ESPÁRRAGO 2002, para todos y para nadie Un cartel
variado y comercial logra una exitosa afluencia de público La más comercial de
las ediciones del Espárrago nos ha traído, además de un claro
aumento de público, un, esperemos, alivio de financiación que supere los
problemas derivados de sus anteriores ediciones. De esta manera, y tras el
concierto de bienvenida del jueves (allí estaban los chiclaneros
Poorhouse, clasificados en el concurso previo) en el que un sonido
descorazonador y una evidente falta de interés de la organización
deslució lo que se presuponía un concierto ilusionado y familiar (con
grupos de la zona más algunos invitados sorprendentes como Las ratas),
el viernes un público efervescente de hormonas, quizás más joven de lo
habitual, llenó el Circuito de Velocidad de Jerez para ver el heterogéneo
cartel y disfrutar del abigarrado ambiente festivo propio del festival.
Jaguares, con su pop-rock a medio camino entre lo clásico y lo moderno, cumplió expediente. El flamenco, cita indispensable en Jerez, cumplió con La Chiqui y Segundo Falcón, aunque no así con el pachanguerío descafeinado de El Barrio. Fangoria cayó, y vaya lástima, del cartel para desesperación de los muchos fans que se lamentaban del palo y Tabletom demostró tener más garra, tablas, sapiencia, creatividad, ironía y arte que muchos de los que habían de pasar por el escenario grande, incluido el mismo Bunbury que, justo tocando a la vez, casi los deja sin público. En el escenario principal Orishas, a pleno sol, cumplieron como pudieron con su rap asonantado, Dover, en loor de multitud adolescente, guitarreó con la misma poca gracia de siempre y dio paso al viejo Iggy. IGGY POP, MUCHA CAÑA POR DAR TODAVÍA La iguana demostró, como siempre, que ha sobrevivido porque aún le queda mucha caña por darnos. Momentos estelares, con la peña (mucho menos público que Dover ¡oh tempora!) exultante y excitada, como el clásico I wanna be your dog. Un huracán, oiga. Sonido bronco y directo al corazón. Cerró Bunbury, con su presunción, su pedantería de tres al cuarto y su descojonante, casi paródica, versión de José Feliciano. Je, je, je. Ahí te quedas, Bunbury, me voy a bailar a otro lado. Los Djs, cojonudos. Todos.
Al día siguiente, el sábado, Eugene, estos Sonic Youth caseros a los que ya conocimos el año pasado, mejoran. Muy bien. Sunday drivers, así así. Ezequiel visto y no visto y Omega, bueno... perdonamos a Morente porque lo queremos mucho, pero ya se está poniendo pesadito. Además, el sonido fue nefasto y se perdieron imperdonables matices de la guitarra flamenca y de los despistados coros de palmeros. Lagartija Nick cumplieron como titanes, pero el espectáculo global fue incómodo de seguir. Casi irritante. Los temas introductorios (esas alegrías y los tangos) evidenciaron que Morente es más un admirable y pudiente teórico que un cantaor de recursos vocales. Pero lo peor, ya digo, fue que, tras estos años, no hay casi nada nuevo en Omega. Lástima. El experimento aún podría (debería) dar más.
BIG SOUL, DE LO MEJOR DEL FESTIVAL Deluxe atractivo sólo por momentos y Big Soul la gran sorpresa. Vaya directo. Explosiva mezcla de rock y funk químicamente impuro, caña en vena. Trío demoledor. Público extasiado dando botes poseído por la energía que fluía del escenario. Sonido impecable. De lo mejor de todo el festival. Un cañón. Magníficos. Cada vez más público ante ellos y cada vez más entregados. Toda la peña bailando y de pronto terminan y no hacen ni un bis pese a los gritos del personal que quería más ¡Mucho más!. Luego, Sidonie un poco pesados y pretenciosos. Algunos temas muy bien, pero no sé... algo fallaba. Sicodelia setentera algo aguada. No sé... fin de fiesta endeblillo. Y en el escenario grande tras Backyard babies, Amaral (¿de Operación Triunfo?) y Sober, los esperadísimos Extremoduro, que volvieron a repetirse por enésima vez ante TODO el personal congregado para ver al burrillo del Robe hacer el indio. Aun así sonaron mejor que de costumbre. Y algunos temas clásicos nos hicieron recordar mejores momentos de la banda. La gente coreaba extasiada. Esto se llama jugar a caballo ganador. Y luego Hamlet, tan brutales como siempre, nos trasladaron, de golpe, a Villarrobledo. Y los Djs, cojonudos. Todos. CERTAMEN EXTRAÑO En fin, un festival extraño, más desgarbado que ecléctico (¿Hamlet y Amaral juntos? ¿Iggy Pop y Bunbury?). Si este año ha habido que sacrificar el cartel y la filosofía esparraguera para salir de la quiebra que amenaza la supervivencia del Espárrago desde el año del diluvio pues bien, celebremos su éxito y brindemos por el Espárrago 2m2, enhorabuena, todo sea por su supervivencia. Pero una y no más. Amigos. Una y no más. MIGUEL A. GARCÍA ARGÜEZ (texto) PACO LÓPEZ (fotos) |