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Arde Gadir


La Cuesta de Jabonería


Los hijos del lama


Los yestarday


Los Musiquita


Los Pofecionales

FALLA 99

Crítica Mediocre Para Un Concurso Mediocre

 

Lo que son las cosas. Una de las pruebas definitivas de que el concurso de agrupaciones está dejando de ser algo genuino y auténtico es que está comenzando a funcionar a base de tópicos y mentirijillas difundidos a través de los nuevos dueños del Falla: los medios de comunicación (con la televisión a la cabeza). Bueno, pues este año, el gran tópico ha sido decir que el nivel ha sido, sobre todo en chirigotas, tan competitivo y trascendente que no ha sido posible emitir un fallo definitivo sin cometer, al menos, varias injusticias. Las injusticias parecen haberse cometido, claro, pero de que el nivel ha sido alto, ni hablar, colega. Y cierto es que ha sido difícil para el jurado y para cualquier quinielista de a pie decidir quién pasaba a la Final, pero esto no demuestra que el nivel haya sido alto, sino todo lo contrario, es decir, absolutamente mediocre. Mediocre porque la lista de presuntas agrupaciones punteras era una amalgama uniforme de donde muy poco sobresalía, mediocre porque no hemos contado con casi ninguna agradable sorpresa, mediocre porque los malos han sido un poquito más buenos y los buenos un poco más malos. Porque ha estirado el cuello aquel con quien no se contaba y ha agachado la cabeza el que siempre ha destacado. Porque hemos encontrado mucha menos diferencia entre lo que siempre ha sido previsible y lo que siempre esperamos. Y por eso este breve articulito no va a tratar sobre todas las agrupaciones de las que se supone que debería hablar sino exclusivamente de aquellas que, por una u otra causa, me han parecido sobresalir de esa masa grisácea y decepcionante que ha sido para mí el concurso oficial de agrupaciones del Carnaval 99. Y lo demás, créanme lo que les digo, son sólo tópicos.

En CUARTETOS todo ha sido tal y como esperábamos: P.C.C. “Los pejigueras” sigue siendo quien marca los derroteros del cuarteto: la gente tiende a olvidar rápidamente y ahora desde hace unos años todos aceptan la resurrección de la modalidad. Pero no nos engañemos: sino fuera por el ingenio de Luque y la frescura escénica (cada año con más dominio del escenario) de Fernando y compañía el cuarteto sería ya cadáver, o en coma, a esperas quizás sólo de que el Gómez decida darse una vuelta por el teatro. Este año, como el anterior y esperemos que el siguiente, estos chicos son exclusivamente la modalidad, y además cada año manejándose mejor por el escenario (aún recuerdo aquel tímido y titubeante Aladín a la taza) y con una apabullante confianza en sí mismos. Muy bien. De la chulería de la penalización ni hablo, porque para eso habría que ponerse a rajar del reglamento y eso es algo tan evidente que no merece ni mayor comentario.

En COROS (este año, la modalidad menos imaginativa) la cosa ha sido tan mediocre que ya ven quién ha llegado al segundo premio. Si leen esta crónica todos los años, ya sabrán que de los coros a mí sólo me gustan los tangos (lo demás es casi siempre prescindible). Pues ya me dirán qué tango hemos oído este año al que no haya pega que ponerle: el de La Cuesta de Jabonería no era nada malo, pero esos pianos tan exagerados producían, me temo, el efecto contrario al pretendido: mataban la música y le hacían perder bastante chispa. Aún así, no creo injusto su triunfo. Estamos ante un coro que comienza a aportar cierta frescura, revalidando las expectativas creadas el año pasado. Ningún otro tango merece quizás mención. Sí los cuplés de La Prevención, quizás no conseguidos del todo pero muy bien diseñados y el cacareado popurrit de El gramófono, que me gustó mucho la primera vez que lo oí (la segunda no tanto). La conquista debería haber pasado a semifinales. Creo.

En COMPARSAS la cosa estaba más bien clara: Los templarios fueron vencidos por Los piratas. Los musiquitas por El cielo de Cádiz y Quiñones por La Parra Bomba. Pero dijimos que íbamos a hablar de lo que destaca, y lo que destaca es la musicalidad del pasodoble de Los templarios (para mi gusto junto con la letra desapercibida que cantaron en el primer pase -sí, la de los castillos-) y la primera parte de su popurrit. De Los musiquita lo destaco todo. Sé que no han sido comprendidos, que Tino ha apostado valientemente por evitar el autoplagio tratando de no echar

mano de nuevo del gaditanismo añejo que había desarrollado hasta ahora para exponer su frescura: y eso le ha costado caro. El popurrit es magnífico y la música de sus pasodobles se me antoja como la más depurada y bien construida expresión de lo que ha hecho hasta ahora: qué suavidad, qué maravillosos arreglos de guitarra (sin pedantes punteos horrorosos) y qué gusto de toque de caja (hoy por hoy ese chico es quizás mi cajista preferido). Las voces inmejorables. Las letras en el correcto nivel que de costumbre (no pidamos tampoco peras al olmo). El grupo muy trabajador, entregado y versátil... en fin, que se me sigue viendo el plumero: son los mejores. Pero, hijo, este año se les ha cuestionado más que nunca. Qué les vamos a hacer. Adelante. Suma y sigue. Despacito y buena letra. Todo llegará. Por lo demás, cariñosa mención a Los cantamañanas, Las criticonas y Los tiburones.

Y en chirigotas destaco Los hijos del Lama (aunque, ni de coña, tienen la frescura de otros años, cuando jugaban con la modestia de su parte y llegaban fácilmente a mi corazón). Este año les sobran voces y les faltan letras. Las belloteras (sin duda el gran cajonazo, otra vez). Si otros años ya tenían mis preferencias, ya me dirán ustedes este año, que han venido más completos que casi nunca. En fin, espero que esos rumores de separación sean, definitivamente, mentira. Lo de siempre con Los pofesionales, Los Panchitos, El Séptimo de Caballería, Los rebañaores de ollas, Los pulicías y algunas más. Y una mención también especial para los este año realmente divertidos Makeijan y para los siempre comprometidos La familia bien, gracias.

Destacar, claro, por obvios motivos chouvinistas, la actuación de las agrupaciones chiclaneras adultas (siento no poder asistir a los juveniles): El centinela, fiel a su habitual línea (cada vez cantan mejor) que tan buenos resultados les dio el año pasado. El bibliotecario, con un digno repertorio y un buen grupo para el futuro (si buscan a otro pájaro con más talento para que les ayude a terminar un popurrit menos cutre que el de este año). Y Los viejos rebotaos, debutando en el teatro con seguridad y pisando decididamente fuerte. A mí, francamente, a pesar de su innegable buen hacer, ninguna de las tres me gustó demasiado, la verdad, pero es que a mí, de las agrupaciones de Chiclana no me gusta ninguna. Ni la mía. De todas formas, la juventud en el pueblo está lejos de hacer el ridículo en el Falla, y eso es algo ya, hoy por hoy, digno de toda alabanza. Las cosas como son.

Y ya no me queda más de que hablar. Porque ¿qué les digo yo de Los Yesterday? ¿cómo explico las eufóricas sensaciones que sus actuaciones han producido en mi pobrecita mente de alucinado? Todos los años me deshago en parabienes hacia Juan Carlos, el más completo autor del momento, uno de los músicos más hábiles y arriesgados, el más talentoso e inteligente letrista de la década (que es como decir de la historia), en fin... esta agrupación no tiene nada que ver con ninguna otra. No hay rival. No hay color. No hay competencia. Por eso les hablaba al principio de lo de la medianía del nivel. Y es que, al lado de repertorios como el de Los Yesterday, todo un concurso (más de cien agrupaciones, veintitantos días de cante y reventa, que se dice pronto) se convierte en algo ordinario, estúpido, insípiso, insulso... es decir, mediocre.

REGOLFO

     

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