|
EGIPTO, PAÍS DE ENSUEÑO Y LEYENDAS, DONDE LA GRANDIOSIDAD SE HACE COTIDIANA
Para visitar Egipto hay que saber muchas cosas sobre este país, algo necesario para evitar peligros. La primera de ellas es la fecha apropiada. Por los grandes calores del verano, esta estación es la menos indicada para la visita (de 35 a 40 grados), ya que las altas temperaturas provocan problemas de salud al no estar acostumbrados a ellas la mayoría de los turistas. De octubre a mayo es cuando podemos ir con muchas más garantías de que no pase nada, aunque no debemos olvidar los habituales cambios térmicos que hay en invierno, ya que pueden pasar de varios grados bajo cero por la noche a treinta y cinco sobre cero durante el día. Si llevan cámaras de video deben declararlas en la aduana al entrar en el país y evitar así enfrentamientos con los vigilantes. También deben saber que se pueden sacar de allí recuerdos y regalos, pero que no sean antigüedades, porque está prohibido. La moneda es la libra egipcia, dividida en cien piastras. Deben poner en el presupuesto algo más de dinero previsto para gastos extras como las propinas, por lo que deben llevar cambio para los camareros, lavabos o los vigilantes de las tumbas.
La mejor manera de viajar, y la más rápida, es en avión. Unas cinco horas desde España se tarda. Lo mejor son los viajes organizados, tanto para conocer los monumentos y ciudades más importantes o significativas como para los cruceros. Si van en coche, además del cansancio que conlleva hay que sumarle otras dificultades. La aduana es la primera de ellas. No se encuentran hoteles por el camino con facilidad y encima las carreteras secundarias están en mal estado. Hay que llevar piezas del vehículo de repuesto ya que algunas no se encuentran en ese continente. De todas formas, aunque viaje en grupo hay excursiones que debe hacer y que no están en el paquete contratado, que van aparte en el precio, pero que sería imperdonable no hacerlos. CONSEJOS PRÁCTICOS No hace falta vacunarse aunque se recomienda ponerse la del tétanos y la de la hepatitis B. Hay que tener mucho cuidado con la alimentación, no beber agua del grifo, sólo mineral embotellada y nada de comer en los puestos que hay en la calle. En verano hay que tomar medidas contra la malaria protegiéndose de ésta, sin dejar al lado el aire acondicionado. En la maleta o macuto introducir medicamentos contra la diarrea, repelente para los insectos y protección solar. Por otra parte, recomendamos no meter las manos o los pies en las aguas del Nilo para evitar contraer una enfermedad propagada por los parásitos de este río. En invierno es aconsejable ropa de entretiempo y de lana para la noche. Tampoco pueden faltar unas gafas de sol y si es posible llevar un sombrero para caminar por el desierto. Si coge un taxi, antes de arrancar, acuerde el precio que le va a cobrar por persona, tanto ida como ida y vuelta, así no tendrá sorpresitas más tarde.
Es una de las ciudades más pobladas del mundo (no hay cifras exactas, pero hablan de veinte millones de habitantes) y capital de Egipto. Desde allí se parte para casi todas las rutas turísticas. Si coge un taxi en el aeropuerto, distante unos quince kilómetros, lleve dinero suelto porque los taxistas nunca tienen cambio. También puede ir en tren hasta el centro de la población. En la Plaza El-Tharir hay autobuses urbanos para todos los puntos de la urbe y hacia Alejandría, en el norte del país. El Cairo es bulliciosa, caótica, alegre, insólita, ruidosa. Es una ciudad de muchos contrastes. Tiene autopistas inmensas, anchas avenidas y estrechas callejuelas donde conducir es sólo para campeones. Es una ciudad de grandes contradicciones. La situación es tan caótica que cruzar una avenida es toda una aventura porque el tráfico es infernal, hay muy pocos semáforos y nadie los respeta. MONUMENTOS Hay muchas cosas que visitar en El Cairo. Una de las más interesantes es la vieja ciudad copta, de lo más antiguo de la ciudad, con restos importantes de murallas romanas y de vestigios de otras civilizaciones, además de la más antigua de las iglesias, Santa María, conocida como la iglesia Colgante o Al-Mu´allaqah. El museo copto es de los mejores, con huellas de los cristianos durante la dominación romana, así como pinturas, tallas en madera o tejidos.
La ciudadela es otro punto que no se debe dejar de visitar. Fue
construida por Saladino en 1176, aunque las distintas dinastías que
le siguieron la fueron ampliando posteriormente. Desde la parte alta se
divisa toda la ciudad.
En
esta zona está la Mezquita de Alabastro, le dicen así porque las paredes
estaba revestidas con este materia. Allí se encuentra la mezquita donde
está enterrado Muhammad Alí, fundador del Egipto moderno. La cúpula
de dicha mezquita es de una gran belleza, ya que está inspirada en la de
Santa Sofía de Constantinopla. También está el Museo Militar y algunas
otras construcciones .
En cuanto a mezquitas, aparte de las ya citadas, hay muchas más. La más
importante es la de Al-Azhar, fundada en el 971, siendo la Universidad
islámica más antigua. MUSEO NACIONAL EGIPCIO Es otro de los puntos que no se puede perder. El mundo de las momias es uno de los descubrimientos más impactantes, como todo lo que rodea a sus faraones. Consta de dos plantas y con miles de piezas, algunas de ellas espectaculares. Una sala está dedicada a uno de los faraones más importantes, Tutankamón. La impresión, sin embargo, es de desorden, aunque la parte superior está algo más ordenada.
VISITA AL ZOCO, OTRA GRAN EXPERIENCIA Visitar El Cairo o cualquier ciudad islámica y no hacerlo al zoco de cada una de ellas es como tener un jardín sin flores. El Bazar de Khan Khalili es un lugar para perderse. Comprende varias manzanas, de callecitas estrechas, y un negocio pegado al otro. El bazar data del siglo XIV y es famoso porque allí podemos encontrar la más fina orfebrería, trabajos en oro y plata, muebles, ropa, artículos de cuero...Cuenta con hermosas vidrieras. Entre los múltiples bazares destaca, para los españoles, el de Jordi. Dar con él no es muy complicado porque pone JORDI, SE HABLA ESPAÑOL. Es suficiente. Este es el lugar de peregrinaje hispano. Allí hay todo lo expuesto poco antes, pero con una particularidad: NO SE REGATEA. Lo normal en estos países es que sí se haga, pero en la tienda de Jordi, no. Un comerciante que te cobra lo que vale cada artículo, porque está en contra del regateo y de clavarle al turista un alto precio por lo que compre.
COMER El Cairo tiene infinidad de restaurantes, de todos los precios y cocinas. Para los más pudientes les recomendamos el Felfela, comida popular de la buena cerca de la calle Kasr el Nil, o el Kababgy (en el Hotel El-Gezirah Sheraton). Un restaurante singular es el Tower of Cairo (Torre del Cairo), situado en una especie de torre como el Pirulí, desde el que se divisa toda la urbe e incluso la vista llega hasta las pirámides, a unos quince kilómetros de distancia. La particularidad de este centro gastronómico es que, además de los buenos platos y con un precio asequible (de veinte a treinta euros por persona, bebidas aparte), mientras comemos vamos viendo la capital egipcia desde diversos puntos porque va girando lentamente.
Si todo lo expuesto anteriormente es motivo suficiente para visitar El Cairo, aún nos queda lo más impresionante: Las pirámides de Giza. Están a unos doce kilómetros de la ciudad. Allí podemos admirar una de las maravillas del mundo: la Esfinge. Es armónica y un privilegio poder ver algo así. Nació de un peñasco natural que obstruía el camino y fue tallada en forma de león con cabeza humana. Al lado están las pirámides. La de Kheops (IV Dinastía), es conocida como la Gran Pirámide y es una de las construcciones más importantes de la historia. Es la más alta y antigua. Mide 230 metros de lado y 146 metros de altura, conformando en total 7000 metros cuadrados de superficie. Con estas dimensiones acogería dentro de ella la Basílica de San Pedro, las catedrales de Milán, Florencia, San Pablo de Londres y la abadía de Westminster, todas juntas. Según un cálculo que Napoleón mandó hacer a sus ingenieros, con las piedras de las tres pirámides de Gizeh se hubiera podido rodear a toda Francia con una muralla de tres metros de alto y 30 centímetros de ancho.
Cerca de ella se encuentran las tres pirámides más chicas, dedicadas a sus
esposas o miembros de su familia: la de Kefrén (el hijo de Kheops)
es la mejor conservada. Mide 136 metros y en el camino hacia este lugar se
sorprenderá con las pequeñas celdas donde se alojaban los que trabajaron
en su construcción. La de Mikerinos es mucho más chica que las
anteriores (sólo 62 metros). Dicen que el faraón quiso ahorrar trabajo a
sus súbditos. Fue saqueada. Las tres están rodeadas por varias pequeñas
pirámides y cientos de tumbas de la familia real, nobles y gente de alto
rango.
Otra experiencia importante es asistir al espectáculo de luz y sonido en las pirámides. Al ser de noche y estar en el desierto, la temperatura baja mucho y bruscamente, por lo que hay que llevar ropa de abrigo. Es impactante. La Esfinge es todavía más bella e impresionante. De noche adquiere un color anaranjado, que le da un toque especial. Cada día está dedicado a un idioma, por lo que hay que procurar coincidir con el nuestro para poder enterarnos de todo lo que nos cuentan. Si no fuese así tampoco deje de ir. Merece la pena. MUCHA SEGURIDAD Los occidentales solemos ser algo desconfiados con los países árabes o de ese entorno. Sin embargo, Egipto es muy seguro, especialmente desde que en el año 1997 tuvo lugar una masacre en la zona. Por cualquier lugar que vayamos encontramos policías y militares velando por la seguridad de los turistas, ya que son la fuente de ingresos más importante para las arcas del Estado. Por ello hay que quitarse el miedo y disfrutar de lo que se nos ofrece. Debemos destacar así mismo el carácter de los egipcios. Son, como en casi todos los pueblos árabes, muy amables y hospitalarios. Gente llana, que chapurrean algo de inglés y que te dan lo que tienen.
De El Cairo a Luxor podemos realizar un apasionante viaje por la ribera del Nilo. Exhuberancia y frondosidad por doquier. Los cruceros son multitudinarios por la gran cantidad de turistas que hacen ese recorrido. Las paradas más interesantes son las Tell el-Amarna y Asiut. También se puede viajar en autobús. El gran templo de Atón es el más importante. A su alrededor, villas lujosas y residencias construidas para los dignatarios de la corte del faraón, así como sus tumbas. Eso sí, en mal estado. Asiut es la segunda parada obligatoria y la ciudad más importante, con la universidad más famosa de toda la región. Hay que acercarse hasta el viejo mercado. Cerca de allí hay dos oasis, Kharga y Dakhla. En el primero se encuentra un importante museo arqueológico, con la historia de los oasis. También está el templo de Amón, erigido por el rey persa Darío I. En Hibis hay un hermoso cementerio cristiano. El otro oasis importante es el de Dakhla. Alberga una pintoresca ciudad, El-Qasr, con un cementerio medieval y con las tumbas romanas de El-Muzawwaga.
En los cruceros por el Nilo no se suelen incluir algunos de estos viajes ni tampoco a Abydos y Dendera, por lo que hay que hacerlo por cuenta propia, bien en autobús desde El Cairo siguiendo la ruta del valle del río o en taxi desde Luxor. Abydos fue la ciudad santa del dios Osiris, el de la resurrección. Actualmente es un campo de ruinas sagradas. El templo de Seti I está dedicado a siete dioses a la vez, con un inmenso pórtico dedicado por Ramsés II a su padre. Está basado este conjunto arquitectónico en la mágica cifra del siete (siete puertas, siete salas, siete capillas...). La decoración de las capillas es deslumbrante. En Dendera lo más importante de ver es el templo de Athor, la diosa con orejas de vaca, símbolo de la alegría y del amor. Seis bellísimas columnas athóricas nada más entrar en el edificio. El sistro, instrumento musical que aleja los dolores y las penas del que lo escucha, es otro de los atractivos. Hay que subir a la techumbre del templo para contemplarlo en todo su conjunto, aunque para hacerse una idea de las dimensiones de éste hay que acercarse por el lago sagrado, que está en muy buen estado de conservación.
La mayor concentración de vestigios históricos se encuentran en Luxor, en el corazón del Alto Egipto. Para llegar allí lo más rápido es el avión, aunque pueden ir en tren, barato y pintoresco, pero incómodo y con muchas horas de viaje. En barco debe hacerse con cruceros. El templo de Luxor fue obra de dos faraones, Amenofis III y Ramsés II, se eleva a la orilla del Nilo. Primero se suele visitar el pilono, añadido por el segundo de los faraones citados, con escenas de la batalla contra los hititas. Después se va al gran patio de Ramsés, donde se muestran desafiantes unos cuantos colosos en granito rosa. Tras pasar entre las dos gigantescas estatuas negras de este faraón se accede a lo que queda del templo de Amenofis III, donde está la capilla reconvertida por Alejandro Magno.
KARNAK Está a unos tres kilómetros de Luxor y lo más importante es su templo, construido a comienzos del segundo milenio y dedicado a la gloria de Amón. Es aconsejable comenzar la visita desde la cornisa del Nilo, alcanzando el templo a la altura del embarcadero y de allí a la avenida de las esfinges. En el patio hay dos templos, el de Seti II, y el más importante, el de Ramsés II. El bosque de las columnas, con más de 23 metros de altura y de gran belleza, otra visita obligada. Ir también al santuario de las barcas sagradas. La sala de fiestas de Tutmosis III, conocida como Akh-Menu, le encantará. Está en perfecto estado de conservación. Acudir también al lago sagrado, donde se llevaban a cabo las abluciones. El recorrido termina en los templos de Ptah y Jonsu, en el museo al aire libre y la capilla blanca de Sesostris.
La capital del imperio reunificado alberga el mayor vestigio del tiempo de los faraones. En ese mundo sólo habitan los muertos de más alto rango, en un valle de inigualable belleza, aunque en estado ruinoso. Esta ciudad es una constante sorpresa. Al Valle de los Reyes se puede acceder por barco (lo más común) o en taxi desde Luxor. Aquí es donde yacieron los restos de Tutanhamón, cuyo tesoro se halla en el Museo Egipcio de El Cairo. Hay muchas tumbas. La de Seti I es la mayor y la más famosa de todas, con innumerables escaleras, pasadizos y habitaciones inacabadas, utilizadas para desorientar a los ladrones. Las de Ramsés II, Amenofis II y Thutmosis III tienen numerosos atractivos para el visitante, con inscripciones diversas. La de Tutankamón es muy pequeña y su momia descansa en el sarcófago que sigue estando allí. La modestia del enterramiento contrasta con el lujo de los tesoros que aquí se hallaron. Éstas son las tumbas más famosas, pero también se pueden ver las de Ramsés IX (muy deteriorada) y Mineptah. Las esposas de los reyes descansan en el Valle de las Reinas, aparte de sus maridos pero en las colinas próximas. Muy pocas permanecen abiertas, pero aconsejamos acercarse hasta ellas y ver los enterramientos destinados a las mujeres. El hijo de Ramsés II, que murió a los nueve años, fue inhumado también en este lugar.
Es la más antigua capital de Egipto. Fue construida por el rey Menes y
está a unos 24 kilómetros al sudoeste de El Cairo, en Al-Badrasheen. ALEJANDRÍA
Alejandría es la segunda ciudad en importancia de Egipto, donde alguna vez
se apoyó el famoso faro. Recostada sobre el Mediterráneo, donde
recientemente se encontraron restos de lo que fue el palacio de la reina
Cleopatra. Fue construida por el arquitecto griego Dinocrates
en el sitio de una vieja villa de pescadores llamada Rhakotis, bajo las
órdenes de Alejandro el Grande. La ciudad inmortalizó su nombre y
floreció más allá de toda expectativa convirtiéndose en una eminente
ciudad cultural, económica e intelectual, mérito éste atribuible en gran
parte a Cleopatra, a quien se atribuye la colosal riqueza de la
biblioteca.
Esta ciudad tiene muchísimo que ver. El museo de arte greco-romano con
40.000 piezas.
En cuanto a museos,
tenemos el de la Joyería Real, Bellas Artes, el Instituto Hidrobiológico.
También hay mástabas, sepulturas de los parientes, amigos,
funcionarios y cortesanos del soberano. Los parientes más cercanos al rey
eran sepultados en fosas cubiertas por pequeñas pirámides dispuestas en
todo el contorno de la pirámide real y diferentes de ella sólo en las
dimensiones y en la riqueza de los materiales empleados.
Camino de Asuán hay tres ciudades, pequeñas pero con importantes templos: Esna, Edfú y Kom Ombo. Están cerca de Luxor y las tres se pueden visitar en un sólo día. En Edfú está el templo más grande del país después del de Karnak, Horus. En Kom está el templo del cocodrilo. Siguiendo el cauce del Nilo llegamos a Asuán, donde se ubica la famosa presa. Allí hay ruinas nubias que se pueden ver de noche paseando en falúa, espectáculo que no hay que perderse. Es una de las principales atracciones. Cerca está la isla Elefantina, la de las Flores, el mausoleo del Aga Kan, la isla Sehel, embalses, cataratas de la presa y esos templos nubios. Otra belleza es el hermoso templo de Filae, desplazado de su enclave original en la isla del mismo nombre para evitar su deterioro por las crecidas. Es una maravilla. Hay otros templos en Kalabshesh. Para comprar visitar el zoco de Sh. Abtal el-Tahrir, el mejor fuera de El Cairo. A casi trescientos kilómetros se halla Abu Simbel, lugar de hermosos templos, también de noche, Allí está el lago Nasser. Esta ciudad es un conjunto de templos excavados en la roca, casi indemnes al paso de los siglos, dedicados a Nefertari y Ramsés II. A cincuenta metros hay otro más pequeño, dedicado a Athor, la diosa de la alegría. Con esta visita puede dar por finalizada su visita a Egipto. Hay muchas más cosas, pero con todo lo aquí expuesto tienen para pasar unas hermosas vacaciones en un país de ensueño y misterio.
|
PULSAR SOBRE LA FOTO PARA AMPLIAR