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Román jurando su cargo. |
Tribuna libre
Anatomía de un autosuicidio
¿Por qué
un equipo de políticos que tan sólo llevaba año y medio en el poder es
capaz de dilapidar en tan poco tiempo la confianza que la gente depositó
en ellos?¿Por qué la torpeza, la indefinición, los impulsos y la
ineficacia han sido las constantes de un Ejecutivo que tenía deseos de
perdurar?¿Por qué en sólo unas semanas se rompió el hechizo entre PP y
sus socios de Gobierno?¿Por qué unos gobernantes se han dedicado a
creerse ratas de bibliotecas buscando escándalos en vez de llamar a
puertas para traer a la ciudad proyectos de futuro?¿Por qué hay
unanimidad en el colectivo social en contra de ese (ex)alcalde y esos
concejales?¿Por qué José Pedro Butrón mató al
cuatripartito?
Seguro
que éstas y otras preguntas se la habrán hecho en las últimas semanas.
El experimento del cuatripartito ha acabado como el rosario de la aurora
y además, de la peor forma. Concejales acusicas cegados ante una gestión
paupérrima, un presidente de la Mesa de Edad que desprecia el poder
soberano del pueblo representado en el bastón de mando, y algunos ediles
que escupen sobre ese invento llamado Democracia al irse del Salón de
Plenos en plena sesión de investidura de la máxima autoridad municipal.
Increíble... pero cierto.
EL
CUATRIPARTITO, UN ESPERPENTO
Así ha
sido este cuatripartito. Un esperpento, una pesadilla, un engendro que
se nos impuso como algo bueno para contrarrestar la desidia y el
acomodamiento de 28 años de gobiernos socialistas y que a las primeras
de cambio dio muestras de no tener nada que aportar. Ante el conformismo
por tantos años de socialismo, la gente pedía aire fresco. En principio
parecía una buena idea un Gobierno multicolor y que aportara nuevas
ideas a la gestión municipal.
Pero la
cosa se quedaba ahí, en ideas. Los proyectos brillaban por su ausencia.
Para muestra un botón. El alcalde, Ernesto Marín, presenta un
proyecto de guardería en el polígono de Pelagatos. En la rueda de prensa
se demuestra que el trabajo es nulo, el proyecto no existe y la
propaganda cuatripartitera intenta tapar lo que es un fracaso político a
todas luces. Ese equipo de Gobierno quería instalar un centro educativo
al lado de una antena de telefonía móvil. ¿Hablamos de otros proyectos?
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Ernesto Marín poco antes de dejar el cargo |
PARDILLO
Museos ya
teníamos nueve o diez. Esculturas y estatuas, unas cuantas. Pero
proyectos de desarrollo, esos que hacen que Chiclana haya sido tomada
como ejemplo en todo el país, no aparecían. En primer lugar porque no
creo que Marín y los suyos esperaban un apoyo de la Diputación, la Junta
y el Gobierno central a los proyectos que dejó el PSOE pendientes.
Cádiz, Sevilla y Madrid tenían como objetivo exprimir al hijo de Pepe
Marín y lo consiguieron. Segundo porque no se puede ser más torpe en la
relación con administraciones "no amigas".
Para ser
alcalde o miembro de un equipo de Gobierno hay que tener mucha mano
izquierda y no calentarse la boca porque no así no te van a hacer caso.
Eso ha sucedido y ahí Marín pecó de pardillo. Para que una historia como
la del cuatripartito tuviera final feliz, hacía falta también estar
atento a la dinámica diaria de la ciudad. Y eso lo descuidaron. Entre el
"estamos aterrizando" y el "tenemos varios proyectos sobre la
mesa", transcurrió el devenir de esta aventura que nos ha puesto al
borde del cadalso económico. La in(definición) de un programa de
Gobierno a todas luces deficiente (copia en un noventa y tantos por
ciento del programa electoral del Partido Popular y con graves
olvidos como Sancti Petri), más la confección de un Presupuesto de
locos, imposibilitó que el trayecto del cuatripartito no fuera más allá
de la mera escaramuza.
PELEAS
CAINITAS
Pero
luego estaban los egos inflados. No creían que se iban a ver en unas de
estas y de concejalillos pasaron a palpar poder y lo de la erótica del
ídem, existe. Si no que se lo digan a Ernesto Marín, un empresario en
teoría modelo, que agazapado en una ideología que no le pega mucho, se
ha transmutado en máximo defensor de las esencias peperas,
Ruiz-Sillero mediante. Que se lo digan a Manolo Guerrero,
personaje que debe ser estudiado en las aulas de Ciencias Políticas como
modelo de edil demagogo y posibilista (para los de la LOGSE, aquel que
se arrima al fuego que más caldea).
Que se lo
digan a Estefanía Benítez, enfrentada con toda la plantilla de
Radio Chiclana por causas que ella misma sabrá y que de
buenas a primeras tomó la Casa de Cultura como refugio para convertirse
en la perfecta política inane. Que se lo digan a Butrón, personaje
ambivalente, que pasó de llevar una línea clara de hostigamiento al PSOE
azuzándole con temas urbanísticos, a pasarse un año y medio en su
despacho acumulando expedientes de proyectos de futuro mientras se
perdía en peleas cainitas con los de Izquierda Unida y en el tumulto de
alfombras corruptas y edificios supuestamente sin licencias.
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José Pedro Butrón |
NEBULOSO
FUTURO
Su
crédito actual está a cero y tan sólo le sirve para liberar sus
frustraciones políticas mediante un blog, que bien pensado tampoco es
mal asunto. Si Marín busca culpables de la extinción de su proyecto
tiene que posar su mirada en Butrón, que un día tuvo la buena idea de
cargarse a Nadine Fernández con la excusa de una presunta
irregularidad, aunque todo el mundo sabe que el que fuera líder de IU en
Chiclana no aguanta la crítica interna. Fernández se la jugó y salió
perdiendo en primera instancia, aunque al final el gran perdedor de toda
esta historia ha sido el propio Butrón, al que ahora sólo apoya un
grupito de irredentos. Del resto de concejales, no hablamos: la historia
los ¿absolverá?
Quo usque
tandem abutere, Catilina, patientia nostra?
Hace dos mil años Cicerón se preguntaba hasta cuando iba a abusar
de la paciencia de los romanos el tal Catilina. Los chiclaneros
también inquirían insistentemente de forma ciceroniana al Ejecutivo de
Marín. La paciencia se agotó. No cabe mayor deshonra política que perder
el poder al año de mandato, en una moción de censura y con la mayoría de
tu pueblo en contra. Chiclana busca su identidad en un nebuloso futuro.
MIGUEL A. BOLAÑOS-Periodista