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Familia Behljulj |
La marcha a Estados Unidos
dentro de poco les ha impedido disfrutar de unos días en nuestra comunidad
Los que se quedaron en
tierra y no pudieron pasar sus vacaciones en España, descontentos por no
venir y recelosos ante la nueva vida que les espera
Durante el mes pasado y poco
más de la mitad de éste, un grupo de niños de Bosnia pasan unos días de
vacaciones en España. Mustafá, Lejla, Salem, Selma, Katarina, Ernada, Amir...
y otros muchos más que estarán conviviendo con familias con una cultura
diferente, conociendo lugares que en su vida han visto como la playa, y
favoreciéndose de revisiones y análisis médicos que por su situación
social y económica les es imposible, y sobre todo, muchos de ellos podrán
estar observando que la unidad familiar en la que están es estable, que
hay respeto y comprensión entre todos, donde la figura femenina no es un
mero ser creado para trabajar para el hombre, darle placer y tener hijos,
y que pueden permitirse el lujo de comer las veces que sean necesarias al
día, sin restricciones de alimentos, sin pasar hambre porque no hay nada
que llevarse a la boca.
Conviven en familias donde los
padres se preocupan por sus hijos, donde ninguno de ellos es alcohólico o
esquizofrénico o que el padre desprecie a alguno de sus hijos por ser éste
o ésta de otro hombre, o que simplemente la familia que los acoge no viva
en un campo de refugiados por huir o ser desterrados a causa de una
guerra. Pues en un campo de refugiados viven estos niños que este año, por
suerte o por desgracia, no han podido disfrutar de unas vacaciones fuera
de un entorno, como es el campo de refugiados Gorincani de Bosanski
Petrovac. Los hermanos Beljulj, Ferdi,
el mayor, de 14 años, Habib de 12, Emra de10 y Sunaj,
el pequeño, de 9. Y Donita Beriša,
de 9 años, de otra familia que también vive en el citado campo.
Todos son gitanos musulmanes procedentes de Kosovo,
que huyeron de allí cuando estalló la guerra en 1999.
Estos niños y sus familias no pueden volver a Kosovo
porque no tienen nada. Durante la Guerra, los
serbios destruyeron sus casas, perdieron sus propiedades, trabajo, y
familia, claro, y huyeron de la limpieza étnica a Bosnia. Además, no
pueden volver por problemas étnicos y represalias que aún existen en la
zona entre los serbios, albanokosovares y gitanos.
Llevan desde entonces tres años viviendo en este campo
de refugiados.
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Llegada de los albanokosovares
a Cádiz |
EXPERIENCIA GRATIFICANTE
Los hermanos Beljulj ya conocen España, han estado
allí los dos años anteriores, concretamente en Valencia.
El pequeño Sunaj fue por primera vez el año pasado. Los
tres mayores tuvieron la experiencia de convivir con familia un año y otro
en El Casal, un albergue de esta ciudad, en donde estuvo Sunaj, y
donde pasaron sus vacaciones con sus mismos compañeros del campo, unos 40,
realizando actividades lúdicas, excursiones al campo, a la playa, a
parques temáticos, conociendo la ciudad... etc.
Sin embargo, para Ferdi, Habib y Emra la experiencia
de convivir con una familia de Valencia fue más gratificante, sobre todo
por el mero hecho de enriquecerse por todo lo que aporta el sentirse como
un miembro más dentro de una familia, aunque fuera de otro lugar y de otra
cultura diferente, y participar con ésta en todo lo que se realice. Ferdi
tuvo la suerte de conocer a Cañizares, el portero del Valencia.
Desde entonces es un fiel seguidor de este
equipo de fútbol. Donita no estuvo en ninguna ocasión en España, este año
iba a ser la primera vez, iba a ir a Huelva.
JARRO DE AGUA FRÍA
Sin embargo, la razón por la que no han podido ir este
año de vacaciones, unos a Valencia y la otra a Huelva, ha sido porque
Acnur ha resuelto su situación y les está arreglando la documentación
para irse a un tercer país, a Estados Unidos.
Recibieron el aviso hace tres meses y tenían la obligación de no moverse
del campo de refugiados, ya que en un plazo de dos semanas se iban a ir de
allí. La noticia para los Beljulj les sentó como
un jarro de agua fría, perdían toda posibilidad de ir a España.
Incluso si se fueran después del verano, tampoco
podían ir. A Habib fue a quien más le afectó esta decisión de Acnur.
Prefería incluso ir a Valencia un mes y medio y
seguir en el campo que irse a América. En repetidas ocasiones venía a
nosotros llorando a preguntarnos que por qué no podía ir a España, y nos
decía que no quería ir a EE.UU., que prefería Valencia por encima de todo.
A Donita, aparentemente, no le afectó nada, tal vez
fuera porque no es lo suficientemente consciente de lo que supone ir a
España que al resto de sus compañeros que ya han estado, y de las
experiencias que allí puede vivir. A ella, como
niña revoltosa que es, sólo le preocupa jugar, correr de un lado para
otro, subirse y hacer piruetas en los columpios que hay en el campo para
los niños, sin quitar de su cara la sonrisa mellada que siempre tiene. Tal
vez sea también porque es pequeña para comprender todo esto. Ferdi está de
acuerdo con ir a América, aunque comenta que lo que no le gusta es que en
este país hay mucha delincuencia, mucha mafia y muchos problemas
raciales. A quien no le gustó nada la idea de marcharse a este país fue al
padre de estos cuatro niños, Muharem.
NO
QUIEREN PERDER SUS RAÍCES
Una tarde, cuando supo esta noticia, tomando café en
su barraca, nos comentaba con las lágrimas saltadas que EE.UU. está
demasiado lejos de Kosovo, que irse allí suponía renunciar por completo a
Kosovo, no pudiendo volver jamás, abandonar su tierra, su cultura, su
gente, sus raíces, por ir a un país con un nivel de vida muy difícil, y
qué haría él allí con 48 años, de qué trabajaría para mantener a su
familia. Y con la misma visión que su hijo Ferdi: en América hay muchos
problemas y mucha mafia. Últimamente, se está
haciendo a la idea de marchar para allá y la está aceptando con el buen
agrado que puede ponerle a esta situación.
Una opinión contraria tiene la
familia de Donita. Son 21 los que se van también a América, entre
hermanos, tíos, primos y sobrinos. Ven con buenos ojos las grandes
posibilidades que les puede ofrecer vivir en este país, sobre todos a los
más jóvenes, que piensan en Hollywood, California, Miami, Florida, Nueva
York..., en hermosas chicas rubias, grandes coches..., pero sin dejar de
mencionar lo que comentaba Ferdi, aunque no con la misma importancia que
lo otro.
Aún siguen aquí, en el campo de refugiados, esperando
el visado y billete de avión para marcharse a los Estados Unidos de
América, y las dos semanas que Acnur les dijo en junio que faltaban
para irse se han convertido en dos meses. La
verdad es que al final ninguno de los cinco ha podido ir a España a pasar
el verano lejos de la dura vida del campo, quién sabe si por suerte o por
desgracia.
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