La enseñanza está en pie de guerra

Avanzamos un poco, que no es poco (ni mucho)

   Cuando en cierto modo cambia de actitud una voz larga y sostenidamente crítica en lo tocante a la cultura, algunos se afanan en adivinarle mordaza a la boca. Barato, barato, como dicen los paisas del norte del Sur, escaso valor (por lo del precio y la venta supuesta, mejor para eso un regalo) parece tener uno de pronto; escaso también el otro valor, el de la valentía. Pero no sólo las bocas padecen la mordaza. Si la venda se desplaza hacia los ojos, también puede quedar amordazada la mirada. Y no siempre de los ojos vendados resulta la justicia, peligrosa alegoría. Con frecuencia, de ellos brota sólo la ceguera, sus consecuencias injustas también, sus terribles consecuencias tantas veces.

 

     A la permanencia inalterable del discurso la califican muchos de coherencia pertinaz, de firme fidelidad a los principios. Y si los principios, tan platónicos, son inmutables, la realidad, tan aristotélica, se mueve que no para. Las cosas así no encajan. No, por lo menos, las palabras y las cosas. Me explico. Que sea dinámica la realidad es cosa que, sin venda en los ojos, hoy nadie niega. La inalterabilidad del discurso resulta ser entonces no virtud conforme a principios, sino obstinación absurda, fidelidad a la letra y traición al espíritu, cabezonería ciega de palabra despegada de las cosas, discurso que, por inmutable, no se ajusta al dinamismo propio de la realidad y deviene palabra hueca inoperante sobre ella.

   En resumen: no se puede hacer el mismo discurso acerca de la Cultura en Chiclana hoy que hace, por ejemplo, diez años o bastante menos todavía. La cosa ha cambiado no poco, y aunque siempre queden lejos, inalcanzablemente lejos, las metas en estas cosas de la Cultura (insaciable necesidad, pendiente siempre de satisfacer), estamos en camino como nunca, y en este caminar se han alcanzado algunas metas volantes, que no es mucho aún, pero ya va siendo algo, y algo también, si ustedes quieren, se nota.

DEMASIADOS AÑOS DE DESIERTO CULTURAL

   Si alguna vez califiqué de desierto cultural al estado de la cultura en Chiclana, no sería justo sostener lo mismo, frutos (consumibles/consumidos) al margen, ante los esfuerzos actuales, en muchas direcciones y ofrecidos desde muy diversos ámbitos, por cambiar a mejor la situación. Lo que ocurre, y ya lo dijimos en éstas y otras páginas muchísimas veces, es que la costumbre se instala en nosotros y se adueña de nosotros como una segunda naturaleza difícilmente sacudible de encima. Han sido demasiados años de desierto cultural y no se pasa así como así, de un día para otro, del desierto de la tierra hostil, por inculta, al Edén (en este caso ni siquiera Paraíso Perdido) pese a los callos de huerto que le echemos al jardín encima.

   Tampoco son estáticos los desiertos y nuestro desierto cultural avanzó lo suyo provocando, a su paso, la desertización de tierras posiblemente fértiles. Hay cosas que ya no sabremos nunca. Pero me dice mi amigo Paco que mire hacia delante y le cuente perspectivas de lo porvenir. Entonces uno, que no es adivino sin torpeza, se atiene a lo que sabe y constata sin apenas comentario lo siguiente: cada vez quedan más lejos aquellos vacíos casi totales que acompañaban a ciertos espectáculos en el Teatro Moderno. Y esto parece indicar que vamos yendo por el buen camino, aunque quede tanto, tantísimo por hacer, que ya dijimos.

LA CULTURA, ALIMENTO NECESARIO DE CADA DIA

   Pero la cultura no es sólo ese espectáculo al que un día llamé la guinda de la tarta (a veces sin tarta), sino ese alimento, otro, necesario de cada día. Y eso se llama Asociaciones de Vecinos, Centro de Adultos, colegios, institutos, talleres y cursos en la Casa de Cultura. O sea, que las cosas cambian y nuestra palabra tiene que aportar su grano de arena al mejor de los rumbos en lugar de, inalterable, anclarnos en un tiempo pasado que no fue, ni de lejos, mejor.

   Queda mucho por hacer, luego hagamos. También con la palabra. Y no hacen quienes, hartos de reivindicar en aquella intemperie física y metafísica el Teatro, no lo frecuenta ahora que pueden. Prefiero al crítico de entonces que hoy con su presencia, incluso con su presencia crítica, lo apoya. Paco López, por ejemplo. Y hay otros. Otros ejemplos, digo, no otros Pacos López, líbrenos Dios, tranquilos todos.

JESÚS ROMERO

 

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