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MIJAS, PUEBLO BLANCO ANDALUZ DE ENSUEÑO
Mijas está en plena Costa del Sol, a siete kilómetros de Fuengirola y a unos veinticinco de Marbella y Málaga. El término municipal se divide en Mijas pueblo, Las Lagunas y La Cala. Su enclave es privilegiado, pues sirve de espectacular mirador de lo que hay a sus pies. Llegar hasta allí es fácil. En Málaga hay aeropuerto y son pocos minutos los que se tardan en acercarse a este bonito pueblo. Por sus calles han paseado millones de personas, pues siempre ha sido uno de los preferidos en las rutas turísticas de esta zona. Por esas empinadas vías pueden verse miles de turistas cada día, de todas las nacionalidades y razas, abundando los japoneses. Como dato curioso resaltar que los sábados se reúnen allí cientos de musulmanes, de ambos sexos, provinientes de los pueblos y ciudades cercanas. Es el día que aprovechan para conocerse e, incluso, para entablar relaciones los más jóvenes.
Dicen que fueron los turdetanos los que fundaron Mijas. Pertenecían a la civilización tartesia. En tiempos de los romanos fue usada como fortaleza para vigilar la costa, ya que desde allí se divisaba todo, pues se encuentra en la sierra del mismo nombre, a más de cuatrocientos metros de altura. El recinto amurallado se cree que estuvo donde ahora se ubica la iglesia principal y la plaza de toros. El nombre que le dieron entonces fue Tamisa, pero los árabes la bautizaron como Mixa. Éstos ampliaron el núcleo urbano, muy pequeño entonces, así como las murallas, pudiéndose ver algunos restos de ellas actualmente. Cinco años antes de la caída del reino nazarí de Granada, Mijas fue conquistada por los cristianos, convirtiéndose posteriormente en Capitanía General. Los cristianos que llegaron del norte con el objeto de repoblar esta zona, se mezclaron con los musulmanes que se quedaron. Su lealtad a Juana la Loca en la guerra de las Comunidades le dio el título de villa y quedar libre del pago de tributos.
Las calles empinadas aconsejan un paseo tranquilo, sin prisas, disfrutando de las casas blancas, de sus patios y, lo más importante, de sus gentes, sencillas y amables a pesar de la invasión turística. Esta villa conserva todavía parte de sus tradiciones, aunque ahora vivan casi exclusivamente por y para el turismo. No obstante, perduran las construcciones de siempre, sobre todo en el centro, con sus rejas negras y sus macetas de flores. Los edificios que se han ido incorporando a través de los años mantienen un tono acorde con el entorno, siendo una villa antigua y moderna a la vez, predominando el color blanco inmaculado. Sus calles están limpísimas y sus plazas llenas de flores y plantas. Pasear por Mijas es un gozo para los sentidos.
Algo que recomendamos es un paseo en burro por las calles del centro del pueblo. Es una experiencia que, para muchos, será inolvidable, pues estos animales están en vías de extinción, siendo éste uno de los pocos sitios donde podrá darse ese gustazo de montar, recordando épocas pasadas. Después, a pie, puede hacer el siguiente recorrido: Subir desde el Ayuntamiento (de bonito diseño), hasta el mirador del Compás y la ermita de la Virgen de la Peña, patrona de Mijas, cuya fiesta se celebra el 8 de septiembre. La ermita está excavada en una roca, es pequeña pero coqueta, con muchas flores. Al lado está el mirador citado. Dice la leyenda que la imagen de la Virgen estuvo oculta durante cinco siglos, siendo descubierta por un albañil, padre de dos pastores a los que guió hasta el lugar una paloma. Dicha ermita la construyó en el siglo XVII un padre Carmelita.
Uno de los mayores atractivos de Mijas es el museo etnográfico. Se encuentra situado en pleno centro, al lado de la iglesia de San Sebastián. El edificio albergó el antiguo Ayuntamiento y en él se pueden ver aperos y herramientas de los trabajadores del campo. Hay reproducciones de dos molinos de aceite (hubo veinticinco en el pueblo), una bodega, una panadería, habitaciones de las casas como eran hace varias décadas, con todos sus utensilios, tanto de cocina como radio, cuadros, fotografías antiquísimas, con ese color sepia tan especial; orinales, espejos, mesas, armarios y camas, sin olvidar otros aspectos decorativos y los colchones de antaño. Recorrer sus dependencias es retornar al pasado, muy cercano todavía para algunos.
Se puede visitar también la ermita de Nuestra Señora de los Remedios, en el barrio de Santa Ana, del siglo XVIII. En este barrio está la plaza de los Siete Caños. Es una muestra del pueblo blanco andaluz, muy bien conservada a pesar del paso de los años. Frente al museo etnográfico tenemos la iglesia de San Sebastián, de finales del siglo XVII. Se levantó cuando estaba en ruinas con las limosnas de 12 reales. Su interior es bellísimo. De esa ermita nace la calle del mismo nombre, una de las más pintorescas y empinadas del pueblo. Otro recinto religioso que hay que ver es la ermita del Calvario, en la falda de la sierra de Mijas, a la que hay que acceder a pie, a través de un sendero con una densa arboleda. La ruta hasta este lugar está marcada con cruces de hierro. Fue construida en 1710 y era el retiro espiritual de los Carmelitas. Aunque sólo está abierta el viernes de Cuaresma, el paseo merece la pena, sobre todo por la vista que hay desde allí.
A los amantes de los toros les recomendamos la visita al museo taurino, propiedad del matador Antonio José Galán, fallecido recientemente en accidente de tráfico. Todo lo allí expuesto pertenece al maestro, con diversos trajes, muletas, espadas, fotografías, capotes, etc. Galán regentaba desde hacía bastantes años la plaza de toros de la localidad. Fue famoso en los años 70 y su característica más importante era el valor que demostró durante toda su carrera. Se arriesgaba hasta el suicidio, siendo cogido en numerosas ocasiones por el morlaco que le tocó en suerte. Ponía el grito en las gargantas cada vez que entraba a matar, ya que en vez de usar la muleta para distraer al animal mientras le clavaba la espada, lo hacía a pecho descubierto, lo que solía producirle graves consecuencias debido a las cornadas recibidas al ejecutar esta suerte. Por ello fue muy querido y admirado, recibiendo el apodo de Loco Galán.
Uno de los problemas con los que no se encontrará en Mijas es la falta de hoteles y restaurantes. Claro que si va en verano, sobre todo en agosto, debe reservar antes habitación, porque la demanda es muy grande en esa fecha, como en toda la Costa del Sol. Puede encontrar desde hoteles de lujo como Byblos, en Mijas Costa, Tamisa Golf o La Cala Resort, todos con excelentes campos de golf (este último está a ocho kilómetros de la Cala de Mijas, en una zona paradisíaca, en pleno monte), el hotel Mijas, en el mismo pueblo, y el Puerta del Sol, en la subida hacia la población. Para los bolsillos más ajustados están el hostal Mijas y la pensión del mismo nombre, así como el Hostal del Mirlo Blanco, al lado de la plaza de toros. En Fuengirola y zonas colindantes hay muchos hoteles y hostales, así como campings (Los Jarales, en Calahonda, Mijas Costa). Para comer tampoco tendrán problema. El único inconveniente es que tanto turismo ha traído el aumento de precios, sobre todo en los restaurantes cercanos a la plaza de toros, donde la relación calidad-precio está bastante desajustada. En cambio, frente al Ayuntamiento, hay varios restaurantes (Las Rejas entre éstos) que sirven buen pescado y comida de calidad por precios asequibles, con menús que no superan los 6 €. Ésta es quizás una de las cosas negativas del turismo, pues han desaparecido casi todos esos entrañables bares y tascas. Las comidas, excepto en estos lugares, están encaminadas al turista y éste ya se sabe, mucha ensalada, hamburguesas y miles de raciones de patatas fritas, y a precios de ternera. Para gente con buena economía este problema no existe, pues hay excelentes restaurantes en toda la zona. (Clic en la foto para ampliar)
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