Crónica desde Bosnia por Rafael Frontado (V)
( parte I, parte II, parte III, parte IV)


Familia Behljulj

La marcha a Estados Unidos dentro de poco les ha impedido disfrutar de unos días en nuestra comunidad

Los que se quedaron en tierra y no pudieron pasar sus vacaciones en España, descontentos por no venir y recelosos ante la nueva vida que les espera

   Durante el mes pasado y poco más de la mitad de éste, un grupo de niños de Bosnia pasan unos días de vacaciones en España. Mustafá, Lejla, Salem, Selma, Katarina, Ernada, Amir... y otros muchos más que estarán conviviendo con familias con una cultura diferente, conociendo lugares que en su vida han visto como la playa,  y favoreciéndose de revisiones y análisis médicos que por su situación social y económica les es imposible, y sobre todo, muchos de ellos podrán estar observando que la unidad familiar en la que están es estable, que hay respeto y comprensión entre todos, donde la figura femenina no es un mero ser creado para trabajar para el hombre, darle placer  y tener hijos, y que pueden permitirse el lujo de comer las veces que sean necesarias al día, sin restricciones de alimentos, sin pasar hambre porque no hay nada que llevarse a la boca.

   Conviven en familias donde los padres se preocupan por sus hijos, donde ninguno de ellos es alcohólico o esquizofrénico o que el padre desprecie a alguno de sus hijos por ser éste o ésta de otro hombre, o que simplemente la familia que los acoge no viva en un campo de refugiados por huir o ser desterrados a causa de una guerra. Pues en un campo de refugiados viven estos niños que este año, por suerte o por desgracia, no han podido disfrutar de unas vacaciones fuera de un entorno, como es el campo de refugiados Gorincani de Bosanski Petrovac. Los hermanos Beljulj, Ferdi, el mayor, de 14 años, Habib de 12, Emra de10 y Sunaj, el pequeño, de 9. Y Donita Beriša, de 9 años, de otra familia que también vive en el citado campo.

    Todos son gitanos musulmanes procedentes de Kosovo, que huyeron de allí cuando estalló la guerra en 1999. Estos niños y sus familias no pueden volver a Kosovo porque no tienen nada. Durante la Guerra, los serbios destruyeron sus casas, perdieron sus propiedades, trabajo, y familia, claro, y huyeron de la limpieza étnica a Bosnia. Además, no pueden volver por problemas étnicos y represalias que aún existen en la zona entre los serbios, albanokosovares y gitanos.  Llevan desde entonces tres años viviendo en este campo de refugiados.

Llegada de los albanokosovares
a Cádiz

    EXPERIENCIA GRATIFICANTE

    Los hermanos Beljulj ya conocen España, han estado allí los dos años anteriores, concretamente en Valencia. El pequeño Sunaj fue por primera vez el año pasado. Los tres mayores tuvieron la experiencia de convivir con familia un año y otro en El Casal, un albergue de esta ciudad, en donde estuvo Sunaj, y donde pasaron sus vacaciones con sus mismos compañeros del campo, unos 40, realizando actividades lúdicas, excursiones al campo, a la playa, a parques temáticos, conociendo la ciudad... etc. Sin embargo, para Ferdi, Habib y Emra la experiencia de convivir con una familia de Valencia fue más gratificante, sobre todo por el mero hecho de enriquecerse por todo lo que aporta el sentirse como un miembro más dentro de una familia, aunque fuera de otro lugar y de otra cultura diferente, y participar con ésta en todo lo que se realice. Ferdi tuvo la suerte de conocer a Cañizares, el portero del Valencia. Desde entonces es un fiel seguidor de este equipo de fútbol. Donita no estuvo en ninguna ocasión en España, este año iba a ser la primera vez, iba a ir a Huelva.

JARRO DE AGUA FRÍA

   Sin embargo, la razón por la que no han podido ir este año de vacaciones, unos a Valencia y la otra a Huelva, ha sido porque Acnur ha resuelto su situación y les está arreglando la documentación para irse a un tercer país, a Estados Unidos. Recibieron el aviso hace tres meses y tenían la obligación de no moverse del campo de refugiados, ya que en un plazo de dos semanas se iban a ir de allí. La noticia para los Beljulj les sentó como un jarro de agua fría, perdían toda posibilidad de ir a España. Incluso si se fueran después del verano, tampoco podían ir. A Habib fue a quien más le afectó esta decisión de Acnur. Prefería incluso ir a Valencia un mes y medio y seguir en el campo que irse a América. En repetidas ocasiones venía a nosotros llorando a preguntarnos que por qué no podía ir a España, y nos decía que no quería ir a EE.UU., que prefería Valencia por encima de todo.

    A Donita, aparentemente, no le afectó nada, tal vez fuera porque no es lo suficientemente consciente de lo que supone ir a España que al resto de sus compañeros que ya han estado, y de las experiencias que allí puede vivir. A ella, como niña revoltosa que es, sólo le preocupa jugar, correr de un lado para otro, subirse y hacer piruetas en los columpios que hay en el campo para los niños, sin quitar de su cara la sonrisa mellada que siempre tiene. Tal vez sea también porque es pequeña para comprender todo esto. Ferdi está de acuerdo con ir a América, aunque comenta que lo que no le gusta es que en este país hay mucha delincuencia, mucha mafia  y muchos problemas raciales. A quien no le gustó nada la idea de marcharse a este país fue al padre de estos cuatro niños, Muharem.

NO QUIEREN PERDER SUS RAÍCES

    Una tarde, cuando supo esta noticia, tomando café en su barraca, nos comentaba con las lágrimas saltadas que EE.UU. está demasiado lejos de Kosovo, que irse allí suponía renunciar por completo a Kosovo, no pudiendo volver jamás, abandonar su tierra, su cultura, su gente, sus raíces, por ir a un país con un nivel de vida muy difícil, y qué haría él allí con 48 años, de qué trabajaría para mantener a su familia. Y con la misma visión que su hijo Ferdi: en América hay muchos problemas y mucha mafia. Últimamente, se está haciendo a la idea de marchar para allá y la está aceptando con el buen agrado que puede ponerle a esta situación.

   Una opinión contraria tiene la familia de Donita. Son 21 los que se van también a América, entre hermanos, tíos, primos y sobrinos. Ven con buenos ojos las grandes posibilidades que les puede ofrecer vivir en este país, sobre todos a los más jóvenes, que piensan en Hollywood, California, Miami, Florida, Nueva York..., en hermosas chicas rubias,  grandes coches..., pero sin dejar de mencionar lo que comentaba Ferdi, aunque no con la misma importancia que lo otro.

   Aún siguen aquí, en el campo de refugiados, esperando el visado y billete de avión para marcharse a los Estados Unidos de América, y las dos semanas que Acnur les dijo en junio que faltaban para irse se han convertido en dos meses. La verdad es que al final ninguno de los cinco ha podido ir a España a pasar el verano lejos de la dura vida del campo, quién sabe si por suerte o por desgracia.



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