FURA, TRAPECISTA: “MI MEDIO ES EL AIRE, ES DONDE ME SIENTO BIEN

 

 

            Se dedica a subirse a las alturas y hacer acrobacias en ellas desde hace algunos años, es trapecista, nacida en Barcelona, pero ha viajado por casi todo el mundo con sus espectáculos, está acostumbrada a ver a la gente desde arriba y sentir sus miradas, unas veces de placer y otras de miedo. Tiene sólo treinta años aunque su bagaje artístico es muy amplio. Lleva en Chiclana desde hace dos años, donde entrena y monta sus escenografías. Tiene aspecto frágil, pero es una mujer fuerte, trabajadora, muy exigente consigo misma.

 

            -¿Cuándo comenzó tu afición al trapecio?

-Hace nueve años, pero antes hice danza, comenzando con seis o siete años. Hacía gimnasia en el colegio, tenia condiciones y una profesora me puso en danza. Siempre destaqué en Educación Física. Practicar danza no era fácil entonces si no estabas bien situada a nivel social. Retomé la danza en serio a los dieciséis años y empecé a hacer clásico en el conservatorio, contemporáneo, entré en el instituto del teatro, en Sevilla, en el CAT y allí tuve los primeros contactos con la acrobacia. Se me daba bien, danza también, pero en esta última no me encontraba tan agusto.

     -¿Qué hiciste después?

     -Empecé a interesarme por la técnica del circo y me marché a una escuela de París. Allí se tocaban todas las disciplinas, me interesaba la contorsión y el trapecio, pero como venía de la danza y no soy especialmente musculada, tenía algunos problemas para los brazos.

 Empecé a tomar clases de danza, cuatro o cinco al día y tres veces a la semana iba a clases de trapecio. Tuve la suerte de encontrar a una profesora que fue mi mejor entrenadora, que también provenía de la danza y entendía el movimiento en el trapecio y en el aire como un movimiento en sí y no como ejercicios gimnásticos.

            Esta filosofía conectó conmigo y trabajar con ella me hizo decidirme por el trapecio. Su nombre es Josephine Maistre, aunque es conocida como Zoe y fue trapecista del Circo de las Ratas, que ya no existe. Cada vez me sentida más cohibida en danza y más libre en el trapecio, por lo que dejaba de asistir a las clases de danza e iba más a las de trapecio. Entonces descubrí que no me gustaba tocar el suelo para moverme y entendí que mi medio era el aire, donde me sentía bien.

            -¿Cuánto tiempo estuviste en París?

-Dos años. Entonces fue cuando un entrenador canadiense eligió un grupo de trece personas para llevarlas a entrenar a Montreal, con el Circo del Sol. Yo fui una de las elegidas. Para la entrevista me puse tres jerseys de lana para aparentar que estaba cachas.  Estuve un año entrenando allí, en un trapecio de vuelo a la horizontal, que no se cambia de aparato ya que son figuras acrobáticas sobre él. Después volví a París para trabajar con el circo Romanesque Bouglione y más tarde regresé a España, donde creé un número de trapecio que se llamaba El corazón del ángel, inspirado en la película de Alan Parker. Gustó mucho al público, aunque no me suele preocupar de eso, yo creo cosas sin pensar en que a la gente le vaya a gustar.

            -¿Qué fue lo siguiente que hiciste?

-Un año más tarde hice Catorce, un número de telas, doce metros de tela que cuelgan del techo, con una evolución de movimientos en las telas, de imágenes, que es el que hice en el Teatro Moderno el Día del Libro. Está inspirado en un cuento de Borges llamado La casa de Arterión. Ahora preparo un tercer espectáculo, Azoth, donde pretendo agrupar todos los conocimientos que tengo acerca de la técnica del trapecio y del movimiento en el aire, tal y como lo he ido explorando. Es un trabajo de búsqueda de nuevas imágenes, formas e instalaciones.

            -¿Los aparatos que utilizas los diseñas tú?

-El trapecio fijo es clásico, lo que yo hago en él no lo es, se basa en la técnica clásica pero es una reinvención. Las telas es una técnica de circo contemporánea, que la utiliza más gente. El nuevo espectáculo, que gira en torno a un sello de Salomón, una estrella de seis puntas, sí es una construcción mía. Ese ha llegado a ser mi símbolo, para mí está cargado de sentido y de significado. Construí una estrella de seis puntas, de una determinada dimensión que puede contenerme en su interior.

            Por ella circulo a base de movimientos e imágenes. La segunda parte es un trabajo en telas, pero me distancio de las telas que se están trabajando y le doy un nuevo tratamiento, personal. El tercer número sí es algo experimental, ya que nadie trabaja en una estrella de seis puntas ni trata las telas de la forma que voy a hacer.

            -¿En París y Montreal hiciste algún número tuyo o te dedicaste a aprender y a trabajar lo que te decían?

-En Montreal hice un espectáculo llamado Las pistas de Nafkas, un monumento geométrico que hay en Méjico. Era conjuntamente con la escuela y en París, en el circo que te hablé antes y en el de Lydia Bouglione.

 

            -¿Por qué volviste a España?

-Llevaba cuatro años fuera y ya tenía ganas de volver, pensé que ya había acabado mi etapa de aprendizaje. En Madrid fui profesora de trapecio y en la carpa del circo lo construí. Lo estrené en Barcelona, con bastante éxito. Lo representé muchas veces en lugares diferentes. Al año siguiente vendría Catorce.

            -¿Las clases de trapecio que impartías era del clásico o innovabas?

-Era clásico, pero desde mi punto de vista. Lo que me 

interesaba era darles una base sólida donde pudieran desarrollar su estilo personal. No quería que sólo aprendiesen técnica, porque ésta es un medio, no un fin. Resultaba interesante darles una base psicológica porque el trapecio está basado en eso. Es una continua superación del estado de uno, es reconocer las debilidades y superarlas, es una filosofía de trabajo constante, de rigor, de disciplina, pero sin olvidar el juego. La disciplina férrea mata la creatividad. Hay que trabajar y reir, trabajar y soñar, trabajar y crear. Si sólo trabajas, la inspiración te pasa al lado y no la ves.

            Lo que quería transmitirles era una disciplina psicológica. El trapecio y las artes aéreas en este país tiene falta de un rigor psicológico.

            -El tipo de trapecio que tú haces ¿hay muchos que también lo llevan a cabo?

-Hay gente que trabaja el trapecio, aficionada a éste, pero muy poca que llegue alto haciendo técnicas aéreas. No es una cuestión de fuerza, no es de flexibilidad, de belleza de líneas sino de entrega, absoluta entrega. Entregas tu vida a esto.

            -¿Cuántas horas entrenas cada día?

-Depende de la época. Cuando estoy como ahora con un nuevo espectáculo, seis o siete horas. La creación requiere muchas horas. Cuando ya tengo el número preparado entreno cinco horas, porque lo que hay que hacer es machacar y machacar. En invierno entreno más porque hay más trabajo. Hay que tener buena preparación mental, los problemas no pueden sobrepasarte, al público tienes que darle lo mejor, nunca las sobras, por muy mal que te haya ido el día.

 

            -¿Dónde te encuentras más agusto, en locales cerrados o al aire libre?

-Todos tienen su encanto. Al aire libre ves como la gente que iba de paso se para a verte, sorprendida porque no te esperaba en las alturas. El teatro es otro punto. El negro te hace sentirte rodeada de vacío y oscuridad. Es magnífico estar colgada a varios metros y sólo tener los focos del espectáculo, mirar a mi alrededor y ver vacío. Ayuda a crear un clima, no ves al público pero sientes las miradas, sabes que están ahí.

            -¿Vas a un gimnasio para coger fuerza?

-Depende del trabajo, ahora no puedo. Cuando estoy más libre hago pesas y natación, no me gusta correr y montar en bicicleta, pero para pasear porque para nosotros no es bueno correr ni la bici, porque musculan las piernas y las contrae demasiado, cuando deben estar sueltas. También hago katas porque soy aficionada a las artes marciales.

            En comidas no hago dietas. Tomo muchas proteínas, no como carne y sí mucho pescado, verduras, fruta...Llevo una vida sana.

 

            -Tienes una compañera de espectáculo muy especial.

-Es mi halcón, hembra y se llama Malos pelos. Soy aficionada a la cetrería y me gustaría mostrar al público la belleza de ésta en vuelo, por lo que la estoy preparando para que actúe en este próximo espectáculo.

            -¿Cómo recalaste en Chiclana?

-Hace años viví en Cádiz, me gusta mucho. Vi que necesitaba un cambio de aires, muy propio de trapecistas (bromea), por lo que volví a Cádiz. En Chiclana encontré lo que necesitaba para entrenar, que en Cádiz no era posible. Fui al Teatro Moderno, me presenté, les dije lo que necesitaba y el director, José Luis Díaz de la Torre, me ayudó en todo. Después empecé a tener menos horas para ensayar porque había más actos y gentilmente, la delegada de Deportes me ofreció el pabellón, por lo que les estoy a ambos muy agradecida y si este espectáculo gusta y triunfo, parte de éste será para el teatro y el pabellón.

            Como intercambio ofrezco mi trabajo a ambas instituciones para cuando lo precisen, como el Día del Libro, y espero que cuando se inaugure la piscina pueda actuar allí. Tengo la intención de que cuando tenga preparado Azoth pedirle permiso al Ayuntamiento para hacerlo al aire libre en una plaza.

-¿Hay algún trapecista que te guste?

-Burt Lancaster (fue descubierto para el cine cuando trabajaba en un circo) y Tarzán (Johnny Weissmuller).

            -¿Haces muchas giras?

-He estado en Singapur, Japón, toda Europa, Estados Unidos (Chicago, Boston), ahora voy a Italia, Francia y a otras partes de España. Azoth lo estrenaré en el Festival de Tárrega, en Lérida, en septiembre, uno de los más importantes de España. Voy coproducida por el festival, que elige varios proyectos para financiarlos y estrenarlos allí y el mío fue uno de los seleccionados.

            -Tus trabajos duran quince minutos, aunque el que vas a estrenar pronto llega a los cuarenta y cinco. ¿Compensa ir a Boston para tan poco tiempo?

-Para ellos sí, por eso me llaman. El mundo del espectáculo es así y si tus quince minutos valen y les gustan, te contratan. De todas formas, una obra aérea no debe ser muy larga porque el público coge tortícolis en el cuello de mirar tanto tiempo hacia arriba.

             El famoso Circo del Sol, que ya la conoce de cuando estuvo entrenando en Canadá, le hizo una oferta para irse dos años con él a Miami, pero desechó el ofrecimiento porque estaba preparando este nuevo proyecto y significaba dejarlo aparcado durante dos años, lo que no le apetecía, ya que está muy ilusionada con Azoth. He visto algunos ensayos y es una gozada verla deslizarse por el aire.

 

PACO LOPEZ

Más información en nuestro número de junio 2001

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