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El esplendor de los Omeyas cordobeses, el arte y poderío de una dinastía que marcó una época en al-Andalus |
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Dos son los lugares donde se pudieron visitar los tesoros expuestos, el edificio Basilical de la terraza alta y el Salón de Adb al-Rahman III (Abderramán III), conocido también como Salón Rico. En el primero hay piezas procedentes de numerosos lugares donde los Omeyas estuvieron presentes en Oriente. El capitel de mármol del Museo Nacional de Damasco, estucos de los palacios del desierto o las Figuras escultóricas de Qasr al-Hayr al-Garbi. En la sección del califato de Córdoba hay piezas nunca reunidas hasta ahora, que llegaron de Kuwait y otros países. En el segundo, Salón Rico, donde se celebraban las recepciones, hay objetos de cerámica, metales, marfil, madera, hueso, vidrio, tela y papel. Esta singular exposición quiere dar a conocer la importancia de esta ciudad califal con una selecta colección de piezas de gran valor artístico, ciento ochenta en total. REFORMAS EN EL EDIFICIO BASILICAL Para
llevar a cabo esta exposición en el edificio Basilical hubo que
habilitarlo, ya que la ausencia de techumbre y la presencia de paramentos
a distintas alturas, obligó a colocar una estructura metálica para una
cubierta textil que aseguró la conservación de los elementos expuestos,
de la decoración arquitectónica, con tres ámbitos para conocer la
evolución y compararlos en el tiempo. Ya con el califato hubo una explosión artística, gracias a los soberanos omeyas, que legaron las mejores obras del Islam andalusí. Lo expuesto da una idea de la riqueza de la arquitectura califal. El salón de Abd al-Rahman III tiene también tres ámbitos y es el lugar que sirvió como trono de la ciudad, donde se celebraron la mayoría de las recepciones de embajadores. Hay tesoros de orfebrería procedentes de Alcalá la Real, Loja, Charilla y Garrucha, exponentes de una artesanía refinada. Hay cerámicas y vidrios, las primeras muy numerosas e importantes. Este salón forma parte de un conjunto integrado por un jardín con albercas y un edificio en el centro, con un ala de habitaciones en la parte oriental. Fue construido entre los años 953 y 957, siendo único en la cultura del Islam. LOS OMEYAS EN LA PENINSULA IBERICA La invasión y ocupación de nuestra península discurrió del 711 al 712. Fue el ejército árabo-beréber y estaba capitaneado por Tariq (que dio nombre a la montaña de la actual Gibraltar) y por Musa posteriormente. La conquista se hizo con gran rapidez, debido por un lado a la debilidad de la monarquía visigoda y por otro a la crisis social y económica que hizo que grandes sectores de la población les apoyaran. Vencieron a Don Rodrigo, el último rey visigodo y la península se rindió casi sin presentar batalla. A la nueva provincia islámica le pusieron el nombre de al-Andalus y se constituyó como emirato independiente del Califato Omeya de Damasco. Hubo periodos muy turbulentos, con grandes revueltas, aunque se iban organizando el asentamiento y administración de los nuevos territorios sometidos. La raza árabe era minoritaria, pero fue la oligarquía dominante, ocupando los puestos de mayor jerarquía y de mando, mientras que los beréber, mayoritarios, formaban la tropa o cuerpo del ejército. La población autóctona se fue arabizando e islamizando lentamente mediante la integración cultural y social de los cristianos, con conversiones (se les llamó mozárabes) y matrimonios mixtos de donde surgirían los muladíes. LLEGADA DE ABDERRAMAN I En el verano del año 755 llegó a Almuñécar un miembro de la familia de los Omeyas, Abd al-Rahmán b Muawiya. Había salvado su vida después de que la familia rival de los Abbasíes depuso al califa Omeya de Damasco, asesinando después a los miembros de esta dinastía. En la península había clientes de su familia, que le apoyaron cuando llegó huyendo de la masacre. Logró hacer realidad lo que un jefe árabe rival dijo tras conocer su llegada: "El Omeya es una estirpe tal que si uno de sus miembros orina en al-Andalus todos sus enemigos se ahogarán sin remedio". Abd al-Rahmán I se pasó la mayor parte de su vida guerreando contra los rebeldes del interior y los núcleos cristianos del norte. Tenía título de emir, inferior al de califa de sus antepasados, pero consiguió establecer en Córdoba un dominio que muy pocos habían creído. Fue el que levantó la mezquita, que fue ampliada por sus sucesores. Abd al-Rahmán I murió en el año 788. La familia Omeya no tenía buena fama entre los círculos religiosos musulmanes, ya que habían reprimido en Oriente con gran violencia las revueltas de la familia del profeta Mahoma, pero en al-Andalus fueron más discretos y consiguieron respetar y atraerse a los hombres de religión, los ulemas. Sólo el emir al-Hakam I llevó a cabo una política fiscal y déspota, provocando las iras de los sectores religiosos, que con el apoyo de los cordobeses, hicieron el motín del arrabal que estuvo a punto de acabar con él, lo que sirvió de lección para sus sucesores. Los ulemas se convirtieron en consejeros de los Omeyas. REBELIONES Y CONSTRUCCIÓN DE MEDINAT AL-ZAHRA Hubo mucha reticencia hacia los Omeyas por parte de los descendientes de los conquistadores árabes y bereberes, así como de los descendientes de los indígenas, muchos de ellos convertidos al Islam, pero disconformes con la influencia de los emires cordobeses, y en el último cuarto del siglo IX tuvo lugar la revuelta de los montes de Málaga a cargo de un converso descendiente de indígenas llamado Umar ibn Hafs n. La enérgica reacción de Abd al-Rahmán III evitó el fin de esta dinastía, teniendo que sofocar todos los focos de rebelión existentes en al-Andalus. En el año 929 la mayoría de los rebeldes habían sido reducidos y decidió cambiar el título de emir por el de califa como sus antepasados. Tras llegar la calma, el califa pudo dedicarse a la construcción de una ciudad nueva, en las inmediaciones de Córdoba, que llamó Medinat al-Zahra (Medina Azahara). El hijo de Abd al-Rahmán III, al-Hakam II, y su nieto (Hisham II) vivieron recluidos allí, lo que motivó que la corte se convirtiera en un hervidero de intrigas. Uno de los que suplantó la autoridad del débil califa Hisham II fue un oscuro funcionario de la administración, Almanzor, que actuó como gobernante de hecho y como jefe militar se dedicó a enviar expediciones contra los reinos cristianos del norte. Sin embargo, Almanzor nunca se atrevió a deponer al califa, aunque uno de sus hijos tras su muerte en el año 1001, Abd al-Rahmán, conocido como Sanchuelo, desencadenó una guerra civil cruel, de fatales consecuencias. La dinastía de los Omeyas llegó oficialmente a su fin en el año 1031, tras disgregarse en numerosos reinos de taifas. La mezquita de Córdoba y Medina Azahara son las muestras de esa gloriosa época, que aún hoy sigue levantando la admiración de cuantos visitan ambas ciudades, una de ellas recuperando poco a poco el esplendor que tuvo entonces, tras las múltiples y continuas expoliaciones a que ha sido sometida en las últimas décadas por la dejadez de los políticos de turno. Las dos salas de la exposición se encuentran en la parte baja de Medina Azahara, lo que permite ver en su totalidad las ruinas de esta ciudad, hermosa donde las haya, y que nadie debe dejar de visitar. Es fácil llegar hasta allí y la entrada es asequible a todos los bolsillos, habiendo descuentos especiales para grupos. Las entradas para dicha exposición se adquieren en los centros del Corte Inglés, Hipercor y por teléfono (902 400 222).
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