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Avanzamos un poco, que no es
poco (ni mucho)
Cuando en cierto modo cambia de actitud una voz larga y sostenidamente
crítica en lo tocante a la cultura, algunos se afanan en adivinarle
mordaza a la boca. Barato, barato, como dicen los paisas del norte del
Sur, escaso valor (por lo del precio y la venta supuesta, mejor para eso
un regalo) parece tener uno de pronto; escaso también el otro valor, el de
la valentía. Pero no sólo las bocas padecen la mordaza. Si la venda se
desplaza hacia los ojos, también puede quedar amordazada la mirada. Y no
siempre de los ojos vendados resulta la justicia, peligrosa alegoría. Con
frecuencia, de ellos brota sólo la ceguera, sus consecuencias injustas
también, sus terribles consecuencias tantas veces.
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En resumen: no se puede hacer el mismo
discurso acerca de la Cultura en Chiclana hoy que hace, por ejemplo, diez
años o bastante menos todavía. La cosa ha cambiado no poco, y aunque
siempre queden lejos, inalcanzablemente lejos, las metas en estas cosas de
la Cultura (insaciable necesidad, pendiente siempre de satisfacer),
estamos en camino como nunca, y en este caminar se han alcanzado algunas
metas volantes, que no es mucho aún, pero ya va siendo algo, y algo
también, si ustedes quieren, se nota. DEMASIADOS AÑOS DE DESIERTO CULTURAL Si
alguna vez califiqué de desierto cultural al estado de la cultura en
Chiclana, no sería justo sostener lo mismo, frutos
(consumibles/consumidos) al margen, ante los esfuerzos actuales, en muchas
direcciones y ofrecidos desde muy diversos ámbitos, por cambiar a mejor la
situación. Lo que ocurre, y ya lo dijimos en éstas y otras páginas
muchísimas veces, es que la costumbre se instala en nosotros y se adueña
de nosotros como una segunda naturaleza difícilmente sacudible de encima.
Han sido demasiados años de desierto cultural y no se pasa así como así,
de un día para otro, del desierto de la tierra hostil, por inculta, al
Edén (en este caso ni siquiera Paraíso Perdido) pese a los callos de
huerto que le echemos al jardín encima.
Tampoco son estáticos los desiertos y nuestro
desierto cultural avanzó lo suyo provocando, a su paso, la desertización
de tierras posiblemente fértiles. Hay cosas que ya no sabremos nunca. Pero
me dice mi amigo Paco que mire hacia delante y le cuente perspectivas de
lo porvenir. Entonces uno, que no es adivino sin torpeza, se atiene a lo
que sabe y constata sin apenas comentario lo siguiente: cada vez quedan
más lejos aquellos vacíos casi totales que acompañaban a ciertos
espectáculos en el Teatro Moderno. Y esto parece indicar que vamos
yendo por el buen camino, aunque quede tanto, tantísimo por hacer, que ya
dijimos. LA CULTURA, ALIMENTO NECESARIO DE CADA DIA
Pero la cultura no es sólo ese espectáculo al
que un día llamé la guinda de la tarta (a veces sin tarta), sino ese
alimento, otro, necesario de cada día. Y eso se llama Asociaciones de
Vecinos, Centro de Adultos, colegios, institutos, talleres y cursos en la
Casa de Cultura. O sea, que las cosas cambian y nuestra palabra tiene que
aportar su grano de arena al mejor de los rumbos en lugar de, inalterable,
anclarnos en un tiempo pasado que no fue, ni de lejos, mejor.
Queda mucho por hacer, luego hagamos. También
con la palabra. Y no hacen quienes, hartos de reivindicar en aquella
intemperie física y metafísica el Teatro, no lo frecuenta ahora que
pueden. Prefiero al crítico de entonces que hoy con su presencia, incluso
con su presencia crítica, lo apoya. Paco López, por ejemplo. Y hay
otros. Otros ejemplos, digo, no otros Pacos López, líbrenos Dios,
tranquilos todos. JESÚS ROMERO
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