Manolo Román, poeta
A comienzos del pasado mes de marzo nos
dejó Manolo Román, y digo bien Manolo porque
si escribiera Manuel, probablemente algunos no lo
relacionarían. Cuando lo normal en todo sepelio es
que desde el púlpito nos lleguen socorridas y
repetidas palabras de pretendido consuelo, que
olvidamos nada más salir de la iglesia, el sacerdote
que ofició el funeral comenzó el sermón con palabras
de Antonio Machado y finalizó con una poesía
de Juan Manuel Serrat. No podía ser de otra
manera. Entre medio, nos dijo que Manolo era un
hombre bueno y un artista.
Completamente de acuerdo,
no cabe definición más perfecta. Hombre bueno
-respetuoso y respetado- que a todos daba su sitio y
artista en el sentido más cumplido de la palabra:
poeta, recitador y escritor. Declamaba como nadie.
Una vez, recitó una poesía de don José María
Pemán, ante el mismo autor, y éste, después de
escucharle muy atentamente, le comentó: “Así,
como tú lo has dicho, es como yo lo había imaginado
cuando la escribí”.
Manolo Román vivió una
época difícil, triste y sombría, con una dictadura
poco amiga de aquellos insensatos que se dedicaban a
la cultura. Pero en aquellos años oscuros,
supo ser él mismo, encontrando en la poesía, en los
libros, la manera más fascinante de escapar a tanta
mediocridad y adhesiones inquebrantables. Durante
muchos años fue el genuino representante de la
cultura chiclanera.
Una vez recuperadas las
libertades civiles, todos nos olvidamos un poco de
quienes en nuestra ciudad habían mantenido encendida
la antorcha de la cultura y Manolo Román sufrió un
ostracismo inmerecido, mientras asistía al
encumbramiento de noveles sin currículum.
Aún estamos a tiempo,
aunque Manolo ya no pueda verlo, se hace necesario
un homenaje de reconocimiento.
TOMÁS GUTIÉRREZ