Mª Carmen Guerrero con su hijo Rafael

Una cruel enfermedad se la llevó a los cuarenta y ocho años de edad

Mari Carmen Guerrero se nos fue cantando     

            El pasado 7 de octubre fallecía Mari Carmen Guerrero Ruiz, esposa de Rafael Reina. Tenía 48 años y deja un hijo, Rafael Ángel, de ocho años. Un cáncer se la llevó cuando todavía le quedaba mucho por hacer, y con planes de futuro que dicha enfermedad truncó. Su entierro fue multitudinario, ya que era muy conocida y querida en nuestra ciudad. 

Llevaba varios años luchando contra una enfermedad que se le presentó un día, sin avisar como suele ser habitual. En vez de caer derrotada se armó de valor, y dando un ejemplo de constancia y fe, Mari Carmen sacó fuerzas de no se sabe dónde y se enfrentó al cáncer. Tras pasar por los tratamientos pertinentes, recuperarse y caer de nuevo cuando parecía que había conseguido superar el mal, llegó el fatal desenlace. En todo ese tiempo, Mari Carmen siempre tuvo una sonrisa en sus labios, incluso cuando pintaban bastos y sabía que se podía ir a ese lugar del que no se vuelve. 

Su fortaleza moral ha sido un ejemplo para otras personas en su misma o parecida situación. Cuando parecía que el cáncer iba a poder con ella resurgía de nuevo y comenzaba una nueva tregua. Así ocurrió en diversas ocasiones. Cuando hablé con ella nunca la vi deprimida, quizás porque no debía dar síntomas de debilidad ante su hijo y, también por qué no, ante su marido, Rafael Reina, su fiel compañero durante muchos años. Su sonrisa perenne transmitía alegría, como cuando cantaba una copla flamenca o una saeta en Semana Santa. Ella animaba a los que iban a animarla a ella. Así era. 

MULTITUDINARIA DESPEDIDA 

            Cientos de personas, de todo tipo y condición, quisieron darle la última despedida. Palabras sentidas durante la misa de varias personas, muy cariñosas hacia la que se acababa de ir, pero todas muy ciertas. Fue una ceremonia muy emotiva, especialmente cuando habló Rafael, su marido y testigo de la lucha mantenida en los últimos años de su vida. Me saltaron unas lágrimas como a la mayoría de los que estábamos escuchándole. Fluyeron solas, como deseando escapar de mis ojos porque, aunque esposa de un buen amigo, también era mi amiga. Y sentí su marcha. Mucho. 

            Dijo Rafael que poco antes de fallecer estuvo cantando por fandangos. Sólo Mari Carmen podía hacer algo así. No quiso que sus familiares más directos sintieran pena por ella, porque en realidad, como su esposo le dijo a su pequeño Rafael, no moría, sólo iba a dar una vuelta por el universo, convirtiéndose en la estrella más brillante del firmamento, con la que Rafael Ángel puede hablar cada vez que la necesita. La llevaron en volandas los costaleros de la Peña La Ilusión, rindiéndole un sentido homenaje. No se merecía menos. Descansa en paz. 

PACO LÓPEZ

 

volver