo perpleja y dudando si merece la pena hablar sobre las idioteces y la ignorancia de la que esta señorita hace gala. Básicamente se preguntaba ella cómo era posible que los ecologistas “se pronuncien en contra de los campos de golf” y cómo se podía “compatibilizar el hecho de defender la naturaleza con la oposición a los campos de golf”.  

    Así lo dijo y sin ponerse colorá. Su ingenuidad, propia de una estudiante de 2º de ESO, le lleva a decir la misma tontería y mentira que machaconamente repiten muchos políticos: que los campos de golf se riegan sólo con agua reciclada. En Chiclana, y no sólo en nuestro pueblo sino en casi toda Andalucía, el agua reciclada no llega al 20% de toda la que necesitan estos enormes espacios verdes de césped levantados, habitualmente, sobre suelos artificiales. Para desgracia nuestra, Andalucía, una de las regiones de Europa con mayor déficit hídrico, más azotada por la sequía, se ha convertido en la comunidad con más campos de golf de todo el viejo continente.   Y a esto muchos políticos profesionales le llaman desarrollo sostenible.

VERGÜENZA E INDIGNACIÓN

    Y para mayor inri junto al mar casi todos. Yo, que milito en un grupo ecologista desde hace cuatro años, no tengo nada contra de este deporte. Mis padres han sido grandes aficionados al golf, deporte que, hasta que se vinieron a Chiclana, han practicado con asiduidad. Ya no juegan más. Ahora –sólo por las razones que exponía más arriba- se sienten avergonzados, indignados,...porque se derrocha y malgasta la poca agua que hay, no para las necesidades básicas de la gente de aquí sino para los que, como ellos, vienen de fuera. Las ventajas estéticas y espirituales que proporciona la práctica del golf, tal como ñoñamente describía la señorita Rivera en su artículo,  para mis padres se han tornado de otra índole bien distinta.

    Allí, en Francia, sin la escasez de agua que aquí se padece, ellos practicaban el golf en campos de tierra batida. Campos que, ni que decir tiene, apenas necesitan  agua. Por eso no estoy, a priori, contra los campos de golf sino contra el modelo de campo de golf anglosajón, por ser el menos adecuado para esta bella y seca región. Y desde luego también estoy en contra de los campos de golf cuando para construirlos, como en el caso del Novo Sancti-Petri, destrozan una linda masa boscosa de más de tres siglos de antigüedad. Yo le pediría, con la misma candidez con la que ella escribió su artículo, que la próxima vez que se ponga a redactar unas líneas que se informe un poquitín y que no muestre esa arrogancia cateta propia de algunas instruidillas, como dice una conocida y reconocida escritora catalana.

OFELIA RAMÍREZ DUTREAU- Socia de ECOLOGISTAS EN ACCIÓN

 


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