SOBREVIVIENDO
(que no es poco)

    Cuando apareció el primer número de PUENTE CHICO, colaboraba yo entonces con la hoy extinguida revista El Trovador y el nacimiento de una nueva revista local (entonces El Trovador era voz única y sin alternativa alguna) levantó ciertas inquietudes. No tardamos, de todas formas, en constatar la realidad :PUENTE CHICO venía con ganas de jaleo, con muchas ganas de hacer ruido y de proponer formas diferentes de entender el periodismo local. Detrás de la revista, unos amigos: un grupo de gente curiosa, heterogénea y abigarrada que, en el fondo, no tardaba demasiado en ponerse de acuerdo. Luego, las cosas no tardaron en tomar cauce: Paco López aprovechó que me encontró en una caseta de feria para emborracharme y encasquetarme una sección en su revista.El Trovador ya

había cerrado (o estaba a punto de hacerlo). Eran momentos duros para un escritorzuelo de puebloque rebosaba vocación: apenas había medios escritos donde publicar, una delegación local de Diario de Cádiz de mucho más endeble infraestructura que ahora, rutinaria movida cultural, sequía de publicaciones... Cuando uno no tenía donde caerse muerto (o sea, dejar caer muertos sus escritos) PUENTE CHICO supuso un balón de oxígeno, un páramo de libertad donde pude publicar durante algunos actos todo lo que quise: doy fe de ello, JAMAS Paco censuró o puso impedimentos a una sola de las palabras que le entregaba (incluso cuando estaba en desacuerdo con mis artículos que, créanme, no era en pocas ocasiones). Pero no sólo era trato especial a mi persona: las páginas de la revista han estado siempre abiertas a cualquiera que tratara de colaborar o tuviera algo que expresar en público, incluso a sus pretendidos enemigos. A veces, cuando ningún medio de comunicación se atrevía a hacer caso o hundirse en problemas serios, escándalos terribles o delitos flagrantes, la revista estaba ahí. A veces descuidando el fondo verdadero de las cosas y revolcándose en la anécdota o las ramas, pero ahí. A menudo desorientada, pero ahí. Sin vacilar.


MOSCA COJONERA

   
A PUENTE CHICO le han inventado miles de oscuros padrinos, ya partidos, ya personas. Pero a todas las conspiraciones ha sobrevivido con sorprendente habilidad y todos los medios que le han atacado abiertamente (recuerdo el Chiclana Información o el mismísimo Trovador) han caído en el camino. Pero PUENTE CHICO sobrevive, y lo hace porque tiene lectores fieles. Lectores que lo mantienen vivito y coleando. Muchos son, a la vez, imprescindibles informadores. Hay ciertas cosas que nadie se atreve a denunciar ante otro medio, salvo en PUENTE CHICO. De ahí su longevidad. Algunos, por el contrario, acusan a PUENTE CHICO de ser tendencioso y demasiado apasionado, pero en tiempos de objetividad malentendida, escribas a dictado, información "políticamente correcta", propaganda triunfalista y escalofriante censura (tan disimulada y sutil como desaforada e implacable) revistas como éstas y modos de hacer como los del irremplazable (personal e intransferible) señor Merayo, se nos antoja necesaria, sana, divertida. Una mosca cojonera. Una piedra en la babucha. Una llaguita en la gran boca enorme del poder. Y eso, al menos para romper la rutina democrática de la vida municipal, a todos nos debe sentar bien. Lo contrario es el aburrimiento, y de ahí viene el hastío y finalmente la desidia. Y de ahí al totalitarismo sólo queda ya un paso.

    Paco, picha, que cumplas muchos más.


MIGUEL A. GARCIA ARGÜEZ

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