¿Vade retro a quién?

    En el especial de verano, en agosto, A. M. Eumenia nos contaba que los ángeles se habían cansado de ser buenos y que querían comportarse como los mortales, con sus mismas pasiones y desenfrenos, y hasta desbancar al mismísimo diablo. Este mes es el demonio el que responde a estos ángeles revoltosos.

    Tal vez sean achaques de la edad de este viejo diablo, pero me sorprenden las dudas del hombre al creer los cambios de bando de unos pamplinas con túnicas y aros brillantes en la cabeza. Tantos siglos convencidos de su existencia mediante místicas apariciones, pegados como lapas a los niños con ese rollo de la protección y la bondad, protagonistas hasta en la sopa de algún artículo o libro, y de pronto quieren tomar el poder. Yo, al menos, lo tengo claro, siempre he sido el único capaz de meteros el miedo en el cuerpo.

    O sea, soporto la humillación de pasar de chico VIP en el Edén con un privilegiado jornal y sólo porque quise el ascenso me destinaron a más de una vida entre calderas llenas de llorones, siempre al frente de los trabajos sucios en las tentaciones mortales, y mal visto a lo largo de la historia, por no hablar de los maltratos en los exorcismos. ¿A mis años me vienen con ese cuento? Sólo me faltaba verlos manifestarse a través de las gallinas en las misas negras. Por favor, un poco de seriedad, que una cosa es una travesura con experiencia de vez en cuando y otra muy distinta este numerito. Si se aburren de ser estatuas en los cementerios con rostros pálidos y pasar las horas muertas de nube en nube, que asuman las consecuencias. Ahora deberíais rebelaros y no tomarles en serio.

    Y, para colmo, los entiendo. Es duro mantenerse al pie del cañón, fiel a unos principios mientras los tiempos cambian o los ideales pasan de moda. Si realmente somos una invención del hombre, en el absurdo intento de engrandecer temores y limpiar conciencias, y estos niñatos hablan en serio, un poquito de paciencia, si tal y como va el mundo, a las diferencias entre el bien y el mal les queda muy corto plazo.

    Tal vez tengan perdón de Dios estos hermafroditas insatisfechos, pero con el demonio no se juega y pese a su culpa, a su grandísima culpa, no conseguirán quitarme de en medio.

A. M. EUMENIA

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