María Luisa Castillo, una Restauradora chiclanera en tierras leonesas Lleva quince años en Astorga, donde ha trabajado en la catedral o el palacio de Gaudí, habiendo formado su propia empresa con dos compañeras
En la ciudad leonesa de Astorga, en plena Maragatería, vive desde hace quince años una chiclanera, María Luisa Castillo Vela, que se dedica a la noble profesión de restauradora de piezas de arte. Sus manos y sus pinceles han tocado y restaurado infinidad de obras en toda la provincia, habiendo adquirido una gran reputación dentro de su profesión. Es una más de las muchas personas que se han abierto camino fuera de nuestra localidad, dejando muy alto el pabellón chiclanero. Desde muy pequeña, María Luisa Castillo tuvo una atracción especial por el dibujo: “En casa jugábamos a dibujar y no sólo con mis hermanos, también con mis padres, Inés y Manolo; nos gustaba a todos”. Empezaron a participar en concursos de dibujo, unos organizados por el Ayuntamiento en las Ferias, otros por la Peña Carnavalesca Perico Alcántara o por distintas Barriadas en sus fiestas: “Muchas veces resultamos premiados. Todavía tengo guardado el primer dibujo con el que gané un Primer Premio en la categoría de los pequeños en la Caseta Municipal, Mi Vaca se llamaba, y entre otras cosas me regalaron un pequeño busto de El Greco que aún conservo”. Sus hermanos Tere, Manolo y Paqui también participaron con ella en aquellos concursos, y también obtuvieron primeros premios. Su hermano más pequeño Antonio, llegó un poco más tarde “y aunque no coincidimos en tiempo, también participó en algunos”. En el Instituto Poeta García Gutiérrez su asignatura favorita fue Dibujo. “Las horas se pasaban volando –comenta- y no me costaba nada el tiempo que tenía que emplear en ella, donde también conseguí las mejores calificaciones”. “Me atraía también la posibilidad de poder ser yo quién transmitiera esos conocimientos”, añade. ELECCIÓN DE LA ESPECIALIDAD Llegó el momento de decidir qué camino coger: “Fue José Luís Díaz de la Torre, mi profesor de Dibujo, el que me informó sobre qué carrera debía hacer para ser profesora de Dibujo”. Con la ayuda de todos en su casa “y especialmente de mi tío-abuelo Luís, tuve la suerte de poder ir a Sevilla a estudiar Bellas Artes”. En el cuarto año de carrera había que decidir entre cuatro especialidades que se impartían allí (pintura, escultura, diseño y restauración). Esta última fue la elegida: “En cuanto conocí la Restauración supe que tenía que ser mi especialidad”. Lo de ser profesora de Dibujo encontró un fuerte rival: ser restauradora. Lo bueno es que eran compatibles, “aunque la segunda desbancó totalmente a la primera”. Lleva ya casi diecisiete años dedicándose profesionalmente a la conservación y restauración de obras de arte, los últimos quince en Astorga, “una pequeña ciudad de León, donde estoy totalmente asentada, tengo mi lugar de trabajo y mi propia familia”.
CASUALIDAD Todo empezó como una aventura, según relata María Luisa, viajar 1.000 Km. para hacer un trabajo en una tierra desconocida y luego volver al sur. Una compañera de facultad, Rosa, de Bembibre, en la provincia de León, tenía una obra y necesitaba ayuda. “Otro compañero, Antonio, de Huelva, y yo de Chiclana, fuimos para ayudarla en la restauración de un retablo en un pueblo cerca del suyo”, señala. Albares de la Ribera fue el inicio de un sinfín de trabajos que desde entonces han ido realizando. LLEGADA A ASTORGA En Noviembre de 1990 “pisé por primera vez Astorga, donde me esperaba Rosa para ir a Bembibre”. En 1991 hizo un pequeño paréntesis entre Córdoba y Jaén para trabajar en varias obras pequeñas. “En 1992 volví al norte y nos fuimos a vivir a Astorga, sin imaginar que sería esa ciudad la que finalmente me adoptaría”, agrega. En Astorga “empezamos trabajando en la restauración de las puertas de la Catedral. Gracias al abundante patrimonio que posee esta localidad y su diócesis, que engloba las provincias de León, Zamora y Orense, hemos tenido la suerte de continuar con nuestra labor todos estos años”. TALLER PROPIO Actualmente comparte un taller de Restauración con dos compañeras, Rosa (con la que empezó) y Marisa, una restauradora de Madrid asentada en la ciudad. PROCESO ARTE 8 es el nombre de la empresa. Entre los trabajos que han realizado en todos estos años destacan las de Astorga, Museo de la Catedral, Museo de los Caminos en el Palacio de Gaudí, Obispado, conventos, diferentes parroquias, cofradías y también para particulares. TRABAJOS EN VARIAS PROVINCIAS Fuera de este lugar han restaurado en el Museo de León, cofradías, iglesias y conventos de Ponferrada, así como iglesias de muchos otros pueblos de la provincia. También de las provincias de Zamora, Orense, Oviedo y Madrid. Muchas de esas restauraciones las hacen por encargo de la Junta de Castilla y León, Diputación Provincial por medio del Instituto Leonés de Cultura, y otras por encargos de Ayuntamientos, Obispado, Juntas Vecinales, parroquias, Conventos y Monasterios, etc. TIERRA ADOPTIVA “Imagino que de no haber empezado a trabajar en el norte –afirma María Luisa- seguiría viviendo en el sur, quizás restaurando o puede que dando clases de Plástica, que es como se llama ahora la asignatura”. Estar tan lejos de su pueblo natal lo sobrelleva muy bien: “Ahora me tengo que conformar con ir dos veces al año a Chiclana, con mi hijo Andrés, de casi 6 años, y mi marido Santiago, al que conocí en Astorga hace doce años”. Su esposo es fotógrafo de la Agencia Fotográfica Imagen MAS (de Astorga), que trabaja a nivel nacional e internacional para publicaciones de todo tipo (artísticas, culturales, turísticas, publicitarias, gastronómicas). Dos veces al año se acercan hasta Chiclana: “Vamos en verano para disfrutar de nuestras estupendas playas y en fin de año para tomar las uvas con la familia”. También vienen algunas veces los abuelos astorganos, Santiago y Carmina, que durante el año “son los mejores canguros para su nieto, y con su ayuda puedo disponer de tiempo para trabajar”. “Me siento afortunada –asegura- por tener una profesión que me encanta y la posibilidad de poder ejercerla aunque tenga que ser a 1.000 Km. de mi pueblo”.
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