Mª Ángeles Polanco, un ejemplo de lo poco que vale la palabra de algunos políticos 

            Finalizábamos la editorial del mes pasado diciendo: “Mª Ángeles Polanco, si tiene un poquito, sólo un poquito, de ética, no puede, ni debe, pactar con los socialistas”. Antes hacíamos unas reflexiones de por qué no debía aliarse con el PSOE. Entre otras hablábamos de las denuncias ante la Fiscalía de cinco concejales socialistas, además de Sebastián Verdugo, por cuestiones urbanísticas. A ello uníamos la salida del cuatripartito de Nadine Fernández, a la que la mesa chirigotera antitransfuguismo había nombrado tránsfuga conjuntamente con José Pedro Butrón y Andrés Díaz, y que haría lo mismo con Ernesto Marín, alcalde, por pactar con unos tránsfugas. 

            Decíamos que “es inconcebible que Polanco no quiera gobernar con tránsfugas y no le importe hacerlo con personas que han cometido numerosas ilegalidades –según los tribunales-.”.  Comentábamos que la integridad política de la concejala del PSA estaba en entredicho y que si “pacta, como parece que hará, con los socialistas, demostrará que esa integridad de la que ha hecho gala en todo este tiempo, no era más que una fachada. Mucho le han tenido que ofrecer para que acepte formar parte de un equipo de gobierno en el que además de estos imputados, estará una concejala –DECLARADA TRÁNSFUGA-.”. 

            La edila del PSA ha manifestado en varias ocasiones que no formaría parte de un equipo de gobierno en el que estuviera Nadine por ser tránsfuga, pero ahora ya no le importa, le da lo mismo que lo sea -motivo por el que abandonó el cuatripartito al no querer gobernar con tránsfugas-, y ya acepta lo que diga el provincial de Izquierda Unida por encima de lo dictado por la Mesa Antitransfuguismo, a la que, por cierto, no le da ningún valor, aunque si usó su fallo para abandonar el barco en el que estaba y dejar tirados a sus compañeros de gobierno para aliarse con los que hasta ese momento eran sus enemigos.  

            Pues bien, Mª Ángeles Polanco ya ha dejado claro que su integridad política era pura fachada, como nos temíamos. También ha dejado claro que su palabra no vale nada, porque tras declarar en varios medios de comunicación y a asociaciones vecinales que NUNCA PACTARÍA CON EL PSOE NI APOYARÍA UNA MOCIÓN DE CENSURA CONTRA EL TRIPARTITO, le ha faltado tiempo para hacer todo lo contrario. Sabe que los ciudadanos no apoyan la vuelta del PSOE al poder, se lo han dicho por activa y por pasiva, pero le ha dado igual. Dice que Román y los socialistas han cambiado y se han vuelto más tolerantes como justificación al pacto, pero no es así. Los socialistas, y menos aún Román, no han cambiado, no hay más que ver los plenos y su política barriobajera desde que perdió el poder para comprobarlo. La que ha cambiado, y mucho, ha sido Polanco. La pregunta es clara: ¿por qué y por cuánto? 

            ¿Qué le dan que no tuviera ya? ¿Un puesto en el PSOE dentro de dos años y medio? ¿Ayudar a su secretario local, con graves problemas económicos, embargo de cuenta de un instituto incluido, al que debe más de siete mil euros y no le paga? ¿Cómo habría que llamar a una persona que pacta con tres partidos para echar del Ayuntamiento al PSOE y luego los deja en la estacada para unirse a los socialistas, a los que entrega en bandeja de plata el Ayuntamiento? ¿Qué es peor, ser tránsfuga o traidora? Si hubiese seguido en la oposición, como dijo que haría, apoyando las propuestas buenas para Chiclana, vinieran de donde vinieran, nadie la criticaría, pero ese cambio de chaqueta ha sido una puñalada trapera a la democracia, a sus votantes y a los chiclaneros. ¡Qué decepción!

 


Recomienda este
artículo a un amigo

volver