ENTREVISTA APÓCRIFA
Declaraciones exclusivas de Francisco Montes, Paquíro: A ver a me arreglan el pedestal
Subido en un pedestal desde el que domina la Plaza de España, imperturbable ante las circunstancias -solo o rodeado de jóvenes, con frío o calor, con sol o con lluvia- se siente muy por encima de todo lo que le rodea. Francisco Montes Reina, Paquiro, desde su pétrea serenidad, nos concedió la siguiente entrevista.
-Maestro, Ud. que vio tantas veces de cerca a la Parca ¿cómo ve ahora a los vulgares mortales desde su altura?
-Con urca gran tranquilidad. Mi vida, como sabes no fue una balsa de aceite; la realidad es que viví profundamente y ahora, desde mi paz, observo el siglo XX con sus ambiciones y sus prisas, lo que no deja de producirme una mezcla de pena y risa.-¿Cómo le va en su nueva situación?
-Bien, pero aburrido. Me iba más la marcha de ahí abajo. ¡Ah!, si viviera ahora tendría a Espartaco de banderillero, Si no fuera por las tertulias con Pedro Romero, Joselito,El Guerra, Bien venida, Redondo y ahora con Marcial Lalanda, esto sería un muermo. Te lo digo confidencialmente,
pero por aquí arriba no se ve muy bien eso de retar a un toro haciéndole sufrir.
-¿Qué le parece el monumento que le han levantado sus paisanos?
-Da el pego ¿verdad?. Nadie diría que está hecho con un material de esos raros que tenéis ahora, parece bronce o piedra. Me gusta. Por cierto, ya le han pagado al escultor ¿no?, pobre hombre, la de vueltas que tuvo que dar al Ayuntamiento para que le dieran su dinero.
-¿Y el emplazamiento?
-No está mal. Es la entrada del pueblo y eso da importancia. Además, de noche me siento muy acompañado; esa moda tonta de beber en la calle aunque caiga un relentazo que te ablanda la cabeza, me permite conocer un poco más el mundo de hoy sus costumbres. Lo malo es que a veces vienen gamberros y amanezco con alguna decoración de más.
-¿Se llevó muchos recuerdos de su estancia con nosotros?
-Bueno, con vosotros, no, sería con vuestros tatarabuelos. Pues sí, muchos e importantes. Recuerda que en Madrid yo era la moda y en mi época el torero más importante. Implanté el traje de luces y la montera se llama así por mi apellido: Montes. Todavía mi Tauromaquia no ha sido superada como libro del arte de torear. Viví muy intensamente y eso, seguro, deja huella.
-¿Se ha vuelto a encontrar con Isabel II?
-Pues sí, alguna vez. Pero recuerda que aquí las cosas son diferentes. Lo que nos queda de nuestra relación en la Tierra es una amistad entrañable y en Isabel la pena de no haberme hecho conde antes de mi muerte.
-Ya para terminar ¿hay algo que quisiera decir y no ha tenido ocasión en la entrevista?
-Dos cosas: la primera, mi agradecimiento al sr. Vázquez por el libro que ha editado sobre mi. No está completo al cien por cien, pero se nota el gran interés y cariño puestos en su elaboración. La segunda, una llamada a quién corresponda para que me arreglen el pedestal. Las cosas hay que crearlas y cuidarlas. Se hace una estatua, se celebra tanta fiesta de inauguración para que se luzca el preboste de turno y se olvida de ella. Así se ven las estatuas que se ven, llenas de cagaditas de pájaros y abandonadas. Repito, a ver si me arreglan el pedestal.
MARTIN GALA
(Fue publicada en el N° 1, enero del 91).
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