El poblado de Sancti-Petri cada vez más cerca de ser público

 

Un pasado oscuro deja paso a un futuro aún no muy claro

Costas, Ayuntamiento y Junta contra sus antiguos dueños, una lucha sin cuartel y muy difícil

(diciembre 1999)

 

     En las últimas semanas ha habido algunos cambios sobre el poblado de Sancti-Petri. El Ayuntamiento pretendía quedarse con él, pagando cientos de millones, pero la declaración de la península zona  marítima terrestre por Costas ha dado la vuelta a la tortilla. De todas formas, esto es lo mejor para que dicho lugar no sea utilizado con fines especulativos y la posible cesión a nuestra Corporación será lo más apropiado. Como está en luna de miel con la Junta, todos, en teoría, saldremos ganando.
En este reportaje les contamos algo de su historia y de los puntos oscuros habidos desde que fue adquirida por el Consorcio Nacional Almadrabero.

    En el último pleno del año 92, el entonces alcalde, José Mier, dijo de sopetón: "Ah, y para que luego no digáis que no cuento nada, os puedo informar (a los concejales de la oposición, claro) que muy pronto se podrá proceder a la firma con el Ministerio de Defensa de la escritura de desafectación de Sancti-Petri". Esto ocurrió el 7 de julio del 93, poniéndolos a disposición de la Gerencia de Infraestructura.

Casi un año después sale publicado el edicto de reversión del poblado, siendo la única empresa expropiada Sancti-Petri S.A., a la que Defensa adquirió, a la fuerza, al estar dentro de la línea de tiro. Desde entonces, mucho se ha dicho y escrito sobre el poblado y el temor ha estado siempre presente, pues los buitres de la especulación han rondado por allí.

PENÍNSULA DE SANCTI-PETRI

    Esta península formaba parte de las tierras que eran de una antigua familia, los Cañizares. Se fueron segregando y vendiéndose por partes hasta que, casi por obligación, se vendió (¿o se regaló?) con dos fincas más al Consorcio Nacional Almadrabero por 225.000 ptas. Era el año 1929. El 23 de abril del 42 es nombrado alcalde de barrio de Santi-Petri Rafael Rupoldo Rivera, con lo que se le da un carácter de pedanía chiclanera.

 
DE MANCHON A POBLADO

    Cuando el Consorcio adquirió la península allí no había nada. Después se hicieron unas chabolas, se puso un botiquín, la casa de Obras Públicas y la de la almadraba, poco más. Era un terraplén. Años más tarde habría una tienda, La Pacífica, de Paco La Finca. El Consorcio, a través de Joaquín Pérez Lila, administrador de la empresa, construyó lo que después sería el poblado que hoy se cae a pedazos. Corría el año 1946. Las chabolas se convirtieron en viviendas dignas, las más grandes para las familias que estaban todo el año y las pequeñas (una habitación y la cocina) para los temporeros, que venían de Isla Cristina, Málaga, Almería...

    Al principio la factoría estaba en Gallineras, en la Isla. Pérez Lila hizo dos colegios para los hijos de los pescadores, una iglesia, un cine, un bar, la lonja del pescado y otros servicios. "Don Joaquín recuerda Antonio Fernández, que nació en septiembre del 43 en Sancti-Petri- trajo de Cádiz a Manuel Martín, un gran señor, que hizo a la mayoría de nosotros hombres de provecho".
 

CINCO MESES DE TRABAJO

    Los almadraberos comenzaban su temporada de trabajo el 19 de marzo (aproximadamente) y la finalizaban a principios de agosto. Venían de distintos lugares de Andalucía, sobre todo de las provincias de Cádiz y Huelva. Durante dos semanas se encargaban de preparar las redes y los barcos con los que irían a la pesca del atún en la almadraba. A principios de abril partían hacia dicho lugar, a calar. Entre cinco mil y treinta mil atunes se cogían por temporada.

En mayo llegaban los chanqueros, que eran los encargados de descuartizar los atunes para conserva, salarlos, sacar la mojama...  Su trabajo duraba   

un par de meses. En la fábrica se encargaban de hacer el resto. Esa parte de la plantilla tenía trabajo casi todo el año y estaba fija. Vivían unas cuatrocientas personas. Al final pasaban de las seiscientas.

ABURRIMIENTO

    Mientras los padres trabajaban en la almadraba o en la fábrica, sus hijos se aburrían como ostras (por cierto, ¿cómo se aburren éstas?) según el dicho. "Aquello era un infierno para un chiquillo -comenta Antonio- pues no había trabajo cuando eras mayor y sólo teníamos dos salidas: ir a pescar por allí cerca o marcharte. De pequeños jugábamos todo el día, pero tampoco era bueno no tercer nada que hacer. Cuando terminabas de estudiar no te contrataban y veías pasar los años sin hacer nada, sin oficio ni beneficio".

Todos los niños querían trabajar allí, pero era imposible entrar.

ESTUDIOS PAGADOS

    El Consorcio Almadrabero tenía como costumbre pagar los estudios a uno de los hijos de cada familia que trabajaba en el poblado: "Mi hermano estuvo en Sevilla y en los Salesianos en Cádiz, hasta que terminó el oficio. Sin embargo, yo me tuve que conformar con la escuela y después irme a Cádiz, a trabajar al Astillero", agrega Antonio.

 
AGUA RACIONADA

    A pesar de tener trabajo, la vida en Sancti-Petri no era de color de rosa: "El agua nos la daban con una ficha. Cada una era un cubo de agua para todo el día, gratis. Nos la daban de una fuente que había. Años después pusieron agua corriente y se acabó el racionamiento. Diez litros al día. Y el pan no lo ví hasta mediados de los años 50. La vida era dura en el pueblo".
    El cartero llevaba las cartas y el pan, en un carro. Era la fuente de información de lo que pasaba en Chiclana y casi se podría decir que en el mundo.

El sueldo de entonces era de treinta y cinco ptas. diarias, en los sesenta rondaba las sesenta ptas., con lo que cualquier familia de las que allí vivía poco podían hacer con esas cantidades. "Menos mal que no pagábamos luz, ni casa, porque entonces sí que habría sido una ruina", señala el nativo del poblado. Cuando se cerró la almadraba les echaron de Sancti-Petri y les dieron vivienda en la barriada de Fuente Amarga. Algunos no querían irse, pero les cortaron luz y agua y no les quedó más remedio que marcharse. El Consorcio no tuvo compasión. Había cobrado a Sancti-Petri S.A. y lo único que quería era olvidarse de una vez de la península.


PENA

    Ese es el sentimiento que tienen todos los que nacieron o vivieron en el poblado: "Hay veces que no me quiero acercar hasta aquí porque me trae buenos recuerdos de la infancia -comenta un pescador que está tejiendo sus redes- pero la necesidad me obliga a venir con frecuencia, pues tengo que llevar dinero a casa. Me da pena ver el poblado como está, aunque gracias a nosotros todavía hay casas en buenas condiciones, ya que las cuidamos y las usamos para guardar nuestras artes de pesca o para reunirnos los fines de semana y pasar buenos ratos".

    Antonio Fernández siente lo mismo y dice que "espero que Sancti-Petri sea para el pueblo, que no haya gente extraña haciendo cosas raras, sino que podamos venir cuando queramos y entrar". El sufrió, como muchos chiclaneros el cierre del paso al poblado. La cancela fue puesta por Sancti-Petri S.A. y el 30 de agosto del 78 se acordó en un pleno darle quince días para que retirase los candados que impedían el paso a las calles del poblado. El 24 de septiembre cientos de chiclaneros se encargaron de abrir el citado camino.

    HACER OTROS PRODUCTOS

    Cuando empezó a flojear la pesca del atún, se podían haber hecho otros productos para compensar el trabajo de la gente que allí estaba: "La empresa estaba muy bien montada, con maquinaria moderna traída de Japón. Juan A. Solán fue el culpable de muchas de las cosas que pasaron. Arruinó la de Punta Umbría, medio Barbate... Se podía haber conservado pimientos, tomates, porque había herramientas para hacerlo, no .sólo el pescado. Ese podría haber sido el trabajo del invierno en vez de comprar aparte chícharos, pimientos y tomates para las conservas. Un montón de chavales estábamos sin trabajo y podría haber sido una buena salida, además de haber sido más barato para la empresa".

    Según Fernández y otras personas que han trabajado allí, en la almadraba había trabajo y no se tenía que haber cerrado, porque Sancti-Petri es lugar de paso de los atunes que luego pescan en Conil o Barbate

CINE

    Antonio Yegua Carro vivió en Sancti-Petri treinta años. Vino de pequeño con sus padres desde Isla Cristina (Huelva) y cuatro hermanos. En la casa donde residían dormían todos juntos en una habitación, en una cama sus padres y en otras dos ellos, dos y tres respectivamente. La casa era pequeña y mientras las de los fijos tenían tres habitaciones, cocina y salón la suya constaba de una.

"Tenía catorce años, iba a la escuela durante la temporada que mi padre trabajaba. Ibamos y veníamos en barco. Para matar el tiempo mariscábamos (chocos, perrillos,berdigones)", comenta El Yegua, como es conocido.

    La vivienda todavía existe, aunque es difícil llegar hasta ella por los árboles y plantas que han crecido en el patio. Uno de sus mejores recuerdos es el cine: "Era una vez a la semana, al aire libre, al lado del club, con nuestras banquetas de corcho o de madera a cuestas, la tarde de los domingos. Ponían un telón. Era de los pocos momentos de diversión, salvo jugar, claro. No había nada". Después hicieron uno en condiciones, usado ahora por los pescadores para arreglar las redes y guardarlas.


COMIDA

    El pescado, como es lógico, es lo que más se consumía en las casas del poblado: "Nos regalaban melva, arcoriles, bonito, arcora... El atún había que comprarlo en la lonja, pero era barato". La picaresca también se utilizaba: "Las madres que trabajaban allí y tenían hijos pequeños, usaban el tener que darles de mamar para que las hijas

que se los llevaban, sacasen escondidos atunes. En el pañal donde iba el niño escondían un trozo, otras lo guardaban en el pecho".
    Había una hora para dar de mamar a los niños y como al salir las registraban, no les quedaba otra opción que esconderlo en lugares que no pudiesen encontrarlo: "Le decían a las hijas que liase mucho al niño, con la toquilla y otros vestidos. Después, en medio, iba el atún. La que registraba debía saberlo porque las niñas entraban llevando al niño con soltura y al salir casi no podían con él del pescado que portaban".
 
TERTULIAS

    En una época en la que no había de nada, salvo la radio y pocos tenían, una de las diversiones (que ya se está perdiendo) era la tertulia en el bar: "Allí nos reuníamos cada día y hablábamos de todo, aunque predominaba, como siempre, el fútbol y los toros, aparte de nuestro trabajo, claro, que era siempre de lo primero que comentábamos. En el poblado había poco que hacer y contar", señala Antonio Yegua.

    En el bar del club náutico "veíamos las corridas de toros y en el de Paco El de la Finca también. Recuerdo la expectación que había cuando toreaba El Cordobés. Aquello se llenaba hasta arriba". De todas formas, una de las primeras televisiones que hubo en Sancti-Petri fue la de su suegro: "En su casa veíamos las películas y el circo, otra cosa que nos gustaba mucho".

 

TRABAJAR MUCHO Y GANAR POCO

    Antes les contamos lo que se ganaba entonces trabajando allí. José Tinoco, presidente de la A. de VV. Fuente Amarga, presente en la charla y yerno de un trabajador del poblado, recuerda sus visitas a éste cuando iba a ver a su novia, hoy su mujer: "Yo venía de San Fernando, en autobús, que me costaba cuatro pesetas. La impresión que se veía y respiraba era la de trabajar mucho y cobrar poco. Era un pueblo de obreros para enriquecer a unos cuantos ricachones".

    "Lo normal era trabajar doce o catorce horas diarias, los fines de semana y festivos también, con el agravante de que un domingo te pagaban la mitad que un día normal en vez del doble. Era una explotación, pero no había otra cosa", comenta E/ Yegua.

PELÍCULAS

    En Sancti-Petri se rodaron varias películas y algunos participaron como extras en ellas. Antes de empezar este artículo visioné quizá la más famosa: La niña de la venta, con Lola Flores y Manolo Caracol. En ella se ve cómo era el poblado, el muelle, las casas, cómo se trabajaba, sus gentes... y también la plaza Mayor, empedrada, y una venta (el colegio Alameda), donde transcurre gran parte de la película. Sale también el Iro, la cárcel (donde meten a Caracol).

    Sin haber vivido o nacido allí me entró nostalgia, ya que el día antes había estado haciendo fotos. Es una pena que una barriada tan bonita se encuentre en ese estado. En muchas zonas parece Sarajevo o Chechenia. "Se armó un revuelo pues estuvieron bastante tiempo. También se rodó parte del Amor Brujo, aunque en la zona de La Ballena, y el resto se hizo en Cádiz", manifiestan.

 

ANDANDO A CHICLANA

    Cuando querían comprar ropa o algo que en el poblado no había tenían que acercarse a Chiclana. Los siete u ocho kilómetros que la separan obligaba a ir en autobús, bicicleta o andando: "No tenía todo el mundo dinero para el Canario y muchos iban andando, volviendo de la misma forma. En El Molino (cruce de la carretera de La Barrosa con la de Sancti-Petri) había una mujer, María, la madre de Diego Abad, que nos daba agua a los caminantes, que nos servía para aguantar hasta nuestras casas. ¡No sabes lo bien que nos sentaba!", comentan.


LIQUIDACIÓN DEL CONSORCIO

    El 18 de enero de 1973 el Consorcio Nacional Almadrabero decide liquidar la sociedad. La decisión se tomó en marzo del 72 tras un informe del delegado del Gobierno, Ignacio del Cuvillo y Merello. Esta disolución se acordó en Consejo de Ministros el mismo año. Según el informe, la deuda de la empresa el 31 de diciembre del 71 ascendía a 205 millones y ésta era con Banesto y el Banco de Vitoria. Un año después el único acreedor era el primero y el débito había subido hasta los 212 millones.

    La venta de 25.635 acciones del citado banco por algo más de 54 millones sirvió para que con cargo a esta suma, en cuenta especial, se pagasen las indemnizaciones al personal cesado, por el desalojo de las viviendas, anualidades a los jubilados por cese de sus pensiones voluntarias, comisiones e intereses bancarios, todo ello por un valor cercano a los 26 millones.

    También se liquidó la cuenta de crédito con el Banco de Vitoria de 28 millones y medio. El saldo a favor de Banesto después de todos los pagos fue de 190 millones. En el momento de la asamblea los gastos mensuales del Consorcio en Sancti-Petri eran de 547.000 ptas.

OFERTAS DE COMPRA

    El 16 de octubre del 72, José Vázquez Sáez, industrial chiclanero, hace una oferta de compra de la factoría de Sancti-Petri en representación de un grupo de inversores por algo más de cuarenta millones, quedando excluida la maquinaria. El pago era al contado en la oficina de Banesto en Chiclana. A la vez solicitó información sobre el resto de fincas para hacer otras ofertas.

    "Deseo que tengan en cuenta mi calidad de chiclanero empeñado en el engrandecimiento de mi pueblo, deseando servirle para que se pueda desarrollar lo más rápido posible en la creación de puestos de trabajo para cubrir el vacío que con la desaparición de esa factoría tenemos. Queremos que la vida que le han dado durante medio siglo a esta zona no se desvíe hacia otro lugar", decía Vázquez en el escrito enviado.

    La comisión liquidadora, formada por miembros de Banesto y el delegado del Gobierno, decidió no convocar una subasta pública como era preceptivo, sino que solicitó a los directores de la sucursales de Banesto en las localidades donde el Consorcio tenía bienes inmuebles, que les indicaran el posible valor de las mismas.

    Hubo varias ofertas más y la comisión procuró que ninguno de los licitadores contactaran entre sí, silenciando el nombre de los mismos, limitándose a decir a cada oferta presentada que existían otras superiores y que deberían mejorar las posturas. Había varios postores, uno de ellos extranjero. Alguno ofrece más de cien millones y la comisión decide que para quedarse con Sancti-Petri hay que hacerlo también con el solar madrileño de la calle Bocángel, propiedad del Consorcio, ofertando entonces alguno más de 115 millones.

 

POLÉMICA

    Finalmente quedan sólo dos grupos ofertantes y ambos son convocados en las oficinas del Consorcio para que pujen. Uno lo hace por más de 165 millones y otro no llega a los 160. La polémica surge cuando se le adjudica a la empresa que ofertó la menor cantidad alegando unas supuestas mejores garantías de cumplimiento. La protesta de los que habían hecho una oferta mayor no sirvieron de nada, por lo que tuvieron que recurrir al Consorcio.

SUBASTA

    Los propietarios del poblado deciden entonces celebrar una subasta de sus bienes (pueblo y solar madrileño) ante el notario Félix Pastor. Todo en un lote y el mínimo era de 160 millones. Había que hacer un depósito previo del 10% según contó a PUENTE CHICO José Vázquez, y el precio de la adjudicación tenía que ser abonado dentro de las veinticuatro horas siguientes. Sin embargo, la subasta sólo tuvo un postor, Fomento Centauro S.A., ya que cuando el empresario chiclanero se personó en las oficinas centrales de Banesto en Madrid, con los dieciséis millones correspondientes al 10%, le dijeron que "no me lo aceptaban porque no tenían garantías suficientes de pago, lo que me sorprende enormemente ya que no se entiende que digan eso cuando llevo los dieciséis millones y el resto sería entregado en el plazo previsto".

    Las explicaciones y garantías ofrecidas por Vázquez de nada sirvieron y se tuvo que retirar de la subasta. ¿Por qué no valía el dinero de éste y sí el de Centauro? Pues porque en esta última había personas muy importantes detrás. El consejero era Max Maxín Brodovka (al que se le relacionó con la Masonería) y los vocales, entre otros, eran Juan Arespacochaga y Felipe (exalcalde de Madrid y Senador) y Rafael Pérez Escolar, vinculado a Banesto e involucrado años después por el escándalo de Mario Conde.

    Uno de los socios era de Banesto y los tres liquidadores pertenecían también a esta entidad, por lo que es fácil adivinar por qué una oferta tenía garantías y la otra no.

 

DENUNCIA JUDICIAL

    José Vázquez presentó un requerimiento contra el Consorcio Almadrabero en mayo del 93, no recibiendo respuesta, escribiendo cartas al ministro de Hacienda, Espinosa Sanmartín, y al presidente del Gobierno, Luis Carrero Blanco. Tampoco contestaron.

    La única salida que le quedaba era una querella contra el Consorcio. En el acto de conciliación, juzgado n° 20 de Madrid, 11 de septiembre del 73, Vázquez pedía a la empresa el reconocimiento de la oferta de 167 millones, pidiendo la adjudicación a nombre del industrial de nuestra ciudad. El Consorcio no apareció.

AMENAZAS

    Aunque no dice por quién, Vázquez sí reconoce que fue amenazado: "En principio tenía intención de seguir adelante, pero desistí porque ví cosas raras y me dio miedo de lo que me pudieran hacer, por lo que regresé a Chiclana y no he vuelto a reivindicar la compra del poblado". Esto no los contó en noviembre del 94.


   
La empresa que pujaba con Vázquez era londinense y el proyecto que querían llevar a cabo era la construcción de un hotel al lado de Popeye, donde estaba el pozo que suministraba agua al poblado y la mitad de los beneficios serían para el promotor local. Recompondrían o remodelarían el poblado, en la fábrica pensaban hacer un hotel de cinco estrellas y remodelarían todas las casas, unas cuatrocientas, para venderlas posteriormente por millón y medio cada una. La idea era que continuase siendo pueblo pesquero, pero con hotel y arreglando el muelle. Las viviendas querían que fuesen para gente de clase media.

 

"ME ROBARON SANCTI-PETRI"

    Lo que si está claro es que tras la compra de Sancti-Petri hubo puntos oscuros y veintiséis años después todavía sigue igual.

    Decía José Vázquez a este medio que "me robaron Sancti-Petri, pero creo que tampoco será de ellos a pesar del poder que faenen y que me hicieron echarme atrás. Estoy a favor de que el poblado pase a pertenecer a Chiclana y que los intentos de sus antiguos dueños sean en vano, ya que han ganado bastante con la expropiación". Pues no, todavía pueden ganar más, pues aun teniendo que devolver a Defensa lo que ésta les pagó cuando fueron expropiados (158.644.626 ptas.) tendrían un superávit de más de doscientos millones si la ley les reconoce el derecho de reversión y les tienen que pagar por quedarse Costas con el poblado alrededor de 400 millones.

    Compraron el poblado casi gratis y un buen pellizco se han de llevar todavía. Sancti-Petri S.A. fue la que compró, ha desaparecido pero sigue Fomento Centauró, que son los mismos dueños, por lo que no está acabado este asunto todavía. La alianza de Costas, el Ayuntamiento y la Junta puede propiciar que en dos o tres años quede zanjado de una vez.

CRONOLOGIA DEL POBLADO

      En el 73 se hace la escritura a favor de Sancti-Petri S.A. como dueña de la península al adquirirla mediante subasta al Consorcio Almadrabero por 25 millones, más otros sesenta por los bienes muebles existentes. También pasaron a su poder tres concesiones sobre la zona marítimo terrestre de 1930, 1945 y 1953. El 16 de enero del 75 se firma un decreto (70/75) que delimita la zona de seguridad y protección de los polígonos La Costilla y González Hontoria.

   Un mes después, se acuerda en pleno interponer recurso de reposición contra dicho decreto en unión de otros ayuntamientos y particulares afectados.

Se presentó ante la presidencia del Gobierno el 27 de febrero de ese año. El 17 de octubre el Gobierno Civil comunica que la realización de prácticas de munición del carro de combate AMX-30 en la playa de La Barrosa y el 24 el Ayuntamiento manifiesta la inconveniencia de dicha prueba.
    En junio del 78 hay una reunión entre el alcalde de Chiclana. Antonio Martínez Navarrete, con un jefe de Marina, que le comunica la intención de adquirir el poblado por parte del Ministerio del Ejército. El 1 de julio envían telegramas al presidente del Gobierno, vicepresidente, Gobernador Civil, mostrando su disconformidad con esa intención de comprar el poblado. Poco después se declaran las calles de la Barriada de Sancti-Petri vías públicas según varias sentencias del Tribunal Supremo.
 


CANCELAS

    Poco después se pide que se quiten las cancelas que impiden el paso, se hace una
manifestación en la caseta municipal (13, y el 24 de septiembre muchos chiclaneros acaban con las trabas que había y se accede al pueblo sin ningún problema). En junio del 79 Defensa da una orden declarando de urgencia la adquisición de Sancti-Petri por ser terrenos afectados por la línea de tiro. Los recursos municipales de nada sirvieron y el 20 de junio del 79 se procede a la ocupación y pago de la finca a Sancti-Petri S.A. por algo más de 158 millones. Hubo más recursos siendo alcalde Agustín Herrero, pero nada.

    El capitán general de la Zona M. del Estrecho autoriza de forma provisional y sin ningún compromiso, el 21 de febrero del 83, el uso de dos barracones para almacenar redes. Siendo alcalde José Mier se anunciaron grandes inversiones, 300 millones para rehabilitar el poblado tras una reunión con la Junta de Andalucía. Había otros quince para arreglar el muelle. Como se puede ver con sólo acercarse hasta allí, o viendo las fotos, los trescientos millones prometidos no se gastaron, entre otras cosas el poblado todavía propiedad del Ayuntamiento. Pepe Mier, Pepe Mier, qué te gustaban los faroles. Eso sí, gracias a ellos ha terminado de delegado provincial de Obras Públicas.

    ¿Qué pasará con Sancti-Petri? No lo sabemos. Esperemos que cuando se haga algo no se especule y el poblado se convierta en una barriada o zona más de Chiclana, para usos sociales, y que los pescadores que llevan toda la vida allí no se tengan que marchar. Ya queda poco (eso dice el alcalde) para que se resuelva el problema. Que sea. 


RAMON F. MER
AYO