Mauro Quiñones, director de la Fundación Fernando Quiñones: “Queremos reivindicar con su obra el nombre de mi padre como escritor

     Desde este verano la Fundación Fernando Quiñones cuenta con un nuevo director tras el fallecimiento hace unos meses del anterior, Domingo Bohórquez, en un accidente de tráfico. Mauro Quiñones, hijo del escritor Fernando Quiñones y de Nadia Consolani, es el que a partir de ahora llevará las riendas, con Jesús Romero al lado como técnico cultural. Tiene 38 años. PUENTE CHICO ha hablado con Mauro de los proyectos que hay de cara al futuro y, por supuesto, de su padre y de su obra literaria.

     -Para los que no te conocemos, que somos la mayoría, ¿quién es Mauro Quiñones?

 

-Pues aparte de ser hijo de Fernando y Nadia, he estado siempre en el mundo de las artes gráficas, donde he tenido dos empresas. También he estado muy relacionado con la informática y en el mundo literario siempre he estado inmerso, como aficionado, pero considero que tengo conocimientos suficientes para desempeñar esta labor al frente de la Fundación que lleva el nombre de mi padre. Yo tenía en Madrid mi trabajo, bien remunerado, pero asumí el compromiso de dirigir esta entidad como una deuda con mi padre, porque creo que no se le valoró en vida como se merecía.

   -A ti se te conoce menos que a tu hermana Mariela.

-Yo he sido siempre el hijo que quedó allí, porque mis padres y mi hermana siempre han venido mucho a Cádiz. Yo estaba radicado en Madrid, nací allí, aunque desde pequeño siempre me ha encantado la provincia de Cádiz.

     -Hablabas antes de deuda con tu padre.

-Me refería a que la familia siempre ha considerado que a  mi padre no se le ha dado el valor que realmente tenía. Siendo objetivo debo decir que su talla como escritor ha sido grande y no se le ha valorado suficientemente. Queremos divulgar su trabajo a todo el mundo, que todos sepan que existió un escritor llamado Fernando Quiñones y para ello utilizaremos las últimas tecnologías. Estamos preparando una página web en Internet. Queremos reivindicar el nombre de mi padre y ése ha sido el motivo de que aceptara el cargo de director de la Fundación.

    -Tu padre, aparte de escribir, hizo muchas más cosas, como orador era excelente y su programa de flamenco marcó una época en televisión, teniendo en cuenta los medios y que ésta estaba empezando.

-Recuerdo con mucho cariño estos programas de los que hablas, yo era muy pequeño, pero me encantaban. Queremos contactar con Televisión Española más adelante para tratar de recuperar todas esas cosas que hizo mi padre, tanto en radio como en televisión, recoger todo lo que él hizo, de forma estricta, y en eso es en lo que Jesús y yo estamos empezando a trabajar

 

     -Cuéntame cosas de Fernando.

-Tengo un gran recuerdo de cuando veníamos a Cádiz. Eran viajes de doce horas en carretera, pedregosas. Para tenernos ocupados a mi hermana  y a mí hacía un concurso a ver quién encontraba más animales a medida que pasaba el coche. La vaca estaba valorada en cinco pesetas (había muchas), según la dificultad de encontrar animales así era el precio. Lo pasábamos muy bien y el viaje se nos hacía cortísimo. Teníamos un 4L, de tres marchas. De pronto mi padre nos decía: “El que vea un león le doy cinco mil pesetas”. Le gustaba mucho bromear y tengo recuerdos entrañables.

    Como padre supo mantener un talante recto. Era una concepción de la paternidad distinta a la de ahora, que a los hijos se les deja hacer lo que quieren. Mi hermana y yo hemos salido muy beneficiados de esta educación, porque nos hacía comprender las cosas como eran en realidad y no como nosotros queríamos que fuesen. Mi padre trabajaba mucho y escribía por las noches principalmente. Recuerdo que me dormía con el sonido de la máquina de escribir. Trabajaba mucho y sin embargo tenía tiempo para la familia; no sé cómo lo encontraba. Ahora, que tengo un hijo de cuatro años, Raúl, entiendo mejor a mi padre.

     -Cuando vivía en Cádiz  recuerdo a tu padre paseando por la playa de La Caleta, con un palo recogiendo los plásticos y porquerías que había por el suelo y metiéndolo todo en una bolsa, porque era una playa muy descuidada por el Ayuntamiento y por los bañistas. La gente, no toda, decía: “¡¡Ahí va Quiñones¡¡. No sé para qué hace eso si no servirá de nada”.

-Yo iba muchas veces con él. A mí me parecía bien lo que hacía. Hablando con mi padre siempre mostró principal preocupación por el plástico. Es uno de los peores enemigos de la naturaleza que, incluso al quemarlo, no desaparece. Deja un residuo casi indestructible. Tenía obsesión con los plásticos y era lo que recogía en la playa. Lo hacía no para dar ejemplo, que lo daba, sino porque veía maltratada a su Caleta y eso no lo podía consentir. Siendo niños teníamos a veces vergüenza de actos como estos, aunque al ir madurando se nos quitó y nos hacía sentirnos orgullosos de lo que hacía.

    Cuando nos llevaba al colegio en Madrid en el 4L, se bajaba del coche y se ponía a dirigir el tráfico en medio de la calle para darnos paso a nosotros. Nos poníamos colorados. Fue un hombre muy libre y las apariencias nunca le importaron. Jesús y yo hemos pensado hacer un anecdotario de estas cosas, porque son infinitas. Hay otra anécdota muy simpática. Hace unos años le invitó (junto a otros escritores) el Rey a que fuera al Palacio de la Zarzuela. Estaban tomando la copita y mi padre le dijo al Rey: “Mi capitán: Se nota que este whisky no es de garrafón”. Antonio Gala, completamente asustado, le dijo a Juan Carlos: “Perdone, Su Majestad, que este hombre es de muelle”. El Rey con mi padre se lo pasaba muy bien.

    Esta imagen le ha perjudicado, pero le daba igual. Siempre se comportó como era. Mi madre siempre estaba encima de él con la corbata que debía ponerse, las camisas, intentando que tuviera una buena imagen. Era generoso, desprendido, y lo que le importaba era el alma de las personas.

 

     -Tu padre era un sibarita de la comida y de la bebida.

-Tienes razón respecto a lo de sibarita. Le gustaban las exquisiteces de todas las cocinas. Su debilidad era el pescado, pero le encantaba el cuscús, el cordero con ciruelas, platos franceses, etc. Toda la gastronomía era su debilidad. También le gustaba mucho el vino y fue el que me instruyó sobre éste. Hacíamos debates sobre cuál era mejor, si el Rioja o el de la Ribera del Duero. Disfrutaba con la comida y la bebida.

     -¿Sabes si hay algún proyecto de cine sobre sus libros?

-Hay dos. Un cortometraje sobre un poema llamado Las delaciones, que lo quiere dirigir Francisco Aguirre, y un  

proyecto de Carla Hetman de hacer una película de La canción del pirata. Tenemos mucho trabajo por delante y esperamos que éste sirva para dar a conocer a todo el mundo la extensa obra de Fernando Quiñones.  

      -El seminario lo habéis dejado para finales de abril.

-En las fechas en las que hacíamos el seminario coincidía con otros de otras Fundaciones y lo que pretendemos es compenetrarnos con todas ellas, no pisarnos el terreno unas a otras, por eso lo hemos cambiado a abril o mayo, dependerá de la fecha de la Semana Santa de cada año.

     -¿De que va a tratar?

-A mi padre le encantaba el relato y sobre este tema va a ser el seminario. Estamos dándole forma a esta tercera edición y seguimos con otras actividades que quedaron paralizadas por la desgraciada muerte de Domingo Bohórquez, como es la presentación del libro sobre los relatos, la obra escogida de mi padre, será a finales de octubre, el 25 en Chiclana y el 24 en Cádiz. En noviembre haremos un homenaje a Pilar Paz Pasamar.  

 

    -¿Cómo te han tratado los políticos hasta ahora?

-Me han atendido muy bien y hay ganas de que esto cuaje. Nos están poniendo los medios para que podamos desempeñar todas nuestras labores. Dicen que pronto comenzarán las obras de la Casa Briones, con lo que podremos trabajar mucho mejor.

    -¿Cuál es la función de Jesús Romero en la Fundación?

-Jesús es el técnico cultural y la función que tiene es la de diseñar la programación (con consenso) y su labor va encaminada a todo lo que tenga que ver con el ámbito cultural de la Fundación. Ahora estamos los dos trabajando codo con codo, 

hay una proximidad grande, es una persona muy válida y adecuada para este puesto. Los dos tenemos mucha ilusión y creemos que este proyecto lo sacaremos adelante.  

   -¿Qué mensaje le darías a los chiclaneros?

-Pues que aunque parezca que estamos callados no es así, porque acabamos de coger las riendas de la Fundación. Jesús y yo estamos trabajando duro para que la Fundación esté haciendo cosas pronto. Además, programar un seminario es muy complicado porque hay que andar con muchas agendas de la gente que queremos traer y acoplarlos a todos es muy difícil. Tenemos previsto un plan muy ambicioso en todos los ámbitos, ya que aparte de la línea académica pretendemos enriquecer la Fundación con otras cosas culturales, talleres literarios, unas jornadas literarias en verano, en Chiclana, así como lecturas de poemas, conferencias, hacer una revista, la página web...

 

     -¿Os habéis planteado que las conferencias del seminario sean sólo por la tarde, para dar opción a mucha más gente que quiera acudir, profesores y estudiantes sobre todo?

-Ya lo hemos hablado Jesús y yo y parece que ésa será la línea a seguir, porque otras Fundaciones también lo hacen así y les va bien. Lo importante es que venga gente a las conferencias y por las tardes hay más facilidad para todos.

    -¿La Fundación tiene pensado hacer algún reconocimiento a Domingo Bohórquez, anterior director de la entidad?

-Sí, porque su labor fue importante. Queremos hacerle un reconocimiento más adelante. Su muerte nos sorprendió y dolió, y se merece que le recordemos.

     Días después de esta entrevista se llevó a cabo una rueda de prensa para presentar a Mauro como nuevo director y a Jesús Romero como técnico cultural de la Fundación Fernando Quiñones. Suerte a los dos.

  PACO LOPEZ

 


Más información en nuestro número de octubre 2001

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