Puente Chico


Bob Dylan actuó en Jerez.

Uno de los mitos de la música, y de los más influyentes durante los 60 y 70, pasó por Jerez 

Bob Dylan, el juglar que se dejó el alma en Greenwich Village 

El repertorio que ofreció estuvo falto de sus grandes canciones, interpretando piezas de sus últimos discos 

El pasado 8 de julio actuó en el Estadio Chapín de Jerez uno de los mitos de la música: Bob Dylan. Alrededor de diez mil personas nos dimos cita para escuchar al cantante más influyente de los años 60 y 70 y parte de los 80, aunque nunca ha dejado de estar ahí, con más o menos fortuna, pero presente, al menos, en espíritu. Sin embargo, lo ofrecido por el poeta de Minnesota no me llegó al alma, ni me emocionó, ni tan siquiera sentí un pellizco en algún momento del concierto. Uno de mis ídolos en el escenario y yo, aburrido y cabreado, en la grada. 

            Desde los 17 años llevo escuchando a Bob Dylan. Comencé en una residencia de estudiantes de Madrid donde vivía, oyendo un LP doble de grandes éxitos. Un amigo, Vicente, me puso el disco en el tocata que había por aquella época, 1972, con un solo altavoz y por supuesto nada de estereofónico, como se llamaban entonces a los que venían con dos.  

Era rudimentario, con un sonido agudo que salía gracias a una aguja aún más rudimentaria, por lo que, cuando llegó hasta mí la voz del gran Dylan me sonó como la de un gato al que le acaban de pisar el rabo. Jamás había oído nada tan desagradable. Su voz nasal me echó para atrás, aunque la música me hizo aguantar la primera canción, Blowin in the wind, y la segunda (Just like a woman), la tercera (Mr. Tambourine man), la siguiente (Like a rolling stone)…, y así hasta terminar el long play.  

At Budokan, su mejor disco en directo

DE REPELENTE A HERMOSO 

También debo resaltar el sonido de una armónica, quizás lo que más me impresionó. Lo que empezó siendo repelente a mi oído se fue convirtiendo poco a poco, tras escucharlo varias veces, en bellas melodías. Muchos cantantes, de ambos sexos, han versionado sus composiciones, pero nadie ha logrado superarle, aunque algunos han hecho buenas versiones, desde Joan Baez (compañera de fatigas y de cama en sus comienzos) a Hendrix o los Rolling Stones, que adoptaron Como un canto rodado (Like a rolling stone) en cuanto la escucharon, siendo una de las que no suelen faltar en sus conciertos desde hace cuarenta años. 

En aquella época tenía otras preferencias musicales como T. Rex, Allman Brothers, los Rolling, Led Zeppelín, Lou Reed, Jethro Tull, Bowie, The Who, Creedence, Rory Gallagher, Status Quo, Doors, Chicago, Traficc, Kinks, Yes, Focus, Mayall, Cream, blues, soul, Deep Purple, Hendrix, Joplin, Presley, Ten Years After y poco después, mi favorito, Van Morrison

CONCIERTOS 

Sin embargo, me hipnotizó y fui a ver Concierto para Bangla Desh, idea de George Harrison para recaudar fondos destinados a la población de ese país, que había sufrido poco antes unas gravísimas inundaciones, celebrado en 1971 en el Madison Square Garden de Nueva York, que se convirtió en película y se estrenó un año después, y en el que tomaron parte, el citado Harrison, Leon Russell, Ringo Star, Billy Preston, Ravi Sankar y Eric Clapton entre otros. La guinda del pastel era Bob Dylan.  

Al estar subtituladas las canciones, las mentes obtusas de la censura franquista catalogaron el filme como de Arte y Ensayo, destinándolo a cines reservados para las minorías intelectuales de entonces, por supuesto mayores de 18 años, edad que no tenía todavía y que me obligó a peregrinar por varios de ellos hasta encontrar un portero que no me pidiera el carné a la entrada ni que me echara para atrás al no tener los años prescritos.  

Uno de sus primeros discos y éxitos

GRANDES DIRECTOS 

Después vi otros festivales, en cine o televisión, y películas sobre sus giras como Renaldo y Clara, rodada bajo su dirección, un documental de casi cuatro horas con los conciertos, comidas, viajes, charlas, etc. La gira llevaba por nombre Rolling Thunder Revue, en la que iban sus amigos Roger McGuinn. Joan Baez o Joni Mitchell, y también se plasmó en varios discos, Hard rain y Bob Dylan Live 1975 entre ellos. 

Sus grabaciones en directo son los que más me gustan, incluso en los que aparece como estrella invitada, como en el caso del de Bangla Desh y El último vals (también en película, realizada por Martín Scorsese, con un final memorable cantando I Shall Be Released con The Band, Neil Young y Diamond, Clapton, Muddy Waters, Emmylou Harris, Ringo Starr, Dr. John y Van Morrison), despedida del grupo canadiense The Band, que le acompañó durante muchos años en discos y conciertos, y sobre todo tras el accidente de moto que estuvo a punto de ocasionarle la muerte con tan solo 25 años, grabando el disco The basement tapes (Las cintas del sótano) mientras estuvo recluido, y escondido. 

MIS PRIMERAS TABLAS 

Por cierto, en el extinto Salón Dorado del Mikay, en Cádiz, a principios de los 80 tenía actuaciones musicales cada día (allí conocí a Javier Ruibal, que se ganaba la vida actuando en pubs). Tocó un dúo llamado Julio y Grego, dos hermanos que por aquel entonces hacían las delicias de las jovencitas interpretando canciones de Serrat, Neil Young, Beatles o Bob Dylan entre otros.  

Tras ver la película de El último vals, ellos también cerraron en varias ocasiones uno de sus pases cantando I Shall Be Released con algunos amigos, unos, músicos, y otros, como yo, neófitos, pero que le echamos muchas ganas, y cara, aunque teníamos mucho éxito cada vez que cantábamos esta pieza. Fue la primera vez que me subí a un escenario, aunque mezclado entre los demás y procurando no desafinar al hacer los coros. 

Dylan durante la gira por Italia

REIVENTÁNDOSE A SÍ MISMO 

Casi siempre me han gustado las versiones que hace de sus canciones, como ocurre en Before the flood, doble LP en el que refleja la gira que hizo en 1974 por EEUU, con cerca de un millón de personas viéndolo, o Real Live, de sus conciertos en Italia y con versiones muy particulares de algunos de sus éxitos más conocidos, aunque sin perder su esencia. Otro disco en vivo que me gusta mucho es el que grabó para la MTV, Unplugget, en el 95, con nuevas versiones de sus canciones más clásicas.  

Pero mi disco favorito en directo es el doble album grabado en Japón hace veinte años, At Budokan. Esta grabación refleja cómo Bob Dylan se reinventa a sí mismo, pero dejando las canciones reconocibles para el oyente y dando una vuelta de tuerca en algunas de ellas, haciéndolas en algunos casos aún más bellas, como es el caso de I want you, Mr. tambourine man, Love minus zero, Like just a woman, One more cup of coffee o Blowin in the wind

CONTRA CORRIENTE

Dylan siempre ha ido contra corriente. Como en 1965, en el Newport Folk Festival. Cuando todos le esperaban con su guitarra y armónica, como siempre, apareció con la Paul Butterfiel Blues Band. Sus canciones acústicas empezaron a sonar con instrumentos electrificados y se montó la marimorena, siendo abucheado por el público, que no quería oír rock en un festival folk.  

No le importó y a partir de entonces sus discos y conciertos los hizo con una banda detrás, demostrando, como proclamaba en una de sus mejores composiciones -The times they are a changin-, que los tiempos estaban cambiando. 

Y LLEGÓ EL GRAN DÍA 

El día antes sonó el teléfono a la hora de comer: “¡Hola, Paco, soy Paco!”. Efectivamente era Paco, Téllez. Me dijo que por motivos familiares su novia no podía ir al concierto de Bob Dylan en Jerez y que si quería ir con ellos (ellos eran Paco, Juani Sánchez y Javi García Teba). Tras recomendarle que vendiera la entrada allí para no perder el dinero, 50 euros, porque yo no podía permitírmelo, me insistió en que fuera, que me la regalaba (Paco es así de generoso con los amigos).  

            Puntual, vestido como un general de caballería antes de atacar a los siux en Little Big Horn, comenzó la primera canción. Me gustó la fuerza con que empezaba, pero canción a canción fue diluyéndose mi interés. La mayor parte de las piezas eran de su último disco, Modern Times, largas, repetitivas, tediosas… (desde entonces sólo escucho sus discos en directo para reencontrarme con su alma, que se quedó en Minnesota o en Greenwich Village, y este artículo lo he escrito escuchando sus viejas canciones). 

Este Dylan no estuvo en Jerez

SENSACIONES ENCONTRADAS 

Intentaba adivinar alguna de las antiguas, pero me resultaba imposible. Puse atención en la letra, pero no entendía nada tampoco, sólo maullidos, por lo que desistí. Las dos horas se me hicieron larguísimas. Al final, como despedida, cantó Like a rolling stone, aunque no fue nada del otro mundo.  

            Estaba ansioso por cantar una canción a viva voz con el público, soltar toda la adrenalina que llevaba aguantando desde el comienzo del concierto, pero no fue posible. Terminó el tema, saludó con sus cinco compañeros -excelentes músicos-, y ahí sí que me puse en pie para aplaudirle, no por esa noche, sino por los 35 años de placer que me ha proporcionado con sus canciones. Estuvo a punto de aflorar alguna lágrima en mi rostro al ver al viejo general Zimmerman abandonando el escenario con su tropa tras la batalla.  

MI PRIMERA VEZ 

Era la primera vez que lo veía y, posiblemente, será la última. Sentía una extraña sensación, de tristeza y algo de rabia por no escuchar lo que deseaba, aunque mezclada con la alegría de habérmelo echado a la cara, que nunca pensé que ocurriría. Me habría encantado disfrutar de este momento histórico, al menos para mí, cantando con el viejo juglar a viva voz, como había escuchado y visto en sus recitales, coreándolas con el público. 

Pero lo que pudo haber sido uno de los mejores días de mi vida se quedó en una de mis mayores desilusiones. Si en otra ocasión pudiera volver a verle me gustaría preguntarle por qué fue tan cicatero con los que fuimos a escucharle entonar sus viejas canciones. Quizá contestara, con displicencia: “La respuesta, amigo, está en el viento”.

A pesar de todo, me dio gusto verte. Adiós, amigo. Y gracias. 

PACO LÓPEZ

 


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