¿De verdad han pasado diez años ?
Corría el año 1990 y hacía poco más de dos que el Sr. concejal del PSOE, Don Pedro Quiñones, me había quitado Radio Chiclana. El trabajo de muchos años, la ilusión, el diseño personal de un proyecto que con mucho esfuerzo había conseguido hacer viable, desaparecía por arte de birlibirloque. Ahora su dueño era quién no había hecho nada para merecerla. Eran, al igual que la Duquesa de Alba, dueños por derechos de conquista. La dictadura del poderse imponía: ¡Queda confiscada la radio para que sólo diga lo que nosotros querernos!.
Quienes se habían llevado cuarenta años durmiendo la siesta y diez haciéndonos creer que eran los paladines de la libertad, acababan de un plumazo con la libertad de expresión de Chiclana.
No paraba de darle vueltas.¿Existiría algún resquicio por el que poder colar la voz de los sin voz? ¿Siempre va a poder Goliat con David?. La historia nos cuenta como, a veces, el pueblo ha podido con el poderoso, aunque otras se muera en la cama y con el pueblo compungido haciendo cola para despedirlo.
En Chiclana el poder era muy fuerte -y ahora lo es aún más- pero se hacía necesario intentar crear algo para permitir a las generaciones futuras la posibilidad de conocer una realidad diferente a la oficial. La historia siempre ha sido contada por los vencedores, por el poder, ¿podríamos cambiar y por una vez que sea el pueblo quien la cuente?.
PUENTE ENTRE EL PRESENTE Y EL FUTURO
Ese era el reto. La necesidad de crear un puente entre el presente y el futuro era cada vez más fuerte. Unas veces charlando con unos, otras contactando con otros, otras convenciendo a los indecisos, poco a poco el puente fue tomando forma, aunque fuera un PUENTE CHICO, pero tenía dos poderosos pilares en los que se asentaba: la honradez y la verdad.
Esto fue hace diez arios. Cuando acudimos al Gobierno Civil para registrar el primer ejemplar, la funcionaria, una matrona herencia del franquismo, no se mostró muy receptiva: Mirad muchachos, no hagáis trabajar sin necesidad, estas revistas no llegan más allá del número tres o cuatro, si conseguís durar más de tres meses, os pasáis por aquí y os relleno los papeles.
Pues mire Ud. señora, aquí la tiene, con ciento veinte meses recién cumplidos y con más ganas que nunca de seguir fieles a nuestro primer eslogan: contar aquello que nadie cuenta.En estos diez años, la niña, aunque no ha colmado todas mis expectativas (desde hace cuatro o cinco años me encuentro alejado de ella), me ha dado más satisfacciones que disgustos. Alegría al ver cómo hacía públicos chanchullos que, sin su presencia, nunca hubiéramos conocido, cómo destapaba abusos del poder y posibilitaba que la próxima vez se lo pensaran mejor, cómo impedía ilegalidades y atropellos contra el pueblo de Chiclana y cómo, a pesar de haberlo intentado mil veces, ni Quiñones ni ninguno de los poderosos de este pueblo, han logrado acabar con ella... Por ahora.
TOMAS GUTIERREZvolver