
NUESTRA HISTORIA
La otra Chiclanera
por
Tomás Gutier
Todos conocemos la famosa canción,
compuesta por Vega, Oropesa y Carmona, cantada por
Angelillo en los años treinta y popularizada muchas
décadas después por el granadino Carlos Cano; pero
pocos saben que, muchos años antes, otra chiclanera
se cantaba por los teatros de media España.
Durante gran parte del siglo XIX la
zarzuela fue el género popular por excelencia. Sus
canciones se repetían en calles y plazas y los temas
tratados en el escenario eran rápidamente difundidos
por un público expectante que llenaba los recintos
donde se representaban unas obras con argumentos
cercanos que tocaban su sensibilidad. Al gozar de
gran aceptación entre las clases populares y para
diferenciarla de la ópera -el género musical de la
clase alta- a la zarzuela se la conocía como el
género chico, aunque, a su vez, existió otro género
aún más chico y mucho más desconocido: la llamada
zarzuela andaluza.
Diferentes autores destacaron en esta
faceta. Entre ellos podemos resaltar a Isidoro
Hernández (1847-1888), músico, compositor,
arreglista y autor de reducciones para piano
efectuadas a una gran cantidad de obras musicales
con el objetivo de hacerlas aún más accesibles al
público que no podía pagar los costos de los
grandiosos montajes teatrales.
Tocaba todos los temas, con una
producción inabarcable. Podemos encontrar muchas
zarzuelas con letra de Luis Mariano de Larra,
música del maestro Francisco Barbieri y
reducción de Isidoro Hernández. Uno de sus trabajos
más originales lo titula Flores de España y
entre ellas incluye: El paño moruno, El
vejuquito: canción americana,
Gallegada, Alborada asturiana, Jota
aragonesa, Zortzico, El olé: baile,
Seguidillas murcianas, Jaleo jerezano,
Corraleras sevillanas, Seguirillas
manchegas y Soleá gitana, como podemos
comprobar, típicos-tópicos en estado puro. En 1874
arregló y añadió letra a una obra titulada El
chiste de Andalucía, y poco después hacía lo
propio con Guernicao Arbola: aire popular vasco.
El maestro Hernández subía y bajaba
musicalmente por la piel de toro con una facilidad
asombrosa. Y algo debería conocer de nuestra tierra
cuando se atreve a componer un juguete cómico lírico
-según lo define la UNED en su centro de
investigación- titulándolo La Chiclanera. La
música no podemos incluirla, pero ahí, en un
recuadro, va la letra en su versión original,
escrita -sorprendámonos- en un seudoandaluz que
intenta reflejar la forma de hablar que existía por
aquel entonces en Andalucía.
En la villa de Chiclana
este cuerpo se crió,
que es la tierra de más gracia
que en España alumbra er só.
Son sus hijas
sandungueras
rebosando caliá,
y sus hijos son toreros
desde nuestro padre Adán.
Viva el garbo de mi
tierra
y las mosas de poé;
vivan Cádiz y Chiclana,
y los Puertos y Jeré!
Paquiro, Redondo,
nasieron aquí,
que aquí está la nata
de tó lo varí:
bendito sea el suelo
que cuna me dió,
ya que tanto bueno
en él puso Dió.
¡Qué viva tu grasia!
¡qué viva tu aqué!
¡Ay olé!
¡Ay olé!
|
¿En la villa de Chiclana
este cuerpo se crió? ¿Bendito sea el suelo que cuna
me dio? ¿Era chiclanero Isidoro Hernández? Mejor lo
cuento otro día.
*Tomás Gutiérrez Forero es escritor y vicepresidente
del Centro de Estudios Históricos de Andalucía.