Manuel Rodríguez y Marcos Mantero.

Los fantasmas del Imán se pasearon por su Califato Independiente jerezano 

Miles de imanoides se dieron cita en el concierto del treinta aniversario 

            El recinto del Alcázar de Jerez fue el escenario elegido para el retorno, treinta años después de su fundación, de uno de los grupos andaluces míticos, Imán Califato Independiente, sevillanos-portuenses-jerezanos, ya que dos de ellos nacieron en Sevilla, el otro en el País Vasco y el cuarto en Jerez, pero vivieron en El Puerto (en el Camino del Águila, título de su segundo disco), aunque desde el principio tuvieron una relación especial con la tierra del vino. Chano Domínguez les acompañó esa noche.  

Iñaki Egaña y Manolito Imán.

A mediados de los años 70 nació un grupo que supuso una revolución en el mundillo musical de esta tierra: Imán Califato Independiente. Grabaron sólo dos discos, el que daba título al grupo, que se editó en 1978, y Camino del águila que salió dos años más tarde. La primera vez que los vi fue en la plaza de toros del Puerto, en el 78 o 79, en un festival en el que actuaron con Coz, Bloque e Iceberg). Sus directos eran magistrales. 

En poco tiempo se convirtieron en santo y seña del rock andaluz, aunque sus derroteros iban por otro lado respecto a Triana, Alameda o Guadalquivir (después saldrían Medina Azahara y Cai). Eran distintos. Sus componentes ya tenían una sólida formación musical, Manolo Rodríguez, guitarrista, en el grupo sevillano Goma (bueno, bueno); Marcos Mantero, teclista, había trabajado con grupos y músicos sevillanos como Gualberto, otro clásico y pionero de lo que se llamó por vez primera rock andaluz con los míticos Smash; Iñaki Egaña, bajista, vasco, integrante de varias bandas (Los Buenos, Alcatraz, Los Bravos y Barrabás) y Kiko Guerrero, baterista, jerezano, componente de Los Solos.  

Kiko Guerrero.

NOCHE NOSTÁLGICA 

            El pasado 16 de septiembre varios miles de personas acudieron a la llamada de Imán en Jerez, una ciudad que siempre acogió a este grupo como suyo. Muchos puretas mirándose de reojo a ver quién estaba menos ajado. Lo mejor fue la música y los recuerdos. Sus canciones seguían sonando frescas a pesar de los años, no había arreglos nuevos ni falta que les hacía. Eran las mismas maravillosas notas de siempre.  

Urbano Moraes

Los músicos también eran los mismos, pero para ellos sí había pasado el tiempo, como para nosotros. Excepto Urbano Moraes, bajista del segundo trabajo, que seguía con su buena mata de pelo, el resto parecían respetables padres de familia, sobre todo Manolito Imán y Mantero (éste último creo que es médico actualmente). Dicen las malas lenguas (que son las más fiables) que el grupo retornó al escenario tras la petición masiva a través de sus fans internautas. 

            Abrió boca el grupo El tubo elástico, que hizo una gran y original versión de La marcha de los enanitos, uno de los clásicos de Imán, que después escuchamos por éstos. Chano Domínguez actuó de forma testimonial, y Javier Ruibal hijo lo hizo en la percusión. Fue un placer. Cuando les contemos a los nietos nuestras batallitas podremos decir aquello de “cuando se juntaron Imán para un solo concierto, yo estuve allí”.

PACO LOPEZ

 

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