Rafael Martín dio vida a Mario

Mario por alusión, la vuelta al pasado de un muerto que sólo estaba callado por el miedo imperante

    En 1966 Miguel Delibes escribió Cinco horas con Mario. Lola Herrera, en el papel de Carmen Sotillo, velaba el cadáver de su marido, Mario Díez. Durante treinta y ochos años el muerto ha tenido que oir las quejas e improperios de su esposa, que lo puso de vuelta y media. Pero el profesor de Historia estaba muy vivo, simplemente se quedó callado y le dieron por muerto. Harto de calumnias, se levanta y empieza a dar su versión, reflexionando sobre lo que pasó entonces y lo que ha ido ocurriendo en estas cuatro décadas en las que creyeron que había fallecido. En realidad, esa mudez se la provocó el miedo, el que él tenía y el que había entonces en el país.

    La idea de resucitarlo fue de Mikel Gómez de Segura, que también ha dirigido la obra. El texto fue escrito por José Antonio Pérez, brillante en muchos momentos, que está a la altura de lo que se esperaba, pues competir con Delibes no es fácil. Rafael Martín da vida a Mario. Ya disfrutamos con él en El florido pensil hace tres años y ahora retrató muy bien el personaje. Nos dejó algunas frases para la reflexión y para entender los años sesenta, mayo del 68 y todo lo que le rodeó: “La censura es mutilar, es muerte”, “hacía falta un cambio y lo mejor eran las aulas”,un joven es materia fresca, vulnerable. Con arcilla se puede moldear un ángel, pero también hacer un cenicero”, “sigo creyendo en la utopía y a pesar de todo sigo teniendo fe en los hombres”, “me hice pasar por comunista sólo para fastidiarla (a su mujer)” y “la única vez que el País Vasco fue un Estado, fue el de excepción”.

PACO LÓPEZ

 

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