Hipólito Falla, Polo

He vivido y bebido mucho, pero no me arrepiento de nada de lo que he hecho

    

El 12 de agosto cumplirá 71 años, se llama Hipólito Falla Vázquez aunque todos lo conocen como Polo. Nació en Cádiz, en la calle Nueva, 8, donde estuvo ubicado el Café Español, que era de su padre (tuvo otros negocios, pero se arruinó). Este, cuando estalló la guerra se fue en el crucero Baleares de jefe de cocina, donde perdió la vida, lo que motivó que viniera a vivir a Chiclana, ya que su madre era de aquí. Tenía ocho años. Su vida ha sido una constante aventura. Estuvo en la cárcel, exiliado y la bebida fue su mejor compañera durante mucho tiempo, pero ahora lleva varios años sin probar una gota de alcohol, le tocaron los ciegos, se casó con una cubana y ahora está a punto de divorciarse.  

     -¿Cómo ha sido tu vida?

-La mitad de ella la he pasado fuera de Chiclana, he corrido mucho por ahí, estuve exiliado en Francia, preso en España, viví en Alemania, he recorrido varios países de Europa, estuve embarcado...

     -Cuéntame algo de tu infancia.

-Mi madre era María Vázquez, mi abuelo, José Vázquez Zarzuela, el Pinto, era uno de los más ricos del pueblo. Tenía un cortijo y muchas vacas y cuando llegó la guerra civil le quitaron todas los animales y otras cosas. Convirtió en dinero todo lo que pudo, pero éste perdió valor y se quedó seco como el resto de la familia. En la infancia pasé calamidades y con trece años me tuve que ir a trabajar a Cádiz de chicuco (en el almacén de un montañes), en el barrio de Santa María, de ocho de la mañana a doce de la noche. Yo estaba en la pileta fregando los platos y vasos. Allí iban todos los borrachos del barrio. Tenía que fregar los vasos con sosa, estropajo y vinagre, todo el día en la pileta. Yo cojo un vaso y lo bordo. Después me los he bebido todos. Allí pasé mucha miseria, había chinches y en las manos tenía sabañones y grietas.

 

       -¿Qué hiciste después?

-Seguí de dependiente, aprendí a cortar jamón, trabajé en el Corralón con Lorenzo Ruiz Manteca, disfrutando con los borrachos que iban allí a darme la lata. Cuando se quedaban dormidos encima de la mesa les echaba sifón. Fui evolucionando y he sido uno de los mejores camareros de Europa. He estado en el Casino Republicano Francés, en París. Allí estuve exiliado siete años. Antes había estado en la cárcel por decir ¡¡¡Viva Franco y me cago en el comunismo¡¡¡, o sería al revés, no recuerdo (risas).

       -¿Qué fue lo que pasó?

-Dos buenas personas de este pueblo, un bodeguero y un cura, dieron el chivatazo. Salía yo de un bar que había en Carmen Picazo, con un par de vasos. Me detuvieron cinco guardias civiles y pasé cien días en la cárcel

que han cerrado hace poco. Han sido de los peores de mi vida. Si no hubiera sido por un primo que me pagó la comida en Casa Revuelta, me habría muerto de hambre. Me trataron como a un bicho. Nadie iba a verme, parecía que había matado a siete. Qué gente más mala y envidiosa hay en este pueblo. Este es el pecado de Chiclana, la envidia.

      De allí me llevaron a Cádiz y después a Madrid. El fiscal pidió diecisiete años y tres meses, ocho años por atentado a la seguridad del Estado, desórdenes públicos y sedición militar, y nueve años por cagarme en Franco y gritar ¡¡Viva el comunismo¡¡. Ahora sigo diciendo lo mismo. Las ideas que tengo, buenas o malas, son mías. Hice una cosa y pagué por ella, pero no me arrepiento, nada debo y mantengo lo mismo que entonces. Al final me condenaron a dos años y un mes. Se murió un Papa (Juan XXIII) y salí poco antes por una amnistía

     -¿Estuviste en Carabanchel?

-Sí. No pasé frío y hambre...Encontré gente buena aunque al principio estuve con delincuentes comunes hasta que me pusieron con los presos políticos. Tuve que echar dieciocho instancias para que me cambiaran de módulo. Cuando salí de la cárcel me vine para Chiclana. Cuando llegué aquí me aislaron. Todos me dieron la espalda como si hubiera matado a alguien. Sólo un hombre me trató bien. Era víspera de Nochebuena y me dio veinte duros, era Cristóbal, el de la joyería. Estuve veintidós días sin comer, se apartaban de mí como si estuviese apestao. En mi casa de Segismundo Moret, registrando por si había alguna lata, encontré una bolsa con pan duro que había guardado mi madre. La metí en un cubo de agua y comí parte. Al día siguiente estaba lo que dejé verde, pero no me sentó mal. Si las gallinas lo podían comer, yo también.

      -No fue un buen comienzo.

-A los veintidós días me fui a Cádiz, al Café Español, y mi primo, Pedro Ordóñez, me dio trabajo de camarero. Después cogía el dinero y en una venta me lo gastaba emborrachándome, me despedían, volvían a admitirme, y así estuve algún tiempo. Mis primos me querían y me quieren mucho. Allí me ayudaron bastante, al contrario que en este pueblo.

 

       -Le cogiste cariño a la bebida desde joven...

-A mi me ponía bien, contento. No me metía con nadie y me limitaba a decir lo del comunismo y ¡¡Viva la República¡¡, radio, música, leer un libro en voz alta en la calle, declamar, que lo hago bien. Después de estar en el Español volví a Chiclana y otra gente me denunció por decir lo de Franco, el comunismo, etc. Unos que se las daban de ser amigos míos, que paraban en un bar de la calle La Vega. Me vi otra vez en la cárcel, por lo que me quité de en medio. Tenía que ir cada quince días al juzgado, pero me marché a Madrid y de allí salí hacia Francia en auto-stop, andando...Entré por Vera de Bidasoa.

            Aparecí como si me hubiera perdido. Paseando, paseando, subí una montaña con un traje marrón y zapatos de baile, empezó a llover, 

rodé por las laderas y llegué lleno de barro. Estaba a siete kilómetros de la frontera. Viajé hasta San Juan de Luz y vi al padre Sokoa, que era el que ayudaba a los de la Eta. Me ayudó con algún dinero y pude seguir hasta Bayona. Desde allí y hasta París, haciendo dedo. Tardé cinco días.

       -¿Cómo te desenvolviste allí?

-Contacté con Severo Ruiz, militante comunista, sevillano, que había estado preso con Franco. Me llevó al Socorro Rojo francés, una organización que ayudaba a los exiliados, me dieron ropa, algo de dinero y comencé a trabajar en el Casino Republicano Francés, que estaba en la Avenida de la Opera, tres días por semana. Tenía título de refugiado político. Estuve siete años, me fui a Berlín y en el aeropuerto no me dejan estar, tampoco podía pasar a la parte oriental porque allí no reconocen lo de refugiado. Mi caso llegó al Parlamento berlinés y me concedieron la estancia, pero no me dieron trabajo, por lo que me tuve que ir hasta la otra Alemania. De allí, a París otra vez. He pasado la frontera cuatro veces.

      -También estuviste en Praga.

-Quería conocer cómo funcionaba el comunismo allí. Yo pertenecí al comité del Partido Comunista italiano cuando era secretario general Berlinger, y en Milán me ayudaron. Por cierto, en París había un centro de ayuda a los refugiados políticos de todo el mundo, que buscaban padrinos para que pasaran una cantidad cada mes a su apadrinado. Te hacían un expediente que enviaban a una serie de mecenas. El mío fue Pau Casals, el famoso violonchelista, que residía en Puerto Rico. Era un buen republicano. Me enviaba mil francos al mes, más de lo que ganaba un operario de la Renault. Además de ese dinero ganaba más con mi trabajo, aunque parte de ese dinero se iba en ayuda a otros compañeros que estaban en mala situación económica.

      -Entonces regresaste a España otra vez.

-Recalé en Santander. Me fui al pueblo donde nació mi padre, Villanueva de Labarce, entré en la casa y me acosté. Una vecina creyó que eran ladrones y llamó a la Guardia Civil, que me detuvo. Al comprobar mi identidad vieron que estaba reclamado y me mandaron a la cárcel de San Vicente de la Barquera, donde estuve once días sin comida ni bebida. Después me mandaron a Santander. Escribí una carta al juzgado preguntando por qué estaba detenido y el juez de Chiclana, Don Antonio Barrios, decretó mi libertad.

      -Hay gente que piensa que eras una persona con estudios cuando en realidad lo que te ha enseñado es el mundo y lo que has vivido en estos años.

-A mi me ha gustado siempre leer. Leo mucho, sobre todo el Quijote.

     -Me han dicho que ibas a la Casa del Pueblo y les leías los discursos de Castelar.

-Allí les he leído de todo y les he puesto como los trapos. Ese sitio es como una casa de tratos. Allí la gente va a hacer negocios. Ellos estaban con el cachondeo mientras leía y yo me tomaba siete vasos.

      -¿Por qué bebías tanto?

-Porque no me sentía útil, no hacía nada y para evadirme bebía una botella de whisky todas las mañanas. Lo sacaba a los amigos el dinero.

      -A Pepe Mier le has mangado mucho.

-Le he sacado de todo. A Pepe Mier lo quiero como si fuera mi hijo. Lo conozco desde que era chico.

     -¿Y el actual alcalde cómo se porta?

-Es muy rasca. De todas formas Pepe, además de alcalde, es mi amigo.

      -¿Qué te pareció su etapa de alcalde?

-Bien, no sé, en ese tiempo no lo trataba mucho como alcalde.

 

    -Ojú, ojú, Polo, me parece que estabas demasiado embebido.

-(Risas de Polo) Sí, eso creo que fue lo que pasó. No estaba muy lúcido en esos momentos.

   -¿Cómo ves las cosas ahora, lúcido como estás?

-Como personas no entro a valorarlos, pero políticamente son unos inútiles. Lo que hacen es porque tienen una buena racha, con la playa y el turismo. Esto no es labor suya, estaba aquí y el capital acude no por sus méritos, porque ellos no hicieron nada hasta hace poco que empezaron con la prensa y la tele. Tampoco estoy de acuerdo con lo del séptimo centenario. Con la cantidad de cosas que hay que hacer en este pueblo, que se dediquen a hablar de que hace setecientos años que se inventó Chiclana, cuando es mentira, la verdad es que me cabrea. A mí me da lo mismo que tenga setecientos o cinco mil, lo que en verdad me importa es la realidad de lo que se ve todos los días aquí. Hay que ver las pamplinas que están diciendo y el dinero que se gastarán. Para los negritos un carajo y para ellos una comidita. Deberían preguntarle a la Duquesa de Medina Sidonia.  

 

   -Bebías mucho y de pronto, desapareces un tiempo y cuando vuelves eres abstemio. ¿Cómo fue ese cambio?

-Me juntaba con un buen amigo, Pastrana, que las cogíamos bien todos los días. Dejé de verlo y al tiempo lo encuentro en la calle y lo vi muy bien, con mucho brillo. Le pregunté que dónde había estado y me dijo que en Córdoba y que yo debía ir también, así que me fui dos meses y medio a un centro. Leía mucho, tomaba pastillas, vitaminas, charlas, paseos, cine. Lo pasé bien y después he vuelto a verles y a llevar a un amigo. Hace ya cinco años que lo dejé. Lo mejor de todo es que el hígado no lo tengo mal y espero que todavía dure muchos años.

   -También te tocó la lotería y te has casado con una cubana.

-Me tocaron cinco millones hace cuatro años. Me duró un año. Me fui varias veces a Cuba, ayudé a mucha gente y me casé con una cubana joven por hacerle un favor. Me costó ochocientos dólares. Vino a Chiclana, pero no le gustó y se marchó. Ahora estoy preparando el divorcio. En Cuba tengo buenos amigos.

  -¿Cómo ves a los jóvenes de ahora?

-Muy mal. Se están perdiendo las buenas costumbres y la educación. Estos chavales no han leído el Quijote y así les va. No tienen ideales.

  PACO LOPEZ

 




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