Lluis Llach nos ofreció un gran concierto

Lluis Llach, un trovador para un pueblo

Con un Teatro Moderno abarrotado, el mes pasado ofreció un memorable concierto el cantautor catalán Lluis Llach. Acompañado de una excelente banda de músicos, fue desgranando las composiciones de su último disco, Jocs (Juegos), que alternó con otras de su extenso repertorio.

 

   Las expectativas eran muy grandes y no defraudó. Con una voz para la que parece no pasar el tiempo, y teniendo como complemento a una fenomenal cantante, Odette, Lluis Llach hizo un repaso a su discografía y a su vida. Este cantautor humanista nos dejó muchas de sus reflexiones, filosofía antimilitarista y libertaria, defensor de los derechos humanos y de los más necesitados. Si Franco y el franquismo fueron los que sufrieron sus letras  en los años 60 y 70, ahora los dardos envenenados son para los nuevos regidores mundiales.

   Jocs lo presentó en el Teatro Liceo de Barcelona. Quienes lo frecuentan fueron denominados como aristocretinos. “Si la humanidad desapareciera, las estrellas no llorarían por nosotros”, dijo Llach al presentar la canción Astros. Nos deleitó con la primera canción de amor que escribió, Como un árbol desnudo, dedicada a un ministro franquista del Interior “que estaba sexualmente obsesionado conmigo”. Un poema de Kavafis sobre un amor homosexual se narraba en La taberna del mar. El regreso al pasado contestatario y reivindicativo nos llegó con una de las canciones más emblemáticas: La gallineta, “una gallina muy luchadora hasta que llegó el PSOE y se escondió debajo del piano por vergüenza. Después llegó el PP y le dije que saliera, pero no me hizo caso y allí sigue escondida”.

TRIUNVIRATO DIABÓLICO

   Así calificó Lluis Llach al trío de presidentes formado por Bush, Berlusconi y Aznar. Criticó las guerras limpias que nos venden Bush y los gobiernos occidentales que le apoyan para justificar sus desmanes (Coraje, niños y niñas, coraje), y a los neofachas globales. Cantó al sida y a la hipocresía sobre éste en la canción Faviá, dedicada a un amigo suyo que murió de esta enfermedad. Uno de los momentos mágicos de la noche fue cuando interpretó Nos veremos en Folegrandas, una plaza de una isla griega, que según el artista catalán, “es la más bonita del mundo”. Los ritmos griegos inundaron el Moderno.

AMOR DE OTOÑO

   En un mundo de juvenilandia como el actual, las personas mayores no tienen cabida y eso ha sido recogido por Llach en otra de sus canciones. Solo ante el piano, con distintos registros de voz, ora firme, ora susurrante, fue contando lo mal que tratamos a los viejecitos. Hoy está prohibido ser viejo, amar siendo viejo y, encima, hacerlo públicamente. “Nos avergonzamos por pillarlos cogidos de las manos y en las residencias no tienen sitios de encuentros íntimos”, dijo. “Las hojas del amor de otoño caen de otra manera”, aseguró en una de sus reflexiones. Y tanto.

   Como buen catalán, estuvo muy rácano con los bises, uno nada más, y tras mucha insistencia del público. Pedíamos L’estaca y nos llevamos un estacazo porque no la cantó. Estará jartito ya de interpretarla, pero es su buque insignia. Gracias, Lluis, por este buen rato que nos hiciste pasar.

PACO LÓPEZ

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