Montanella, al lado de Nadia, con un grupo de artistas venecianos

La madrugada (dedicado a Nadia Consolani Quiñones)

    Federico Fontanella, nació en 1930 en Venecia, ciudad donde reside y donde ejerce como abogado. En esta ciudad ha desarrollado también su labor poética, aunque sus versos, reconocidos con diversos premios y distinciones tanto nacionales como internacionales, han cruzado esas fronteras inmediatas. Fontanella, que actualmente es miembro del prestigioso Ateneo Veneciano, ha publicado, entre otras obras, Ventate di malinconía, Osterie venexiane y Abandono a la piedad. Nadia Consolani, viuda de Fernando Quiñones, ha traducido al español parte de su obra.

 

La madrugada (A Nadia Consolani)

Poco prima che in ciel l´alba si levi           
freme appena un brusio nella natura          
che trascorre ogni ramo, ogni verzura       
come sparsi singulti, rotti e brevi
.             

Degli uccelletti é forse un gualche assaggio
la lor piccola gola per provare,

come in orchestra, avanti d´iniziare,

ogni strumento tenta un suo passaggio.  

Poi subentra un silenzio misterioso,
sconvolgente, sublime, affascinante,
un silenzio che dura qualche istante

e trattieni il respiro, incerto, ansioso
.

In quegli attimi par che non esista,
che non si sveli piú forma di vita,
ed un´ombra di dubbio ti contrista
l´anima sconcertata e sbigottita.  

Ma dilaga la luce all´improvviso
ed il silenzio rompe il tumultuoso
variato cinguettar vivo e festoso,
come un pronto, vivace e bel sorriso.  

La distesa del mare illimitata
ritorna al suo colore e si ravviva,
cintilla dai bagliori illuminata
l´onda, come una fiamma ardente e viva.  

L´alba si veste d´ogni suo splendore,
solcano il cielo fasci luminosi,
percorre la natura un nuovo ardore,

mentre gli uccelli cantano gioiosi
.
 

E sopra le follie, sopra i dolori
di questa sofferente humanita
si spande, della luce ai primi albori,

un canto universale di bonita
.

FEDERICO FONTANELLA

Madrugada

Poco antes que el alba en el cielo se levante
en la naturaleza tiembla suave un murmullo
que atraviesa cada rama, cada verde lugar,
como desperdigados sollozos rotos y breves.  

Quizás unos pajaritos algunas pruebas hagan
con sus pequeñas gargantas para ensayar,
como en orquesta, antes de empezar,
cada instrumento los intérpretes afinan.  

Un silencio misterioso se derrama luego,
desconcertante, sublime, encantador,
un silencio que pocos instantes dura
y el aliento retienes, inseguro, ansioso.  

En esos momentos parece no existir,
ni revelarse forma alguna de vida,
una sombra dudosa te entristece
el alma turbada y atónita.  

Sin embargo se expande la luz de repente
rompe el silencio un tumultuoso
variado piar festivo y vivaracho,
como rápida, bonita alegre sonrisa.  

La extensión ilimitada de la mar
vuelve a su color, se aviva,
chispea de resplandores iluminada
la ola, como ardiente animada llama.  

El alba se viste ya de su grandeza,
surcan el cielo haces luminosos,
atraviesa la naturaleza un nuevo ardor,
mientras los pájaros alegres cantan.  

Y por encima de las locuras, por encima de los dolores
de esta sufrida humanidad
se derrama desde la luz primera,
un universal canto de bondad.

 

 

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