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Crónica desde Bosnia por
Rafael Frontado (III)
(
parte I,
parte II)
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Kenan
con su familia |
Kenan Zymberi podrá por fin tener
una vida digna, ya que será acogido con su familia en Suecia, donde podrán
estudiar y su padre trabajar
Esta es la segunda parte de la entrevista que
inició el mes pasado Rafael Frontado, de Caravana por la Paz y
Tareas Solidarias, con uno de los refugiados en un campo de Bosnia,
Kenan Zymberi.
Llegaron al campo y se encontraron con más
albano-kosovares y musulmanes con su misma situación. Y un año más tarde,
a muchos gitanos de Kosovo y Serbia huyendo de las represalias de aquellos
albano-kosovares que retornaron, por haber contribuido en la limpieza
étnica contra ellos. Unas 3.000 personas, hacinadas en tiendas de campaña
de lona de unos 20m2, baños comunitarios y ACNUR era
quien les facilitaba alimentación, medicinas, etc., “pero aun así
teníamos muchos problemas y yo me sentía muy mal, no entendía nada, no
sabía cuánto tiempo iba a estar aquí, no sabía nada...”
Después del verano de ese mismo año cambiaron de tienda de campaña y
pasaron a vivir en una de las barracas de madera que construyeron para
estos refugiados. Cada barraca tiene unos 10 cuartos de unos 12m2
, aseos y cocina comunitaria. En cada una podían vivir unas 90
personas. Las condiciones de vida mejoraron algo, al menos de cara a un
largo invierno frío, nevado y con temperaturas de hasta –20o.
Su vida en el campo era muy monótona, todos los días eran iguales, llenos
de preocupaciones y problemas, incluso con la gente autóctona del lugar.
La mayoría no veía con buenos ojos a estos refugiados, ni siquiera ahora
en la actualidad.
PROBLEMAS RACIALES
Ha existido en todo
momento un aire de rechazo hacia ellos. No tiene sentido ya que la mayoría
de la población de Bosanski Petrovac ha vivido la misma situación cuando
la guerra de Bosnia. Parece que a algunos ya se les ha olvidado. Mientras
estaba en el campo, aprovechó para continuar la escuela secundaria. Pero
sólo fue un mes a clase. Problemas raciales con algunos compañeros,
enfrentamientos y peleas, hicieron que lo expulsaran del instituto. Lo que
pudo romper con su aburrimiento en el campo se fue al traste. Harto de
estar en el campo, decidió ir con su padre al año de acabar la guerra, a
Mitrovica, a ver cómo estaba todo, la ciudad, su casa, las gentes... Lo
que se encontraron fue un panorama desolador.
La ciudad destruida, mucha gente muerta o
desaparecida, su casa totalmente en ruinas y muchos problemas y
enfrentamientos entre los serbios y los albano-kosovares de la ciudad con
más de un muerto todos los días. La ciudad estaba dividida en dos por el
río que la cruza. A un lado los serbios y al otro los albaneses, y los
militares franceses de la KFOR en medio intentando pacificar la
ciudad. Kenan y su padre estuvieron viendo la posibilidad de
comprar una casa, pero observando cómo estaba la situación, no invitaba ni
para ir de visita.
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Cartel
del campo de refugiados de Gorincani |
DETENIDO Y
ENCARCELADO
Aún así, Kenan decidió
quedarse por un tiempo en Mitrovica, en casa de unos amigos, e intentar
volver a la escuela. No deseaba regresar al campo. Estuvo en Kosovo cinco
meses. Él participaba en algunas manifestaciones contra los serbios, hasta
que un día, en una de ellas, lo llevó hasta la cárcel. Tenía entonces 16
años: “Yo estaba con un grupo de
manifestantes, albano-kosovares como yo, en la zona serbia. Protestábamos
como en otras ocasiones para que se fueran de la ciudad, porque Mitrovica
es de Kosovo no de Serbia. En un momento dado, los serbios mataron a uno
de los nuestros y hubo una gran confusión entre los manifestantes.
Entonces los militares franceses empezaron a lanzar botes de gases
lacrimógenos a la multitud para que nos dispersáramos. Yo llevaba una
mascarilla antigás y me dispuse a ayudar a algunos heridos que no podían
moverse.
Un
grupo de militares franceses me vieron y fueron a por mí. Salí corriendo.
Ellos iban en coche y de un momento a otro me iban a dar alcance. Un amigo
tenía una botella de gasolina, me la dio, la encendí y la lancé al coche.
Este volcó, salió ardiendo y explotó. Menos mal que salieron antes de que
explosionara, tampoco tenía la intención de matarlos!!. Corrieron tras de
mí y cuando me atraparon me tiraron al suelo y me apalearon sin compasión
por todo el cuerpo. Luego me cogieron y me llevaron a la cárcel. Estuve
allí unos días, entre serbios y albaneses. ¡Qué miedo pasé!. Un grupo de
militares españoles amigos míos, a quienes ayudé en alguna ocasión, me
sacaron de aquel lugar. Después de esto, me fui de nuevo a Bosnia, al
campo de refugiados”.
PROBLEMAS PSICOLÓGICOS
Su
padre se lo llevó a Gorincani. Kenan volvió a su
vida de monotonía en el campo.
Algún que otro trabajo que encontró en verano,
cortando árboles en Drvar, Kljuc, Bosanski Petrovac, Drinicm o recogiendo
fruta o de peón de albañil... por 20 marcos al día, (unos 10 euros) hizo
que sus días no fueran tan aburridos en ese lugar. Con esto podían, él y
su familia, tener un poco más holgada su situación, y permitirse otros
alimentos que ACNUR no daba a los refugiados, tener algo que comer
cuando se les acababa la ayuda de estos o cuando ésta llegaba tarde,
alguna ropa y algún que otro artículo de necesidad.
En estos tres años que ha vivido en el campo
de refugiados ha tenido una constante pregunta sobre dónde estará su madre
en estos momentos. No es fácil la vida en el campo, ya que todos los
refugiados, unos 300 censados ahora, han vivido y sufrido la persecución
étnica, los han echado de sus casas y luego incendiado o bombardeado,
matanzas, violaciones, todo lo que se permite en una guerra.
Evidentemente todo estos acontecimientos pueden ser causa de problemas
psicológicos que pueden afectar a las vidas de cada persona.
“MI VIDA SIEMPRE HA SIDO
FUEGO”
A Kenan le gusta mucho dibujar y tiene buena
traza con el lápiz.
Llama la atención en algunos de
sus dibujos el clima de hostilidad y violencia que muestran. Es posible
que esto sea reflejo del ambiente de agresividad que ha vivido de niño y
luego durante la guerra. Recuerdo
una noche que estaba Kenan en mi casa, hablábamos de temas triviales
mientras mirábamos el fuego de la chimenea y por un momento se quedó
pensativo y dijo: "Mi vida siempre ha sido fuego, fuego en las casas,
fuego en los coches, en las personas..., siempre fuego". Sin embargo
no todos sus motivos son de estas características, también
dibuja retratos, motivos religiosos y paisajes, como el mostrado en la
primera parte de este artículo en el anterior número.
Kenan tiene buenos amigos en el campo, como
Sadri y su hermano Agron, Cile y Bekim, también
refugiados de diferentes lugares de Kosovo y de diferentes etnias como la
gitana, y con ellos pasa la mayor parte de su tiempo, jugando al fútbol,
al voley ball, paseando por Bosanski Petrovac y yendo a la discoteca los
sábados por la noche, cuando tiene dos marcos para la entrada, claro. Hace
un mes y medio recibió el aviso de ACNUR para dejar para siempre
Gorincani.
Por fin se va a resolver su situación. El
estado de Suecia ha aceptado acogerlos, les ha ofrecido una casa, una
pensión durante un año mientras se adaptan a la nueva situación, cursos
para aprender el idioma, estudios para él, sus hermanos y hermanas y
trabajo para sus padres.
AHORA EMPEZARÁ UNA NUEVA
VIDA
No
saben cuando partirán para allá, pero su estado de ánimo ha cambiado, se
le ve ahora mucho más contento. Cuando hablo con él y surge este tema
siempre me dice: "Es seguro Rafa, es seguro que ahora mi familia y yo
nos vamos del campo, no sabemos cuando,
ACNUR está tramitando toda la documentación para irnos.
No me importa tener que esperar una semana,
un mes o dos porque sé que nos vamos a ir y es seguro.
Vamos a tener una casa grande, con una habitación
para mi solo."
Ya tiene pensado todo lo que va a hacer cuando
llegue allí: "Voy a estudiar mucho, y quiero estudiar pintura o algo
relacionado con esto, aprender idiomas, trabajar y conocer a muchas
chicas...".
Pronto comenzará una nueva vida en paz como cualquier
persona se merece por el hecho de vivir en este mundo.
Deseemos que todo le vaya bien de una vez a Kenan y a
su familia también. ¡Suerte!
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