Silverio
Heredia, cantaor:
“He sentido mucha pena por no poder estar en la
Parpuja. La
concejala de Fiestas me dijo que no contrataban aficionados”
Silverio
Heredia es un cantaor chiclanero que lleva actuando desde
los doce años, en que tomó parte en el primer concurso de
flamenco, aunque empezó a cantar a los 5 (tiene 40), en las
fiestas que hacía su padre cuando rubricaba algún negocio
como tratante de ganado. Ha compartido cartel o ha ido en
compañías con los mejores del flamenco, pero esto no ha
servido para estar en la Fiesta de la Parpuja, que se
ha recuperado veintidós años después. La concejala de
Fiestas le dijo que no contrataban a aficionados. Silverio
le da respuesta, además de hablar de sus vivencias, que son
muchas.
_ ¿Cuándo comenzaste a cantar?
-Desde
muy chiquitito. Mi padre se dedicaba a la venta de ganado.
Vivíamos en la Cañada de los Barrancos, al lado de la Venta
Los Patos, y cuando hacía algún trato con gente conocida
o había amistad, pasábamos al patio, y hacíamos una fiesta.
Tenía cinco años y mi padre me llamaba para que cantara
algún fandango. Los gitanos de Chiclana paraban todos allí
porque sabían que había juerga, acudiendo también muchos
artistas como
Camarón,
que iba con mi hermano
Joaquín,
que también es cantaor,
El Lebrijano
y otros muchos.
- ¿Y la
primera vez que subiste a un escenario?
-Un
día, en la Cuesta de los Gitanos, encontré un papel volando.
Decía que con motivo del año internacional del niño se
celebraba en el Bar
Los Bordones el primer concurso de cante flamenco. No me
lo pensé y me fui para allá. Tenía doce años. El día elegido
canté. Todos tenían dos o tres veces mi edad. No disponía de
una camisa adecuada para cantar y un vecino me la tuvo que
prestar. Canté y gané el primer premio, que me lo entregó el
entonces alcalde,
Antonio Martínez.
-Llegar y
besar el santo.
-Pues
sí. Después Juan Pelote me contrató junto a Paco
El Cordobés para su caseta de feria, todos los días. A
través de Juan pasé a la
Peña
Flamenca, que tenía buenos aficionados, y empezaron a
escucharme. Se extrañaban del quejío que tenía con
doce o trece años, pero yo no sabía qué era eso. Allí me fui
curtiendo con la ayuda de Manuel Piñero y otros
aficionados que, cuando comprobaron que mi voz y mi persona
podían vivir de esto, empezaron a darme consejos: Cuídate,
no fumes, no tomes cosas frías…
-¿Cómo
eras de pequeño?
-Muy
inquieto y todo lo artístico me llamaba la atención. Hace
pocas noches, reflexionando en casa sobre mi vida artística,
viendo recortes de prensa recordé la afición y fuerza que
tenía entonces, que no la he perdido, pero sí ha disminuido.
Con doce o trece años escuchaba a Fernanda de Utrera
en el
Festival
de la Parpuja, cuando a las cinco de la mañana sólo
quedaban personas mayores y allí estaba yo con un cartón
puesto encima de la cabeza por el relente. Cuando Fernanda
daba un quejío por soleares me ponía de pie y daba un
grito, y los de alrededor se reían. Había algo en mi
interior que me hervía, me hacía llorar y estar flotando
como en una nube.
PRIMEROS
PASOS
-¿Cuándo
empezaste a tomar el flamenco en serio?
-A partir
de ese momento. Tuve la suerte de no escuchar lo que había
entonces y me puse a oír lo puro, lo de mucho tiempo atrás:
Juan Talega, Antonio Mairena, Fernanda,
Perrato…, gente que transmitía, que era lo que me pasaba
cuando oía a alguien que me ponía el vello de punta y me
estremecía. Las peñas flamencas de la provincia empezaron a
reclamarme y cuando me veía en el escenario, solo con el
guitarrista y la gente mirándome, tenía un miedo tremendo y
a la vez una satisfacción muy grande. No tuve la suerte de
tener a una persona a mi lado que me dirigiera, aunque ahora
me alegra, porque todo lo que he hecho lo he sudado y me lo
he ganado yo.
-¿Qué pasó
después?
-Tenía
mucha ilusión por ir a Madrid. Había estado algunas veces,
pero ir y venir. Era el año 1989. Estaba tomando un café en
el bar de la Peña, que estaba al lado del
Bar El 22,
con Nicolás Cuchilleta, el primer guitarrista con que
yo canté. Cuando falleció yo estaba fuera y me acuerdo mucho
de él porque fue la primera persona que me sacó de mi casa.
Me llevaba a muchas peñas y me apuntaba sin yo saberlo en
los concursos, me enseñó a educar la voz, a respirar, a
saber dónde tenía que pararme o a esperar un tercio. Con él
gané doce primeros premios en la provincia. Era un gran
músico y nunca le dio Chiclana el sitio que merecía. Era una
persona noble, tímida, sencilla, no iba gritando a los
cuatro vientos quién era, ni lo que hacía.
Quiero
hacer algo por él, un reconocimiento por lo que hizo en
Chiclana por el flamenco y musicalmente.
-Estábamos
en el año 89.
-Le
dije que viniera conmigo a conocer el ambiente, pero era
poco decidido. Me llamó Caracol, de Cádiz, y me
ofreció un contrato para la
Venta El
Gato, donde bailaba Antonio Canales. No me lo
pensé, cogí la maleta y para Madrid. Iba contratado por
Curro Romero y Rafael Pantoja, que eran los
dueños. Llevé un grupo de Cádiz. Salió uno y dijo que no le
gustaba nadie de los que había escuchado. Cogí a los
guitarristas y a los demás y les dije que me hicieran
palmas. Me puse de pie, empecé a hacer los cantes de
Pansequito y a bailar por bulerías. El grupo estuvo tres
meses y yo año y medio. Me llevé como guitarrista a José
Luis Figuereo, El Barrio, que tenía trece
o catorce años. De vez en cuando le cantaba la soleá a
Antonio Canales.
POR EL
MUNDO
-¿En qué otros lugares cantaste?
-En el 90
me fui a Bagdad, viniendo Canales, La Chana, La Tati…
En el hotel donde nos alojábamos cayó un misil, pues era la
primera guerra del Golfo. Después visité Londres y otras
ciudades del mundo, porque ya era gira tras gira y compañía
tras compañía. He actuado en teatros mucho más importantes
que el
Teatro
Real, como el Royal Albert Hall de Londres (con
Diego El Cigala), el Hollywood Bowl
(para 20.000 personas), la Ópera de Sydney, en la Ópera de
El Cairo y en Alejandría, en Buenos Aires. He estado diez
años con una compañía norteamericana y he recorrido toda
América, Australia, Nueva Zelanda…, casi todo el mundo.
-¿Cómo ven
el flamenco en estos países?
- Lo
tienen metido como una música de las más importantes, como
la ópera y la música clásica. En Australia he dado cursos de
flamenco, cante, percusión, baile y guitarra, a españoles y
de allí, que son los que quedan al final. En los cursos que
doy en Nueva York, en los Estudios
Emerson
de Manhattan, les explico que les puedo enseñar una letra,
pero el sentimiento tienen que ponerlo ellos. Ponen la
grabadora y después repiten lo que les digo en sus casas,
pero lo cogen. Es sorprendente. Lo mismo que un japonés en
Tokio, que quiso aprender los cantes de Huelva. Le dije que
era muy difícil, pero insistió y al final ves el trabajo que
hacen. Les gusta mucho el flamenco y hacen lo que sea por
aprender.
DESILUSIÓN
-Tu currículo es impresionante. ¿Te ha sentado
mal que no hayan contado contigo para la Fiesta de la
Parpuja?
-Pues
sí. He cantado varias veces allí con Manuela Carrasco, nunca
solo porque creo que entonces no estaba todavía preparado
para ello. Tengo el gusto de haber cantado en los mejores
teatros del mundo, pero quedarme fuera de la
Parpuja,
artísticamente me ha dolido mucho. No el hecho de no actuar
sino que los organizadores no hayan dejado un hueco para
Silverio Heredia.
Nunca he
podido vivir del flamenco en Chiclana y cuando me veo
apretado tengo que coger la maleta y marcharme a Alemania,
Italia, Nueva York, Holanda, con compañía o solo porque para
ello me he labrado un nombre. Eso de que nadie es profeta en
su tierra en este caso se cumple y lo estoy viviendo en mis
propias carnes. Habiendo cantado con los mejores del
flamenco como Camarón o Lebrijano, estar en las mejores
compañías de baile como
Joaquín
Cortés,
Canales o
Manuela Carrasco, que fui quien le presentó a todos
los flamencos en Madrid a Sara Baras, que la llevé a
Japón, con el lujo de decidir con quién trabajo y con quién
no, creo que con este currículo debieron haberme tenido en
mente, pues son muchos años con los mejores y llevando por
el mundo entero el nombre de Chiclana.
-¿Con
quién hablaste?
-Primero
lo hice con Juan Izquierdo, que me dijo que no habían
llegado a un acuerdo, que le llamara. No quería molestar a
nadie. Le dije incluso que estaba dispuesto a cantar gratis,
pero que me hacía ilusión. Me extraña que Juan me haya
dejado fuera porque siempre ha contado conmigo para sus
fiestas en
Los
Ángeles o el Pico de Oro. Después hablé con la
concejala de Fiestas, María Jesús Castañeda, y me
ofreció actuar en una barriada, con un cuadro de siete
personas por cuarenta mil pesetas. No tuve más remedio que
echarme a reír, darle las gracias y salir del despacho.
-¿Sabía quién eras?
-No
tenía ni idea. Me dijo que no querían traer aficionados, que
querían figuras, que los de la
Peña
Flamenca estaban llamándola todos los días para que los
metieran. Le dije que vivía del flamenco desde hace tres
décadas. Comentó que querían figuras que llevaran gente,
pero el Ayuntamiento por contratar a Silverio no se iba a
arruinar. Cuando presenté mi espectáculo en el Moderno,
Tratantes, Dionisio Montero me dijo que el
único artista que dejó cien o doscientas personas en la
calle fui yo, proponiéndome repetirla para esta gente. Se lo
dije a esta señora, pero como no me conoce… A pesar de todo,
felicito al Ayuntamiento y a Chiona por recuperar la
Parpuja, que funcione y que les salga todo bien. El
cartel es muy bueno. Yo estuve ocho años organizando
festivales flamencos en la Caseta Municipal con el dinero
que ganaba en una gira por Europa. Con Dionisio siempre tuve
las puertas abiertas y algunas veces me costó el dinero.
Traje a Capullo de Jerez, Mariana Cornejo
y otros muchos la última vez y no vino nadie, y es que
coincidió con el Carranza. Ahí me costó el dinero, que
tampoco me importó porque lo que quería era fomentar el
flamenco en Chiclana. En la siguiente gira lo recuperé. Que
no tengan estas cosas en cuenta es lo que me duele.
-¿Que
planes tienes?
-En
septiembre comenzaré la grabación de mi segundo disco, el 23
de ese mismo mes presentaré en el
Moderno,
Son gitano, y en agosto tengo varias actuaciones. El
día de la Parpuja canto en Vejer, y los dos días
anteriores lo hago por la zona. Tratantes lo estoy
puliendo porque quiero meterlo en la red de Flamenco
viene del Sur, de la Junta. No quiero volver a hacer
giras porque es muy pesado. Me han cogido las dos guerras
del Golfo fuera y cuando el 11-S yo estaba en Nueva York.
Pero si tengo que seguir saliendo al extranjero, lo haré.
CURIOSIDADES
-¿Alguna anécdota curiosa?
-Muchas,
pero quizás la más significativa fue cuando actué para
Clinton en la Casa Blanca. Era en los jardines, cuando
llevaba cantando diez minutos flamenco me dijo que quería
oír
Macarena
y terminé cantándosela por bulerías (me la canta y
parece otra canción). Mi mujer, Natalia, hizo un
gesto como que tenía frío y él pidió urgente un abrigo corto
de visón, que le puso. Al irnos, fue a devolvérselo y
Clinton le dijo que se lo quedara. Y se lo quedó. En el
Joy Pub, en Manhattan, he conocido a Tina Turner,
Al Pacino, Witney Houston o Richard Gere.
Por cierto, Clinton fue el que hizo las gestiones para que
diera cursos de flamenco en 19 universidades de Estados
Unidos, donde voy todos los años dos meses. El último curso
lo di en Memphis, en la casa de Elvis Presley.
Plácido Domingo me oyó cantar por seguidillas y me
contrató para una gala en el Kennedy Center. Fíjate
lo que supuso para mí eso, siendo mi ídolo. En un coche que
tuve lo ponía todos los días. Tenía que venirme, pero lo
cambié todo. Una noche de flamenco puro. Fue en el año 91 y
salió en todos los periódicos, recibiendo buena crítica en
el
New York
Times.
-Para
finalizar, ¿cómo ves el flamenco actual?
-Mal.
Con la muerte de
Chocolate
se ha ido uno de los pocos cantaores puros que quedaban, con
Agujetas
y
Rancapino.
Estuve en el entierro porque era muy amigo, lo mismo que su
sobrino
Farruquito
y la familia de éste.
-¿Cómo
anda este último?
-Mejor. Lo
tiene asumido y espera que no lo usen como cabeza de turco.
-Si va a
la cárcel ¿se habrá terminado su carrera?
-No,
porque tiene mucha fuerza, es el que mejor baila, el más
puro y seguro que cuando salga lo hace aún mejor.
Pues que
tenga suerte Silverio. Supongo que la concejala de Fiestas
lo tratará de forma distinta la próxima vez. No es ningún
aficionado.
PACO LÓPEZ